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16. Enseñanzas En Las Que Puso Énfasis Jesús

 

 

Hay dos cosas en las que insistió Jesús y que subrayan mucho también los grandes Maestros. Son:
1. La importancia vital del Amor, sin el cual no puede haber sabiduría ni religión.
2. La inmanencia del Reino de los Cielos, que se encuentra únicamente dentro del hombre mismo.

Estos dos grandes preceptos son cardinales en las enseñanzas de los Santos. Que Jesús haya estado alguna vez en contacto con un auténtico Santo en la India o que haya encontrado solamente yoguis, es otro asunto. A juzgar por su propia vida y palabras, parece que tuvo como maestro a una alma bastante avanzada. Pero regresó a su propio país y encontró a la gente llena de entusiasmo y amor. Cuando volvió a Israel, más que un profeta Judío, era un yogui Hindú. Había recogido muchas enseñanzas de los Magos de Mesopotamia y de los Pitagóricos en Egipto. No tenía conocimiento de la filosofía de Platón y Aristóteles. Siendo de corazón puro y lleno de nobles propósitos, impulsado por un gran amor, se puso a trabajar inmediatamente curando enfermos y predicando la buena nueva de la inmanencia del Reino de Dios.


Este reino celestial no era de ningún modo, algo lejano a percibir después de la muerte, sino una realidad muy presente a la que se accede aquí y ahora. Como han enseñado los Maestros de todos los países y épocas, Jesús también insistió en que la gente debería dejar inmediatamente el camino del pecado y buscar el reino dentro de ellos mismos, no en el cielo. Pero desgraciadamente su mensaje fue mal recibido y muy poco comprendido aun por sus propios discípulos y, mucho menos, por las multitudes. Estaban muy mal preparados para tan elevado conocimiento, para tan refinada percepción; el punto principal podían entenderlo medianamente: que el Reino de los Cielos era una realidad presente, a ser conocida y penetrada en esta vida.


Y siempre ha sido así. Aun hoy en día sólo unos cuantos, entre los más ilustrados del mundo, pueden abarcar esta sublime idea. Se pueden imaginar el cielo donde pueda ir la gente después de la muerte, pero cuando se les dice que pueden atravesar el oscuro velo y entrar en ese reino ahora, mientras se hallan en el cuerpo, con completa posesión de sus sentidos, titubean. La mayoría cataloga todo esto como producto de una imaginación sobreexcitada. Sin embargo, era el corazón y el alma de Jesús y ha sido siempre punto cardinal en las enseñanzas de los Santos.


Aquí radica, en realidad, el gran obstáculo de todas las religiones: simplemente no pueden creerlo. No se pueden imaginar cómo es posible que pueda uno entrar en el Reino de los Cielos mientras está en el cuerpo. Solamente los Maestros, al contrario de todas las iglesias y religiones, ofrecen un método definido y señalan el Sendero exacto por el que se puede entrar en el reino ahora mismo. Con ellos no hay teorías, sino experiencias vitales.


En tiempos de Jesús, los Judíos buscaban un reino temporal en particular y pedían un Mesías, un gran guerrero que les salvara del yugo romano y les diera el dominio del mundo. Pero Jesús les habló de un Reino dentro de ellos mismos, lo cual, para la mayoría de ellos, era una rematada insensatez. No les interesaban sus fantasías tan poco prácticas y tan en contra de todas sus más acariciadas esperanzas. ¿Cómo podría esperarse que rompieran las cortezas materiales que envolvían sus mentes y buscaran dentro un reino que imaginaban como el espejismo de un soñador muy poco práctico? Jesús les decía que el gran reino estaba más cerca que las manos o los pies. Pero ellos no quisieron oirle. Jesús enseñó el Camino, el Tao, el Bani celestial, el Bhakti Marga, el Sendero del Surat Shabd, pero la gente no lo pudo apreciar. Incluso sus discípulos apenas le comprendieron. Jesús insistía en el divino Logos, el Verbo, que fue el factor primario de toda la creación. Pero eso estaba muy por encima de su entendimiento. Les enseñaba como alguien dotado de discriminación y eso simplemente hirió su sensibilidad.


