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20. El Islam, La Religión De Mahoma

 

 

La palabra Islam significa "sumisión" (a la voluntad de Dios). Sus fundadores y defensores la consideran una exposición de la ley de Dios. El Islam, como todas las demás religiones, vino a llenar un vacío, a cubrir una necesidad. Cerró un hueco en la historia. Arabia había sido durante más de quince siglos una reserva de tribus semitas, "hijos del Desierto", nacidos y criados en él. Eran nómadas, inclinados a la guerra, vigorosos e inquietos. En lo concerniente a la religión eran adoradores de ídolos. La Meca era ya entonces un famoso centro de peregrinación y la sagrada Kaaba ya era objeto de adoración.


Mientras la Meca prosperaba con las ganancias que dejaban los peregrinos, la gente derivaba algunas nociones religiosas del Judaísmo y del Cristianismo, los cuales tenían sus devotos en la Meca y en Medina. Era un conjunto festivo y sus alegres canciones se mezclaban con el tintineo de las campanas de los camellos. Entre esta miscelánea de religiones, esta mezcolanza de creencias y pasatiempos sensuales, nació Mahoma en el año cristiano 570. Era un pobre pastor, imaginativo, emprendedor y hondamente religioso. Se casó con una viuda rica llamada Kadejah. Ese matrimonio le dió prestigio y, cuando se convirtió su esposa en su primera discípula, emprendió su verdadero trabajo y rápidamente ganó ímpetu.


Tímidamente al principio y después más abiertamente, Mahoma comenzó a predicar en contra de la adoración a los ídolos que entonces prevalecía. "Hay un sólo Dios, Alá, el Misericordioso". Ésta fue su primera declaración y, en verdad, ese pronunciamiento hacía mucha falta en Arabia. Esto, por supuesto, era antagónico con los que obtenían sus ganancias de los peregrinos que adoraban a los ídolos. Fue un duro golpe para los de la Meca, que prosperaban y vivían a expensas de los adoradores de ídolos. Esta deslealtad hacia la ciudad no podía tolerarse. Mahoma fue finalmente arrojado de su casa en la Meca. El y su mejor amigo y discípulo, Abu Bekr, apenas si pudieron escapar con vida, pero fueron bien recibidos en Medina, a donde ya había huido un buen número de sus seguidores. A esto se le llamó la Héjira o Hijrat y aconteció en el año 622 D.C.


Habiendo ganado un número considerable de adeptos en Medina, el ahora influyente profeta retornó a la Meca, a la cabeza de un ejército. No le fue difícil convencer a sus antiguos enemigos de que se habían equivocado. Por supuesto, Mahoma era el verdadero profeta y ellos no lo habían comprendido. Eso era todo. Y lo más importante: Alá era superior a sus ídolos. Ahora debían dejarlos y seguir al único Dios y a su profeta.


Siguieron once años de vigoroso proselitismo. El asunto era urgente. Tenían que usarse fuertes argumentos. No había tiempo para intrincadas metafísicas, que los árabes, analfabetos como eran, nunca hubieran entendido. Mahoma sabía que estaba dándoles algo infinitamente mejor de lo que tenían. Vino a Arabia como un médico con un purgante purificador. Toda Arabia se sometió al mando del nuevo profeta. El desierto se levantó como un sólo hombre y se declaró un nuevo orden de cosas.


Y luego, un día, en un momento inoportuno, murió Mahoma. Su labor no había terminado. Apenas se había comenzado. Su devoto amigo y discípulo, Abu Bekr, se convirtió en su Califa y continuó en su nombre: Abu Bekr, el Fiel. De ahí en adelante El nuevo Califa fue el alma del movimiento, fue el impulso y la fuerza de la campaña y, bajo él, se llevaron adelante conquistas religioso-políticas de un éxito asombroso. Cuando murió Othman, el tercer Califa, veinticuatro años después de la muerte de Mahoma, el imperio del profeta se extendía, hacia oriente, sobre toda Persia, el valle de los dos ríos, hasta casi el Indo, y, en dirección opuesta, hasta la frontera occidental de Egipto. Abarcaba Siria, arrebatando vastos territorios a las debilitadas manos de Roma, extendiéndose al norte hacia Oxus.


De esta manera, prácticamente ansiosas por morir por la santa causa, las tribus más viriles del desierto, inflamadas de un celo hasta entonces desconocido, pelearon por Alá y su profeta. El Islam se extendió como el fuego en la pradera sobre todos los países adyacentes. Los gobiernos débiles, desorganizados y apáticos, cayeron fácilmente ante el empuje de las broncas hordas de la nueva fe. La civilización moribunda de toda Asia Menor y de parte de la Costa del Mediterráneo cayó bajo el Islam y encontró en él un poder vigorizante y unificador. En verdad, la antorcha del Islam prendió fuego a toda la maleza religiosa de extensas regiones y, en parte, hizo una restauración saludable a una civilización debilitada. Además de eso, puso a pensar a la gente.


Hay algo bueno que produce la guerra: despierta la mentalidad adormecida, activa la circulación de los reumáticos miembros de una moralidad que envejece. En ese tiempo, la mayor parte de Europa se hallaba en un estado de letargo mental. Comenzaba la época oscura de la historia europea. La religión floreció como organización formal, pero ese período marcó la marea baja de la actividad intelectual y de la espiritualidad. La entorpecida Europa necesitaba con urgencia algún estimulante y vino hacia ellos el Islam como un vino purificador.


Tardó mucho tiempo en acelerar la débil circulación de un período decadente, pero, finalmente, los conocimientos alimentados por el Islam en sus principales centros, como Alejandría, Córdoba y Bagdad, estimuló el gran Renacimiento, que pronto sacudiría a toda Europa. El Judaísmo había perdido mucha de su anterior vitalidad. La oscura Era de la Cristiandad había extendido sus negras alas sobre los restos de los imperios Romano y Bizantino. Europa misma estaba estancada. El Islam prevaleció no solamente por el empuje de fuerzas armadas, sino porque merecía prevalecer. Fue simplemente un caso más de supervivencia del más apto.