Naturalmente, sus enseñanzas metieron a Jesús en un conflicto con las autoridades, especialmente con el gran sacerdote y con el Sanedrín. Su temprana muerte fue una conclusión que podía predecirse de antemano. Después de una pantomima de juicio, fue condenado a morir en la cruz, el método de ejecución más ignominioso. La sentencia de muerte fue aprobada, bajo una débil protesta, por el procurador romano, Poncio Pilato. El Gran Maestro misericordioso expiró en la última hora oscura, expresándose en voz alta al verse abandonado por su padre en su último momento. Ese Padre, en quien había puesto toda su confianza, y éste es uno de los profundos misterios que todavía no han podido resolver los teólogos. Pero para la ciencia oriental la explicación es muy clara. Había recogido todo el mal karma de demasiados pecadores a quienes había curado, saliéndose radicalmente del método de los grandes Maestros. Es una ley bien conocida que, si hacemos demasiado por la gente que no se ha ganado esos favores por sí misma, el que da debe asumir parte de la carga de karma del que recibe. Si le das mil monedas a alguien que no las haya ganado y que puede emplearlas mal, debes prepararte para sufrir la pérdida, no solamente de lo que hayas dado, sino, además, del doble de esa cantidad. Posiblemente sufras otras calamidades también.


El día siniestro y gris despuntó sobre los montes de Judea. Las calles de Jerusalén estaban abarrotadas por la multitud, reunida para la celebración anual de la Pascua. El ruido y el clamor surgían aquí y allá, mientras una lenta procesión se abría paso hacia la puerta del norte. El profeta condenado a muerte fue obligado a cargar su propia cruz, pero cayó bajo su excesivo peso, con la cara sucia de sudor y de polvo. Cuán afortunado fue ese Cirineo a quien obligaron a ayudarle con la cruz. Cuán grande su fortuna al ser seleccionado para ese servicio. Fue mejor premio que si le hubieran llevado en una carroza escoltada por legionarios romanos. Qué felices hubiéramos sido nosotros de haber prestado ese servicio, de haber estado al lado del camino levantando una parte de esa pesada cruz, tal vez también limpiando el sudor y el polvo de su cara, esa cara que había sonreído con compasión a tantos que estaban cansados y enfermos. Creo que hubiera sido casi un placer haber clavado nuestras propia manos, si con eso hubiéramos podido ahorrarle dolor a alguien tan noble.


Una y otra vez nos hemos preguntado por qué será que los más grandes amigos del hombre tienen que sufrir tan a menudo a manos del populacho. Y luego clavaron sus manos y sus pies, esas manos que tan benignamente habían repartido comida y salud a aquellas multitudes. Sin embargo, lo crucificaron junto a un ladrón a cada lado. Cuán afortunado fue uno de esos ladrones, muriendo al lado de Jesús con una oración en los labios: fue mucho mejor su suerte que la del Sumo Sacerdote y la del Procurador Romano. Funestos son los años que vendrán para ellos, cuando la ley les exija el pago haciéndoles subir penosamente los largos y escarpados montes del tiempo, mientras soportan su carga de karma. Fue mucho más venturoso el ladrón que murió junto a Jesús.


El fanatismo religioso, la ignorancia y el ciego prejuicio, avivados por las cinco pasiones, no conocen el terrible destino del karma que ellos mismos se fabrican. Y el bondadoso hijo de María murió así en la cruz, pero sería mejor para sus asesinos no haber nacido.


Jesús pereció antes de que su trabajo hubiera apenas empezado. Dejó atrás de sí mismo, a un puñado de discípulos espiritualmente inmaduros, con un entrenamiento incompleto y sintiéndose amargamente desilusionados. Muy pocos se repusieron después de esa tremenda conmoción. No parece que ninguno de ellos, excepto tal vez Mateo y Lucas, pudieran haber escrito los libros que se les atribuyen. Los cuatro evangelios llevan el sello de la influencia Alejandrina y algún experto se atreve a declarar que los cuatro Evangelios fueron escritos por monjes Alejandrinos, tres o cuatrocientos años después de la muerte de Jesús y de sus primeros discípulos. Aparentemente no hay ninguna certeza sobre este asunto. Positivamente, no hay ninguna historia contemporánea que atestigüe la historia de los Evangelios. Asumir que son una historia verdadera solamente porque uno desea creer en ellos o porque se nos ha enseñado que son sagradas escrituras, es dar vueltas en círculo.
 