El Islam ofrecía ideas más atrayentes y un orden social mejor que cualquier otra cosa que pudiera encontrarse en aquel tiempo. Recordemos que el Islam nació entre bárbaros y en una era de barbarie. El credo inflexible y cruel del Islam fue más o menos un producto de los tiempos. ¿Qué otra cosa podía esperarse? Si es urgente la necesidad, el remedio debe ser heroico. Es bueno recordar también que el Ser Supremo cuida de los asuntos del mundo y que cuanto haga puede aceptarse como lo mejor que podía hacerse bajo esas circunstancias. ¿Podéis imaginar el efecto que hubiera hecho Mahoma en esos árabes salvajes del desierto, si les hubiera predicado el sublime idealismo del Gita o el compasivo Sermón de la Montaña? No hubieran tenido la menor idea de lo que les estaba diciendo. Mahoma les dió las enseñanzas que podían entender y nadie puede dudar que dieron buen resultado.


Cuando las invasiones musulmanas llegaron a su término, cuando la organización del Islam mismo se debilitó, debido a su excesivo éxito en el extranjero y a las luchas internas en su propia casa. Cuando una absorción sin paralelo de riqueza conquistada dió a los conquistadores una indigestión moral e intelectual y una autointoxicación, el Islam empezó a declinar inevitablemente, porque ésta es la historia de todos los movimientos de esa clase, desde el principio de los tiempos.


El imperio del Profeta se extendía ahora desde la India al este, el Turquestán y el Cáucaso en el norte, sobre todo el norte de África y dentro de España, en occidente. Cuando, en 1453, Constantinopla cayó ante el ataque final de las tropas del Islam, la vieja iglesia de Santa Sofía fue convertida en mezquita y hasta el último griego cristiano lloró amargas lágrimas, mientras huía de la ciudad de Constantino. Si no hubiera sido por la fuerte mano de Charles Martel, en la batalla de Poitiers, las hordas victoriosas del Profeta hubieran pasado indudablemente los Pirineos y arrasado toda Europa. Si eso hubiera ocurrido, ¡quién sabe si nuestros padres se hubieran inclinado ante el Árabe y nosotros estaríamos hoy en día rezando nuestras cinco oraciones diarias de cara hacia la Meca! Se podrían haber predicado en todas las iglesias de Europa y América las enseñanzas del camellero del desierto, en lugar de las del carpintero de Nazareth. Después de todo, la religión no es sólo cuestión de herencia y de costumbre, sino también de geografía.


Ahora bien, ¿qué es el Islam, esa religión viril que aun hoy en día domina las mentes de tantos seres de la raza humana? Estudiémoslo con un poco de cuidado. Su teología no es complicada. No sabemos de ninguna otra religión del mundo que sea tan simple, directa y sin ambigüedades. Sus principios son pocos y claramente definidos:


1. El primero de todos es una firme convicción en la creencia en un sólo Dios, en la unidad del Ser Supremo. "Hay un sólo Dios y su nombre es Alá".


2. Mahoma es su profeta. Otros profetas han venido y se han ido, pero Mahoma fue el último y el más grande de todos ellos. Por lo tanto, es deber de todos los fieles, aun más, de todo el mundo, ofrecerle su lealtad indivisible, su más profunda devoción y veneración.


3. A los fieles se les ofrece una doble recompensa: riqueza y honores en esta vida y un paraíso de delicias en la siguiente. Eso, bajo la aprobación del Todo Misericordioso Alá.


4. El Corán es el libro sagrado del Islam. Está compuesto de una colección de revelaciones o mensajes recibidos directamente del mismo Alá, para edificación y control de los fieles. El Corán está escrito en hermoso lenguaje árabe. Mucho de su contenido es benéfico, estimulante, inspirador. En concreto, es un código de ética y leyes, apropiadas en su mayoría para las personas de la época. Como cualquier médico sabio, Mahoma les dió lo que más convenía a sus necesidades en aquel momento.


Demos al profeta el crédito que se le debe por el gran servicio dado a su gente, al sacarlos del laberinto de la superstición. Ningún estudiante de historia puede poner en duda este hecho.


Si hoy en día alguien que ande en busca de la luz acude a un Musulmán y le pide que le dé a conocer cómo puede entrar en el Reino de los Cielos, descubrirá de inmediato que el Islam, al igual que cualquier otra religión, no puede contestar esa pregunta. En este aspecto, todas las religiones se encuentran en la misma categoría y el Islam no es la excepción. Como máximo, ofrece una guía para vivir correctamente entre los hombres; eso y ciertas promesas de recompensa en la vida futura. Manda tener devoción a un sólo Dios, en lugar de adorar a muchos. Es un hecho de mucha importancia que hayan habido verdaderos Santos entre los Mahometanos; los Santos no están circunscritos a ningún país en particular, a ningún pueblo ni a ninguna religión. Los Santos nunca obtuvieron sus conocimientos más elevados del Corán, de la Biblia ni de ningún otro libro. Ni tampoco de los sacerdotes. Los Maestros obtienen su instrucción y su iniciación de otros Maestros. Luego lo constatan por sí mismos. Es una ley fija.


El Surat Shabd Yoga ha sido conocido por algunos de los grandes Santos Musulmanes. Entre ellos podemos nombrar a Hafiz, Shams-i-Tabriz, Maulama Rum y Kabir Sahib. Pero los Mahometanos ortodoxos no dan crédito a estos hombres, porque no eran del todo ortodoxos en sus enseñanzas. El punto principal es que esta verdad central no se deriva de ninguna de las religiones fijas y organizadas, sino que se transmite de persona a persona por los Santos que la han experimentado por sí mismos. Es prácticamente imposible que este conocimiento, tan importante en todos sentidos, pueda ser incorporado en un libro y administrado por el clero. No puede enseñarse de esa manera. De ahí la vital necesidad de una línea ininterrumpida de Maestros vivos.


Hay un principio muy importante, al que deberíamos asirnos fuertemente y que debería ser la brújula del marinero cuando empieza a explorar el ancho mar del mundo de las religiones, y es éste:


Cualquier religión que, actualmente, tome como base de su autoridad un hombre o un libro y deje de indicar el camino por el que cualquier otro hombre pueda alcanzar la misma verdad y la misma eminencia espiritual, falla al no llenar la más urgente necesidad espiritual de la humanidad.


A la luz de este principio, se encontrará que a todas las religiones del mundo les falta algo. Solamente la ciencia de los Maestros puede llenar las inflexibles demandas de dicho precedente. Los Maestros no te dicen cómo vivir entre los demás hombres, para informarte después que, si vives así, irás al cielo después de la muerte. Por el contrario, afirman que, si vives correctamente entre los hombres y luego te dedicas a la práctica del Surat Shabd Yoga, entrarás en el Reino de los Cielos mientras estás viviendo todavía en el cuerpo, y eso constituye un mundo de diferencia entre la ciencia espiritual de los Maestros y las demás religiones.