 

 

 

 

 

17. Pablo, Fundador De La Cristiandad

 

 

Las epístolas de Pablo pertenecen a una categoría distinta; fueron escritas antes que los Evangelios. Muestran un esfuerzo por remodelar el viejo sistema Mosaico, convirtiéndolo en una religión basada en Jesús como cordero del sacrificio. Pablo hizo un intento por resucitar el sistema Judío, uniéndolo a las historias acerca de Jesús y luego combinándolos en una nueva religión que pudiera ser aceptada tanto por los Judíos como por los Gentiles. Por supuesto, Jesús murió por los pecados de todo el mundo. Éste fue el tema central. El Judaísmo y la Cristiandad podían ahora combinarse en una religión mundial, renacida y recristianizada. Las escrituras Judías podían encontrar su cumplimiento y los desilusionados seguidores de Jesús podían replegarse, uniéndose a la nueva interpretación.


De esta manera, Pablo fundó un Judaísmo reconstruido, que pasó a la historia como Cristianismo. La filosofía pura y espiritual de la Sabiduría Oriental quedó sumergida en un montón de dogmas que no eran ni Judíos, ni Hindúes, ni siquiera Cristianos. No eran ni de los Egipcios ni de los Magos. Tampoco eran Platónicos ni Pitagóricos. No era ni espiritual ni material; ni de sacrificios ni intelectual. No era nada definido. Estaba hecha un poco de todo lo que le había precedido. Si no hubiera sido por la poderosa organización de Roma, que primero la persiguió y después la abrazó, es dudoso que esta extraña mezcla hubiera sobrevivido a la edad de la especulación mística en la que nació. Ese noble espíritu, que tanto amó a los suyos, había desperdiciado sus perlas al arrojarlas a los pies de los ingratos cerdos y luego murió víctima de sus propias y nobles energías. Si hubiera seguido el método practicado durante largo tiempo por los grandes Maestros, la historia pudo haber tomado otro giro.


No podemos trazar aquí la historia de la Iglesia, ni tampoco podemos extendernos sobre la teología dogmática de los credos. Los seguidores de Jesús se reunieron en lugares secretos a lo largo de trescientos años y esparcían quedamente la doctrina de la sangre redentora de su crucificado Maestro. Al principio estupefactos y rebelándose ante la inesperada muerte de su Señor, después de que habían estado esperando tan confiadamente su reinado del mundo a continuación de la caída del poder romano, se replegaban ahora bajo un nuevo estímulo.


Pablo había explicado el oscuro misterio. Había un viejo dicho que aseguraba que era idóneo que alguien muriera por toda la humanidad y el mundo siempre ha admitido este principio. Incluso en el México antiguo corría la sangre libremente, -declaraban-, para beneficio de todo el mundo. Es la antigua doctrina del sacrificio, que se hizo parte de las enseñanzas de los Vedas. Las muertes como sacrificio habían sido aceptadas siempre como una necesidad: ¡por supuesto que Jesús había muerto por los pecados de su pueblo! ¿Por qué no lo habían pensado antes? Ahora encontró la muerte de Jesús su justificación y su explicación racional. Después de todo, su fe no había sido en vano. Simplemente, no habían entendido el método divino. Pero ahora todo estaba claro. Aunque Jesús era su Mesías largamente esperado, era, en un sentido más vivido, su cordero de sacrificio. Había muerto, no solamente por los pecados de los Judíos, sino por toda la gente, por todo el mundo. Este último concepto, sin embargo, fue una ampliación del esquema original. Fue una generosa ampliación de la idea primitiva y eso hizo de la nueva fe una religión mundial.


Este nuevo atractivo fue muy poderoso para la gente inculta y emocional. Con las mentes fijas en las llagas de sus manos y pies, sus discípulos estaban prestos a morir en nombre del crucificado. La doctrina se extendió hasta que una no poco considerable porción del Imperio Romano se hizo Cristiana. Se encontraban hasta en la familia real. Muchos de ellos murieron por su fe y, sin embargo, su número aumentaba, hasta que, finalmente, la religión se hizo oficial por decreto de Constantino, al principio del siglo cuarto. El clímax de esta evolución culminó con la coronación del sacerdote principal de Roma como el Papa-emperador de toda Europa. No obstante, para ese momento la religión de la Iglesia tenía ya muy poca semejanza con la simple, pura y espiritual filosofía de Jesús quien le dio el impulso inicial. Pablo solamente necesitaba a Gregorio el Grande para colocar a su religión como único arbitro del destino humano, apoyado por la más poderosa organización religiosa que nunca antes se había creado. La religión a la cual el imperio había perseguido tan amargamente se levantaba ahora, como el ave fénix, de las cenizas de una Roma incendiada, que se desvanecía, para colocarse en el trono del imperio universal.