Los seguidores del Islam han tenido que enfrentarse a la misma dificultad que los seguidores de la Biblia, pero sus devotos no se dan cuenta de ello y, probablemente, se resentirán si se les sugiere. Siempre ha ocurrido lo mismo con todas las religiones formales que tienen ya trazado en un libro todo lo que debe uno creer. Nadie puede ir más allá del libro. El pensamiento se cristaliza y cesa el progreso. ¿Cómo puede ser de otro modo? Tan pronto como un hombre se une a una religión formal, deja de buscar algo nuevo o mejor: se ata. Así ha sucedido desde los primeros días de los Vedas; siempre ha existido la tendencia a cristalizar el pensamiento religioso y, finalmente, escribirlo en un libro, como la última palabra que puede expresarse. Eso significa estancamiento, osificación.


Esta tendencia contiene otra amenaza de muerte. El siguiente paso lógico es tratar de forzar a todos los hombres a aceptar lo que está escrito. Luego sigue la persecución y el asesinato en nombre de Dios. ¿Puede la historia mostrar una tragedia más espantosa? Generalmente, cuando la gente acepta un libro como la Palabra de Dios dicha con autoridad, afirman seguidamente que toda revelación está clausurada, que ya se ha dicho la última palabra. Créelo ahora o te condenas. Ésta ha sido la tragedia suprema de la historia. Los Vedas, los Shastras, los Puranas, el Gita, el Mahabharata y el Ramayana, el Zend Avesta, la Biblia, el Corán y otras escrituras religiosas. Todos éstos son libros para adorarse y ser acatados. Se declara, ex-cátedra, que son la palabra inspirada de Dios, luego es deber de todo hombre aceptarla y creerla. Y todos ellos encadenan la inteligencia, no importa lo bueno que sea su contenido en sí mismo. Se vuelven cadenas porque sus seguidores insisten en que toda revelación está cerrada. Toda instrucción espiritual ha terminado. En vez de escuchar a un Maestro vivo en cada época, sus distintos libros se consideran ser la palabra infalible. La cristalización del pensamiento siempre antecede al estancamiento moral. Sin un Maestro vivo la espiritualidad se apaga como una lámpara a la que le falta aceite. Tan pronto como una religión se torna fija, estática, cristalizada, se establece sobre esas bases un sacerdocio corrompido e inmediatamente comienza todo a declinar hacia un insípido formalismo. Esto es historia, no teoría.


Sólo cuando viene con una ciencia vitalizadora y dinámica puede el Maestro vivo "hablar con autoridad". Después de todo, ¿qué es, como mucho, un libro sagrado? Es una exposición de las experiencias interiores de un Maestro vivo. ¿Por qué entonces no escuchar ahora al Maestro vivo? Por qué no verle y oírle uno mismo, en lugar de leer a algunos Maestros que vivieron hace cientos o miles de años? En cada época, estando preparado de corazón para presentarse ante un Maestro, no habrá gran dificultad en encontrar uno. Debe encontrársele, porque Él saldrá a nuestro encuentro. Permíteme asegurarte que, si nunca te encuentras a un Maestro, será por tu propia culpa. Será que tú mismo le has cerrado la puerta y le has arrojado fuera.


Todo Maestro verdadero dice, en concreto, lo mismo que dijo Jesús: "Vosotros también podéis hacer lo que yo hago".

 

No hay monopolio en el Sendero del reino de los cielos. Las puertas se abren a todo aquél que llama correctamente. Están cerradas solamente para los indignos. Si tu religión es la verdadera, si es la palabra de un Maestro vivo, te enseñará cómo entrar en el reino de los cielos aquí y ahora. ¡Me cansé de oír tantas veces que me dijeran lo que iba a recibir en el cielo si creía esto o aquello y lo que recibiría en el infierno si no lo creía! Cuando el Gran Maestro me dijo tan generosamente que yo tenía en mí el poder de entrar en ese Reino de luz, aquí y ahora mismo, mi corazón latió apresuradamente de alegría. Eso es lo que todos queremos.


El Maestro auténtico siempre enseña que el Reino de los Cielos esta dentro de tí y también que quienquiera que busque encuentra. Y aún más: siempre muestra a sus discípulos el camino exacto para entrar en ese Reino. Todavía más: les ayuda a encontrarlo. Por esta importantísima razón es siempre esencial un Maestro vivo. No importa la grandeza de tu Maestro del pasado: ya no puede actuar con ese poder. El discípulo que está en un cuerpo humano debe tener un Maestro manifiesto también en un cuerpo humano. Es una ley inmutable. A la hora de su partida, un Maestro hace entrega de su tarea a otro Maestro que se halle todavía en el cuerpo humano y éste continúa hasta que llega el momento de marcharse.

 

 

 

 

 

21. La Religión Sikh De La India

 

 

La religión de los Sikhs de la India es distinta. Nunca ha tenido reputación mundial. Aunque ahora cuenta con varios millones de adeptos, todavía está limitada prácticamente al Punjab, en la India. Hay algunos Sikhs esparcidos por el mundo. Sin embargo, esta religión es la más universal de todas las religiones en sus principios fundamentales y está más cerca de Sant Mat que el resto de las enseñanzas.


Fue fundada por Guru Nanak, que nació en el 1469 D.C. y murió en el 1539. Fue contemporáneo de Kabir Sahib. Después de Guru Nanak vinieron nueve sucesores. Cuando murió el último de los diez, Guru Govind Singh, corrió el rumor de que no vendrían más Gurus vivos y que, de ahí en adelante, el Adi Granth, el libro sagrado de los Sikhs, sería el Guru para todos ellos. De ese modo se ataron a sí mismos, igual que hicieron los Cristianos: el cuerpo ortodoxo de los Sikhs aceptó el dogma religioso de un libro inspirado y una revelación concluida. Desde entonces hasta ahora, ese dogma ha sido su principal inconveniente. Sin un Guru vivo sobreviene el deterioro, como la noche sigue al día, pues ésa es la historia de las religiones desde el principio del mundo. Aparentemente, los hombres creerán casi cualquier cosa, si la propone alguna autoridad religiosa que ya hayan aceptado. Cuando los Sikhs aceptaron el Granth Sahib supusieron que el libro contenía toda la verdad que se precisara y también que cumpliría la tarea de un Guru vivo. Esta suposición de los Sikhs no es más extravagante que la posición en que se encuentran los Cristianos y los Musulmanes, que se adhieren tan tenazmente a sus libros sagrados.


Como se insinuó anteriormente, el contenido de la religión Sikh es tan similar al de Sant Mat que casi no hay razones para intentar un análisis por separado. Guru Nanak, y sus sucesores espirituales eran santos, Satgurus en el sentido verdadero de la palabra, consecuentemente sus enseñanzas coinciden con las de los demás Santos. Nunca podrá haber ninguna diferencia entre las enseñanzas en cualquier época del mundo. Dentro de mil años, la química enseñará, con seguridad, que el hidrógeno y el oxígeno se combinan para formar agua en la relación de dos a uno. Lo mismo ocurre con las enseñanzas de los Santos, pues es tan ciencia como la química. El único problema que hay que resolver ahora es si el hombre que la enseña es un Santo verdadero o no, y eso es fácil.


Todos los Santos subrayan ciertas enseñanzas y prácticas cardinales. Si un hombre las enseña y practica, es una evidencia para suponer que es un Maestro. Puede aceptarse provisionalmente como Santo, sujetándole a posteriores evidencias corroborativas. Si no enseña y practica estas bases fundamentales, no puede reconocérsele como un verdadero santo, no importa cuáles sean sus otras cualidades. Puede ser un buen yogui o un rishi, pero no ha llegado a las alturas que alcanzan todos los Santos. Algunos de los preceptos principales son:

 

1. Ante todo, la necesidad de un Guru vivo, un Santo genuino que haya sido designado por el Supremo Sat Purush para actuar como Guru. Cuando decimos vivo, nos referimos a que esté todavía en su cuerpo físico. Es una ley física de la naturaleza que solamente un alma que esté en un cuerpo humano puede actuar como Guru para los que están todavía en cuerpos físicos. Después de su muerte o de su partida, el Guru cuidará todavía de los que ha iniciado, pero no puede aceptar nuevos discípulos. No es porque el Guru sea limitado, sino porque el discípulo mismo es tan limitado que no puede recibir instrucciones, ni tampoco la iniciación, de un Guru desaparecido. Únicamente el hombre puede enseñar al hombre y, más específicamente, sólo el
"hombre" puede iniciar al hombre. Si un Guru que ya se ha ido pudiera cuidar de los nuevos discípulos, no habría necesidad entonces de ningún Guru en este plano terrestre. El Padre Supremo podría hacer todo el trabajo sin ayuda de nadie. Pero es absolutamente necesario un Guru que viva en un cuerpo físico, porque no se puede enseñar al hombre por ningún otro medio
conocido.


Si nos detenemos a pensar sólo por un instante, nos daremos cuenta de que, si Dios mismo no puede llegar hasta el hombre, instruirle y conducirle por un sendero de elevación, con toda seguridad no podrá hacerlo ningún Guru que ya se haya ido. Queda en pie el hecho de que se necesita un guru en cuerpo humano, a causa de nuestras limitaciones, y esa dificultad no se puede resolver de ninguna manera, excepto con la venida del Supremo en forma humana o que mandara a algún otro. Como se sugiere en muchos otros lugares de este libro, el error fatal de todas las religiones del mundo es la dependencia de un Maestro que ya se haya ido y de las instrucciones que quedaron en los libros sagrados.


2. La segunda base fundamental de este sistema de los Maestros, el puro Sant Mat, es el hecho vital de la Corriente Audible de la Vida: los Maestros de todos los tiempos han insistido sobre esta Corriente, por ser el punto central de su sistema. Esta Corriente es, de hecho, nada menos que el Supremo proyectándose a sí mismo en todos los planos de la vida, en una corriente constante de vibraciones musicales, a través de las cuales fluye el más incomprensible poder creativo y vivificador. Estas vibraciones pueden ser oídas, claramente oídas, por todos los estudiantes del Maestro después de su iniciación y con un poco de práctica. Esta corriente es el poder que lo crea todo en el universo entero. Es la vida de todo cuanto vive y el medio más importante por el que el estudiante regresa a su hogar original, en los más altos planos de la existencia. También es el único medio que da resultado para controlar la mente y por el cual el estudiante supera sus pasiones y se libera a sí mismo de todo lo que le arrastra hacia abajo. Esta Corriente es también el factor central en la liberación y salvación de las interminables ruedas de nacimientos y muertes. Este gran hecho de la naturaleza se discute más detenidamente en otra parte de este libro. {Capítulo Once, sección 3).


3. La tercera verdad general que subrayan los Santos es la liberación completa y el triunfo espiritual mientras todavía se está viviendo en el cuerpo físico. No hay que esperar hasta después de la muerte para liberarse; esto se logra por y a través del método de yoga, como lo enseñan los maestros. Es un precepto central de Sant Mat que no puede lograrse nada después de la muerte en el camino de la liberación espiritual, a menos que se haya empezado durante esta vida. Cuando el individuo no ha sido iniciado durante su vida física, tiene que regresar en cada caso a la vida terrestre para tener una oportunidad de encontrar y seguir a un Guru vivo. ¿Por qué? Porque parece ser designio del Creador y ningún hombre puede cambiarlo.


4. Si un hombre no puede dar la Iniciación y conducir a su discípulo por los planos interiores, no es un Maestro y no debe aceptársele como tal. Es preciso recordar que la Iniciación es de importancia primordial. Nadie puede ir muy lejos en el Sendero hasta que consiga la Iniciación y nadie puede darla, sino un verdadero Santo o Sat Guru. Por lo tanto, es una desgracia muy grave que un hombre se encuentre vagando tras otro hombre o una religión sin un Maestro.


Ahora bien, todos estos puntos son enseñados por todos los Santos, por todos los Maestros verdaderos. Nunca ha habido excepción. Si alguien proclama ser Maestro y no los imparte, será mejor buscar en otro lado. La prueba es infalible. Todo ello se enseña repetidamente con gran claridad y fuerza en el Adi Granth y sin embargo los principios cardinales dados por los Gurus en el Adi Granth han sido abandonados, y así, la misma esencia de las enseñanzas se ha olvidado.

 

 

 

 

 

22. La Teosofía

 

 

La Teosofía, (Theos, "Dios", y Sophos, "Sabiduría"), es un sistema de enseñanzas filosófico-religiosas, junto con un cierto grado de experiencia personal, que intenta ser un resumen de una parte de la Sabiduría Oriental. Pero está basada, casi en su totalidad, en los Vedas y otras escrituras de la antigua India. No trata para nada de la ciencia de los Maestros. No hay duda de que sus dirigentes y fundadores tuvieron algún conocimiento del Shabd, como puede verse en "La Voz del Silencio" y otros escritos de la Teosofía, pero el hecho más importante del Sant Mat ha sido completamente retirado del conjunto de escritos Teosóficos.


El sistema fue fundado por Madame Blavatsky y sus coadjutores, el Coronel Olcott y otros, durante la última parte del pasado siglo. La Teosofía pretende abarcar toda filosofía y religión, incorporando toda la sabiduría en lo concerniente a Dios y a los asuntos espirituales. Sin embargo, en ese sentido, se puede comparar con el movimiento más reciente, llamado Antrosofía, que pretende ser una exposición completa de la suma de la sabiduría en relación con el hombre. Rudolf Steiner, fundador de este último movimiento, descubrió que tal vez no se podría incluir toda la sabiduría en la Teosofía y decidió que, si no lo podíamos conocer todo acerca de Dios, por lo menos podríamos descubrir algo acerca del hombre. Puede ser una empresa menos ambiciosa pero, ciertamente, más práctica.


El mundo debe reconocerle a Steiner lo mucho que ha hecho. Fue un día triste para la Teosofía aquél en que Steiner se salió de ella; pero tal vez fue mejor para la filosofía misma. Steiner fue educado como un estudiante cuidadoso de las ciencias naturales, no un soñador poco práctico, como muchos han imaginado. Empero, buscaba la realidad a través del conocimiento de lo espiritual en la naturaleza. Estaba ansioso de que se supiera y se reconociera la vital conexión entre nuestra vida física común y lo oculto. Por este medio esperaba enriquecer tanto el lado físico como el espiritual de la vida humana.


Platón buscó la verdad en sus ideas e ideales espirituales, mientras que Aristóteles ponía más énfasis en la verdad como se revelaba en este mundo. Fue una noble ambición la de Steiner, al combinar las dos y así enriquecerlas a ambas. Y creemos que éste fue un paso decisivo hacia la solución final. Parece una lástima que el gran Movimiento Teosofista, inaugurado con tan buenos auspicios, no pudiera haber tenido la ventaja de la espléndida personalidad de Steiner y sus raros dones para poder haber logrado un destino más noble. De esta manera, esa organización perdió a su miembro más brillante.


No creemos que ni siquiera los mismos Teósofos pretendieran haber descubierto una ciencia perfecta de Dios, ni tampoco que Steiner pretendiera haber desarrollado un conocimiento perfecto del hombre, pero no hay duda de que ambos contribuyeron en algo a que los europeos entendieran muchas verdades ocultas. Si los Teósofos hubieran desarrollado una ciencia perfecta de Dios, hubiéramos podido adoptar la postura de Ornar cuando ordenó que se quemara la biblioteca de Alejandría. Si estaban en desacuerdo con el Corán, eran lecturas perniciosas. Si estaban de acuerdo con el Corán, eran superfluos. Por lo tanto, ¿para qué ocupar espacio inútilmente? Que los quemen.

 

Sus principales preceptos son:


1. El principio fundamental de que el universo manifiesto es la única manera o modo por el que puede conocerse al Supremo. Que el Supremo lo abarca todo: es Infinito, Eterno e Inmutable.


2. Que el Principio Divino Universal se manifiesta a Sí mismo como hombre en este plano; seguidamente, el hombre individual alcanza su evolución por medio de sucesivas reencarnaciones bajo la ley del karma.


El sistema está tomado en su mayoría de la literatura de Oriente y puede decirse que abarca lo mejor que hay en los Vedas, los Shastras y los Puranas. De hecho, la Teosofía es un intento de formular las enseñanzas de los Vedas en lenguaje moderno, adaptado a los requerimientos de las civilizaciones occidentales.


3. La unidad de toda consciencia de la vida discurre a través de los discursos teosóficos. La Teosofía no acepta la metempsicosis. Esto parece ser una concesión a la sensibilidad europea sobre ese asunto. Pero la metempsicosis no puede separarse razonablemente del karma y de la reencarnación. Es la tercera pata de un trípode.


La Teosofía habla con aparente autoridad sobre "la Gran Hermandad Blanca" que instaló su cuartel general en lo profundo de los Himalayas. Se dice que es la corporación que gobierna, no solamente a los Teósofos, sino también a los Rosacruces. Igualmente, se dice que sus funciones se extienden al gobierno espiritual de todos, mientras mantienen un ojo vigilante sobre los aspectos físicos de la evolución del mundo. Todos sus hierofantes, arhats, bodhisattvas, mahatmas, señores, etc, se ocupan principalmente de mejorar el mundo. Se dice que controlan la corriente de influencia evolucionaría entre todas las razas y todas las naciones. No nos corresponde a nosotros determinar hasta qué punto está justificada por los hechos esta pretensión. La política de todos los grandes Maestros ha sido desde el principio, como lo es hasta ahora, no juzgar a los demás. No puede dudarse que esta Hermandad y las restantes de características similares hayan de cumplir una misión benéfica para la humanidad. Tampoco puede cuestionarse que su misión es idéntica a la de Krishna, tal y como está establecida en el Gita. Este hecho los sitúa definitivamente.


El cuartel general de los Teósofos se encuentra en Madrás. Annie Besant fue muchos años el genio dirigente de esta sociedad. El obispo Leadbeater y otros han escrito voluminosas descripciones de sus doctrinas y métodos de actuación. Hubo un tiempo en la historia de los estudios de este escritor en que consideraba las enseñanzas de la Teosofía como el mejor resumen de la Sabiduría Oriental. Pero fue antes de que supiera nada de los verdaderos Maestros y de su ciencia. Sin embargo, no cabe duda que la teosofía es un paso decisivo hacia adelante en el conocimiento espiritual y que es generalmente asequible a los estudiantes occidentales. Es una lástima que se detenga tan pronto en su labor de señalar el Camino y es todavía más lastimoso que no tenga Maestros fácilmente accesibles. Es muy poco consuelo para un alma hambrienta que llora en la desolación que se le diga que un día distante, si trabaja bastante duro y vive un tiempo suficientemente largo, podrían concederle una visión momentánea de alguno de los grandes. Si un hombre siente la necesidad de un Maestro vivo ahora, clamará en vano a la noble jerarquía en sus retiros de los nevados Himalayas.


Aquí puede manifestarse una palabra más con respecto al propósito proclamado por la Gran Hermandad Blanca. Pretenden que su labor más importante es guiar al mundo por senderos de paz y justicia; en otras palabras, regular los destinos de la humanidad, para hacer que el mundo sea mejor. Ciertamente, es una meta encomiable y, sin duda, muchas grandes almas creen que están haciendo el más noble y desinteresado servicio ocupándose de ello. Pero, a la luz de las enseñanzas de los Maestros, se ve que es una equivocación muy grave, en lo que concierne a la mejora del mundo. No hay duda de que es bueno tenerlo en cuenta. Es un noble incentivo para trabajar, pero en realidad es sólo algo más que una preciada ilusión.


Nunca se podrá lograr una mejoría permanente en el mundo durante el presente ciclo. El mundo mejorará poco a poco, pero no como consecuencia de ningún esfuerzo humano. El cambio llegará por medio de una mayor espiritualidad, difundida a través de la raza humana, al aproximarse la nueva Edad de Oro; pero es muy poco lo que cualquiera de nosotros podemos hacer para acelerar su venida. Y sin embargo, por supuesto, debemos continuar haciendo todo lo que esté a nuestro alcance, aunque sólo sea por nuestro propio bien. La filantropía lleva en sí su propia recompensa. Genera buen karma en todo aquél que se dedica a ella. Limpia la mente y purifica el corazón. Pero no debemos olvidar un sólo instante que lo que nos concierne principalmente es buscar nuestra propia evolución espiritual. Esto es así por dos razones: Primera, porque podemos hacer muy poco por los demás hasta que nosotros mismos estemos capacitados. Segunda, porque estamos en este mundo para superarnos a nosotros mismos: ése es nuestro deber primordial, nuestra obligación más sagrada.

 

Todos estos hechos son bien conocidos de los Maestros; por lo tanto, no pierden su tiempo en esfuerzos prematuros para mejorar el mundo. Los grandes Santos trabajan con individuos, antes que con multitudes, con el propósito de sacarlos para siempre de esta rueda de los "ochenta y cuatro", en vez de tratar de mejorar la prisión en la que ahora viven. En estas regiones materiales, las tristezas, las pesadumbres, lo que los hombres llaman el mal, la enfermedad y la muerte, son inevitables. Nunca pueden eliminarse completamente de la vida del mundo. En las Épocas de Oro se reducen estos males a un mínimo, pero son inherentes a las regiones materiales. Sabiéndolo, los Grandes Santos se proponen sacar a las almas de esta región para siempre, en lugar de tratar de mejorar su condición. Ese sublime mundo de luz al cual nos llevan los Santos es infinitamente más alto y más lejano que el Triloki, o sea, los tres mundos conocidos de la Gran Hermandad Blanca. Esos supercielos los conocen sólo los Santos y sus estudiantes, que están en camino de llegar a convertirse en Santos.


La misión de la Gran Hermandad Blanca, como declaran ellos mismos, es idéntica a la de Krishna, según está escrito en el Gita, a saber: destruir la maldad y establecer la justicia: Hay, por lo tanto, una perfecta confraternidad y unanimidad de propósito entre Krishna y la Hermandad. Pero la misión de los Santos, muy superior, es sacar a las almas para siempre de las regiones del mal. Si os encontrarais un niño atascado en un pozo de lodo, ¿no sería mejor sacarlo del lodo, limpiarlo y llevarlo a casa, en lugar de emplear todas vuestras energías en limpiar el lodo del pozo, mientras se deja al niño dentro?


Esto constituye la diferencia principal entre la misión de los Santos y la de los Mahatmas de otros grados.


Una de las más grandes dificultades con la Teosofía consiste ahora en el hecho de que, si un neófito se dirige a uno de sus representantes a pedirle un método definido de yoga, por medio del cual pueda rasgar el velo y entrar en los reinos interiores, obtiene una contestación envuelta en vagas alusiones y aplazamientos indefinidos. Es demasiado difícil acercarse a sus Maestros. Pero cualquier hombre que venga desde cualquiera de los cuatro rincones del mundo a ver a un Maestro Verdadero puede, en cambio, dirigirse directamente hasta él, sentarse y hablar con él cara a cara. Esa diferencia es de vital importancia para el estudiante hambriento. Cuan ansiosamente llamó este estudiante a las puertas de los Teósofos, únicamente para que le dijeran que, si trabajaba y esperaba un tiempo suficientemente largo, sería posible que algún día se le concediera una mirada de uno de los grandes. En cambio, cuando llegó de América y se sentó a los pies de uno de los más grandes Santos, se le dio la bienvenida con amor y plenas instrucciones.


Naturalmente, no se trata de una crítica. La Teosofía es simplemente un método distinto. Que cada cual se conduzca conforme a sus propios planes. No obstante, el hombre que encuentra a un Libertador espiritual real, en vez de un reconstructor del mundo, es inmensamente afortunado. Constantemente aludidos en los escritos Teosóficos, los "maestros" se sientan serenamente en sus lejanos retiros Himalayos y ofrecen muy poco consuelo a los principiantes. Aún poniéndose en lo mejor, las oportunidades de acercarse alguna vez a una completa confraternidad con esos augustos señores son absolutamente remotas. Éstos no son ni tangibles ni visibles. Cuando está luchando más duramente un estudiante con sus propios y complicados problemas, algún subordinado avanzado de aquellos exaltados seres le indica que siga luchando. Si gana la batalla, puede que al final se le conceda la merced del Darshan del mahatma.


¡Qué distinto es, en cambio, cuando los más débiles y los más pobres pueden venir y sentarse a los pies del Gran Maestro, mirarle a los ojos y recibir sus palabras de aliento paternal! De sus labios salen perlas de sabiduría de valor incalculable para todo aquél que pueda recibirlas, sin adivinanzas, sin oscuras incertidumbres, sin vagas esperanzas, sin largas esperas y dudas. El gran Padre simplemente lleva a sus hijos a casa envueltos en un manto de luz.


Pero hay algo de mayor importancia todavía para el estudiante, aun cuando lograra ganar el darshan de los maestros Teósofos. La Teosofía no se ha dado cuenta de la importancia plena de la Corriente Audible de la Vida.


Sin embargo, es la más vital de todas las consideraciones. Se alude a ella en "La Voz del Silencio" y en otros escritos, pero no recalcan su gran importancia. Este gran hecho central está cubierto de una gran cantidad de detalles de valor insignificante, si es que tienen alguno. La Teosofía tampoco te pone en contacto con un Maestro vivo que pueda "sintonizarte" con la gran Corriente de la Vida. En cambio, éste es el principal precepto de los Maestros. Ese hecho central de la naturaleza, expuesto al aspirante como el sine qua non del logro espiritual, no se halla en ninguna parte de toda la literatura teosófica.


Mucha gente habla estentóreamente y escribe voluminosamente acerca del control de la mente. Sin embargo, no saben absolutamente nada del factor más importante para el control mental. Los Santos nos dicen, y muchos de nosotros lo sabemos por experiencia personal, que el control mental no llega nunca a conseguirse si no es por medio del Shabd, la Corriente Audible de la Vida. La historia de la India está llena de grandes yoguis que se sientan a meditar, incluso siglos, esforzándose por conseguir el control de la mente, que fracasan al final, cuando se enfrentan a una tentación.


Se dice que hace muchos años, en una era primitiva, un gran rishi, Vishvamitra, había estado sentado meditando varios miles de años y luego un día, de pronto, cayó a causa de una bella muchacha. Había tratado de controlar su mente por medio de la negación. Pero no puede hacerse. La mente ha de tener algo que le guste más o esas tentaciones mundanas, invariablemente, le harán caer. Cualquier sistema que no haga del Surat Shabd Yoga la parte central de su conjunto de ejercicios espirituales, no puede soportar nunca la presión hacía abajo que ejercen la mente y la materia, con sus innumerables atractivos para los sentidos. Y lo que es todavía más importante, sin el Shabd el estudiante no puede ir muy lejos en el camino de la liberación espiritual. Ésta es la gran omisión de la Teosofía, así como también la de los restantes sistemas filosófico-religiosos.


Finalmente, la meta más alta de la Teosofía está muy por debajo del objetivo de los Santos. De acuerdo con sus propios escritos, los más grandes "maestros" teosóficos no van más allá de la primera o, posiblemente y en algunas circunstancias, segunda estación de los Maestros. Es claro entonces que los Santos comienzan su viaje ascendente donde los teosofistas se detienen. Desde ese punto prosiguen hacia los más altos planos y a los más elevados logros espirituales. Los mahatmas de la Teosofía, grandes y nobles cuando se juzgan desde el punto de vista de los hombres ordinarios, son solamente principiantes si se comparan con los Grandes Maestros. No es cuestión de argumento o discusión. Puede comprobarse de la manera más científica, personalmente, por medio de la vista y el oído.


Únete a uno de los Grandes Maestros, entra dentro de tí mismo y compruébalo. Todas las cosas se aclaran en los planos interiores. Los Maestros de orden inferior no conocen siquiera las supremas alturas alcanzadas por los Santos, porque ellos mismos nunca han llegado tan lejos. Generalmente imaginan que han ido a las regiones más altas cuando alcanzan Brahm Lok, la segunda región en el Sendero de los Maestros. En este sentido son como los que siguen el Gita y los Vedas. Y es debido a que no pueden continuar sin que les lleve un Maestro verdadero. Creen también que Brahm es la suprema deidad de todo. Eso es muy conveniente para los Maestros Teosóficos, pero para sus estudiantes es extremadamente desafortunado.

 

 

 

 

 

23. La Ciencia Cristiana Como Religión

 

 

La Ciencia Cristiana es una más del considerable número de religiones secundarias salidas de la Cristiandad ortodoxa. Hay un número importante y creciente de personas que advierten que la cristiandad moderna no se corresponde con las genuinas enseñanzas de Jesús. No queriendo abandonar el sistema Cristiano por completo, pero impregnados del sentido científico de la época, gran número de cristianos conscientes, han buscado una especie de reconciliación. Mary Baker Eddy, una estudiante de talento, comenzó a investigar, escribir y dar conferencias sobre lo que veía como una Cristiandad reconstruida. Estructuró un sistema, -quizás inconscientemente-, sobre la ley de la sugestión y le dio el atractivo nombre de "Ciencia Cristiana".

 

Su idea parecía consistir en combinar los elementos esenciales de la Religión Cristiana, agregándoles una dosis compuesta de una mezcla saludable de extractos de ciencia moderna. Reconocía, al igual que muchos otros pensadores religiosos de hoy en día, que cualquier religión que atrae solamente a las emociones y que depende de ellas para la renovación del carácter, sin satisfacer al intelecto, no puede perdurar largo tiempo. Si ella podía ofrecer un sistema religioso aceptable al pensamiento moderno y adaptado a las necesidades modernas, sería la bendición del siglo. Era una concepción noble. Su sistema fue un heroico intento de poner un puente sobre la vieja brecha entre la religión y la ciencia; de apaciguar su lucha de antagonismos.


La nueva doctrina se extendió rápidamente. Muchas de las personas más inteligentes y despiertas de Estados Unidos la abrazaron gustosamente. Fue un avance distinto y, de no haber sido porque el nuevo sistema cayera en delicadezas filosóficas, ese sistema podría haber conducido a sus seguidores hacia fuera, hacia la luz, listos para seguir a un verdadero Maestro. Sería difícil ahora decir cuál de los dos, la teología dogmática de la Iglesia o los postulados metafísicos de la Ciencia Cristiana, es la más difícil de aceptar por el intelecto.


Por supuesto que una de las más humanas y atractivas afirmaciones de la nueva fe fue su énfasis en la curación de enfermedades del cuerpo, de inmediato y sin medicinas. El asombroso número de curaciones registradas no puede ponerlo en duda ningún investigador honesto, aun cuando un muy considerable número de ellas no hayan sido permanentes. (Tampoco son siempre permanentes las curaciones de los doctores, ni más que las de la Ciencia Cristiana).


El sistema se adhiere todavía a Cristo como el más grande sanador de enfermedades. Los científicos Cristianos no están de acuerdo en que sus curaciones fueran hechas por medio de fuerzas mentales puestas en acción bajo la ley de la sugestión. Jesús es aún el que sana. En su lucha entre el antiquísimo problema del pecado y del mal, versus un Dios bueno, la Ciencia Cristiana trata de escapar de un cuerno del dilema para caer en el otro. La nueva doctrina niega la misma existencia del mal, insistiendo en que el mal no es sino una ilusión de la mente carnal. Todos los pecados, todos los dolores, todas las enfermedades, todos los males de cualquier clase, son solamente ilusiones mentales. Pero, puesto que el mal parece estar atado a la materia por alguna especie de conexión inseparable, se hizo necesario eliminar la materia misma, a fin de deshacerse del mal. El mal era sólo el lado oscuro de la materia y la materia misma era solamente una aberración de la mente, una oscura fantasmagoría incidental de esta existencia mortal.


De esta manera, la Sra. Eddy barría con todo el problema y sería, sin duda, un golpe maestro, si hubiera podido colocarlo dentro del pensamiento racional. No hay ni mal ni materia. Sin embargo, la gente sigue creyendo todavía que tiene cuerpo y, lo que es peor, continúa sintiendo dolor en ese cuerpo: aun los mismos Científicos Cristianos. ¿Cómo pueden deshacerse de ello? La Sra. Eddy replicó que, puesto que ni la materia ni el mal existen, el dolor no puede existir, aun cuando se sienta. Lo que la gente cree que es dolor, aquello de lo que anhela librarse, era solamente otra ilusión de la mente corporal. Si no hubiera cuerpo, estaba claro que no podría haber dolor en ese cuerpo. El dolor era solamente una pequeña ilusión dentro de una gran ilusión. Eso era bastante lógico. Naturalmente, el camino debería haber sido claro a partir de ese instante. Cuando se enfrentaban con una enfermedad corporal o con lo que la gente persistía en sentir como tal, el calmado practicante le decía sencillamente al paciente que no tenía nada más que una ilusión. Déjala ir, olvídala. La prescripción era muy simple; simplemente, corrige tu modo de pensar y el mal desaparece automáticamente. Era una hermosa teoría y parecía que funcionaba en algunos casos. Pero la gente seguía enfermando y muriendo, tanto los Científicos Cristianos como los demás, hasta la Sra. Eddy misma tuvo que pasar por lo mismo que el resto. No pudo eliminar por completo los errores de su mente.


Sin embargo, hay un poderoso atractivo en el sistema. La humanidad doliente se aferrará a cualquier cosa que le ofrezca alivio. Incidentalmente, ofrece una de las más serias acusaciones en contra de la medicina. Si la terapia médica fuera tan eficiente como pretenden sus defensores, la Ciencia Cristiana probablemente nunca hubiera llegado a existir. Si la religión y la terapéutica física pudieran combinarse en una sola dosis ingerible, ¿qué más podría uno pedir? Su aspecto religioso es sólo algo más que un intento de reinstaurar la ortodoxia Cristiana en términos prácticos. Los Científicos Cristianos han estado demasiado ocupados trabajando con sus curaciones como para pensar en los problemas teológicos. De todos modos, esos problemas tenían para ellos sólo un interés remoto.


El estudiante de los principios primordiales preguntará cuál es la clave de esa gran cantidad de éxitos de que ha gozado la Ciencia Cristiana. Como se dijo antes, la contestación está en las bien conocidas leyes de la sugestión. La mente es el poder más grande que opera en este universo físico: la mente activada por el espíritu. Por supuesto que toda mente está vitalizada por el espíritu, pero, una vez activada por él, es la mente la que controla todas las fuerzas físicas a través del Prana, la fuerza primaria.


La mente es el principal instrumento del espíritu para todo contacto con el universo físico. La mente tiene sus propios métodos de funcionamiento. En lo que se llama el almacenamiento subconsciente de la mente existe una casi ilimitada reserva de energía. Si ese poder de reserva, por el medio que sea, se puede aprovechar para nuestro uso, prácticamente no hay límite para su campo de acción. Se ha encontrado que, por medio y a través de la sugestión, la mente consciente puede sacar del subconsciente su poder de reserva. La Ciencia Cristiana ofrece un método para aplicar ese poder a las necesidades humanas. Si puede hacerse que la mente consciente acepte el dicho de que hay un poder disponible para quitar el dolor y curar la enfermedad, los resultados benéficos tienen que aparecer.


Pero el nuevo sistema añadió un factor más al sistema curativo. Enseñaba que este poder latente no residía en todos los hombres para valerse de él a voluntad, sino que lo da el Señor cuando ofrecemos las oraciones apropiadas. Esto atraía los sentimientos religiosos. Mucha gente, aun hoy en día, no tiene idea de que se trata simplemente de un método de sugestión y autosugestión. Creen firmemente que se curan por intervención directa del Señor y ésa es la explicación del considerable nivel de éxito que ha acompañado a la expansión de la Ciencia Cristiana. También es la clave del éxito de los restantes cultos y sistemas de curaciones, no importa cómo se llamen, incluyendo el "Pensamiento Nuevo" y el tan alabado "Movimiento de Oxford".


La Ciencia Cristiana ha estado tan preocupada con sus propias reformas y, especialmente, con la curación de los enfermos, que ha tenido poco tiempo para dedicarlo a los problemas más importantes del alma. Cada una de las almas ansia liberarse de esta región de "ilusiones mentales" . Hemos tenido ya bastante todos. Estamos más que hartos de ellas. Pueden aceptarse como una percepción metafísica del conocimiento interior, que no existen los cuerpos y, por lo tanto, que no hay dolor ni enfermedad. Puede concederse que todas estas cosas son errores de la mente, -la descarriada y problemática mente -, pero no obstante la mayoría de la gente no parece gozar de sus ilusiones. Todavía andan buscando la manera de quitárselas. Les gustaría muchísimo encontrar un medio de escapar.


Sin embargo ahora, después de muchas décadas de esfuerzo, la Ciencia Cristiana no ofrece ninguna salida. El mundo está exactamente donde se hallaba antes de que naciera la Sra. Eddy. Hace veintiséis siglos que Buda pensó haber descubierto un método de escapar de la aflicción, señalando la causa de la misma. Pero no pasó nada y la aflicción siguió, como siguen fluyendo los ríos. Ahora, la Ciencia Cristiana trata de eliminarla negando su existencia.


No obstante, el mundo sigue dando vueltas, buscando una píldora que detenga el dolor. ¿Cuál es la dificultad? Yo mismo he visto a muchos buenos Científicos Cristianos llorando lastimosamente pidiendo un calmante. ¿Qué es lo que está mal? Curaciones vienen y curaciones van, pero los males humanos continúan eternamente. El nuevo sistema no ha hecho nada para proporcionar felicidad futura a la humanidad cuando pase las puertas de la muerte. El nuevo sistema es una excelente sociedad ética. Inculca una vida limpia, al igual que un limpio modo de pensar. Pero no tiene nada superior a los antiguos dogmas de la iglesia para ofrecérselo al hombre moribundo.

 

Cuando se llega al estudio de ese reino de los cielos de que hablan los Profetas y los Maestros, la "Ciencia de la Salud" no tiene una sola sugerencia nueva que ofrecer. En este sentido, cae hasta el nivel común de todas las religiones. Se deja a la humanidad en su eterno ciclo de nacimiento y muerte, en su interminable ir y venir desolado y agotador, a que siga alimentando sus "ilusiones mentales" mientras los siglos vienen y van. Solamente la Ciencia de los Maestros ofrece el camino seguro de la liberación de todos los infortunios y las vanas ilusiones.