Cuando vino Jesús no había ninguna religión viril en el mundo. El paganismo ya había pasado de moda y la mayor parte del mundo estaba en un sueño de letargo espiritual y moral. Gozó de su apacible ceremonialismo y bebió ese vino con imperturbable conciencia. La espiritualidad era prácticamente nula. En Grecia se había levantado un altar al Dios desconocido. Era seguramente el clímax del liberalismo religioso. Los devotos de cada una de las religiones encontraban en el Panteón lo que más acomodaba a cada uno. Solamente los filósofos Griegos podían pensar en eso, demostrando un agudo sentido del humor.

Los dioses eran para la plebe y para las viejas. Que cada uno tuviera el dios que más le gustara. Mientras, el filósofo les observaba calmadamente desde las serenas alturas de su complacencia. ¿Qué podía saber de filosofía la plebe? Que tengan sus dioses favoritos. No hay ningún mal en ello.


El espíritu de los tiempos se reflejó en la observación que hizo Pilatos cuando trajeron a Jesús ante él. Cuando el humilde Nazareno le dijo haber venido a atestiguar la Verdad, el Romano le preguntó: "¿Qué es la Verdad?" (Juan 18:38). Y luego, dándole la espalda, como si supiera que ningún hombre podía contestar a esa pregunta, concedió el permiso para que mataran al único hombre del Imperio Romano que podía haberle dicho lo que era la Verdad.


Si alguna vez necesitó el mundo un maestro espiritual, fue en aquel tiempo. A la hora que más se necesitaba, vino el dulce hijo de María y le crucificaron. Acababa de regresar de Oriente, lleno de sabiduría y amor. Pudo haber abarcado el mundo entero, haber desterrado sus penas y haberlo llenado de gozo. Era como el bello sueño del príncipe Sakya. Pero no le escucharon. Cerraron los ojos y gritaron: "¡Que lo crucifiquen!". ¡El Amor burlado y crucificado! ¿Hubo alguna vez un espectáculo más triste en toda la historia? El corazón que sufría por su pueblo, traspasado por una lanza. Tanto los judíos como los romanos, conspiraron para matar al mejor hombre del Imperio. El fanatismo y la ceguera religiosa han sido siempre de esta naturaleza.
 

 

 

 

 

 

18. Esencia De Las Enseñanzas De Jesús

 

 

¿Qué nuevas enseñanzas ofreció Jesús al mundo? ¿Cuál fue su especial contribución a la espiritualidad y a la iluminación del mundo? Como todos los Santos reafirmó algunas de las antiguas verdades, con tanta claridad y belleza que llegaron directamente hasta el corazón de su pueblo, con la fuerza de una verdad nueva. Podemos suponer que hablaba con la convicción que da la experiencia personal, porque ésa es la única manera en que cualquier hombre puede hablar con autoridad. No hay duda de que Jesús tuvo contacto personal con la Corriente Audible de la Vida. Indudablemente, había viajado en ella en su interior.


Como se dijo anteriormente, Jesús hizo hincapié en dos puntos. A saber:


1. La importancia vital del amor como alma de la religión.
2. La inmanencia del Reino de los Cielos.


El mensaje de Jesús concuerda exactamente, en ambos aspectos, con la sabiduría oriental de la que había extraído su inspiración. Las afirmaciones dogmáticas de sus discípulos en años subsiguientes no tienen por qué ser aquí de nuestra incumbencia. Las que siguen son algunas de sus más pertinentes aseveraciones, plenas de valores espirituales y morales:


Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es
el Reino de los Cielos. (Mateo 5:3)


Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (Mateo 5:8)


Una de las citas arriba mencionadas suena exactamente como la nota clave de las enseñanzas de los Maestros:


Bienaventurados los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios. (Mateo5:8)


El mundo occidental, en conjunto, nunca había tenido la más remota idea del verdadero significado de esa afirmación. Significa que cualquiera que tenga un corazón puro puede entrar en el Reino de los Cielos conscientemente, mientras vive, y contemplar allí a Dios, revestido de luz. Ciertamente, ¡benditos son los ojos que contemplan esa visión! Una mente limpia y un corazón puro es lo que se necesita primordialmente para lograrlo, y así lo enseñan todos los grandes Maestros de la historia. La forma de hacerlo es lo que constituye el tema principal de este libro.


Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen,

haced el bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen. (Mateo 5:43,44)


Porque todo aquél que hace la voluntad de mi Padre, que
está en los cielos, es mi hermano, mi hermana y mi madre. (Mateo 12:50)


Sed perfectos, como vuestro Padre que está en los Cielos es perfecto. (Mateo 5:48)


En verdad os digo que, a menos que os hagáis como niños,

no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 18:3)


Este es otro precepto vital de los Maestros. Nadie es capaz de penetrar el velo hasta que se libere de la vanidad del gran "Yo" y se haga tan humilde y olvidado de sí mismo como un niño pequeño. Tenemos de nuevo una expresión similar:


Quienquiera que se vuelva humilde como este niño será el
más grande en el reino de los cielos. (Mateo 18:4)


Con qué frecuencia destacan los Maestros la dulce humildad que convierte a un hombre fornido en un niño pequeño. La humildad es uno de las primeras esencias de la ciudadanía en el reino de la luz.


Entonces Pedro se le acercó y dijo: "Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré yo?". Jesús le contestó: "No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". (Mateo 18:21-22)


"Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento de la ley?". Jesús le respondió: "Que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y mayor mandamiento. Y el segundo es así: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. De estos dos mandamientos pende la totalidad de la ley y los profetas". (Mateo 22:36-40)
 


En esta declaración de Jesús hallamos la suma de su entera enseñanza. En toda filosofía y religión no hay nada más importante que el amor. Si fueran a destruirse todos los libros del mundo, todos los códigos de ética, todas las escrituras sagradas, -cuanto se encuentre impreso en la tierra-, todo menos esta cita de los labios del humilde y amoroso Galileo, aún tendría el mundo cuanto necesita como código de ética. Lo único que se precisaría, además, sería un Maestro vivo como guía hacia los reinos interiores. No hay nada en el mundo que necesite nadie excepto amor, algo de comida, vestido y techo.


Éste es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros. (Juan 15:12)


Con aparente intención de inculcar esta gran ley en sus discípulos, la encarna en un único y directo mandamiento. He aquí la solución a todos los problemas sociales: El amor a Dios y al hombre, El que pueda dar esa medida será el ciudadano ideal de la comunidad ideal del mundo, en cualquier época.


A continuación, Jesús les dió a sus discípulos la prueba máxima que los distinguiría como tales. Sabiendo que muchos de ellos no se conducirían de acuerdo con esta gran ley, les ofreció un criterio definido, una medida perfecta, una marca infalible de discipulado que se conservaría en todo tiempo, en cualquier época del mundo y, en este sentido, se puede aceptar muy bien que Jesús habla por todos los verdaderos Maestros:


En esto se conocerá que sois mis discípulos: que os améis

los unos a los otros. (Juan 13:35)


Creemos que podemos asegurar que, si los discípulos de Jesús hubieran pasado esta prueba a través de la historia, tres cuartas partes de la población del mundo serían ahora Cristianos. Y es igualmente cierto que, si cualquier otra corporación o grupo de hombres y mujeres hicieran hincapié en el amor corno única ley de sus vidas, viviendo conforme a sus ideales, universalmente y sin desfallecer, ese grupo, -no importa qué nombre se le diera-, arrasaría el mundo como fuego en la pradera. Ésta es la norma que tan sustancialmente destacan todos los grandes Maestros. Es casi increíble que un hombre tan lleno de amor y bondad y predicando un evangelio de amor pudiera ser tan cruelmente asesinado por una ciega turba de su propio pueblo. Creemos que no hay nada en el mundo tan infernal como el ciego fanatismo religioso.


Ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. (Juan 15:3)


Esto es ciertamente un enigma para la mayoría de los pensadores. ¿Cómo puede una palabra o una enseñanza hacer que alguien quede limpio? Una traducción más correcta de esta expresión es la siguiente:


Ya estáis limpios por medio de la palabra de la cual os he hablado.


¿Qué es la palabra? Es el supremo agente purifícador de éste y todos los mundos. Es la Corriente Audible de la Vida que todo lo purifica, mencionada en el primer capítulo de San Juan como el Verbo primordial, del cual ha emanado todo. Eso es lo que purifica la mente como ninguna otra cosa conocida puede purificarla. Lo enseñan todos los Maestros y la historia entera está llena de fracasos, porque los hombres se han empeñado en purificar la mente y ganar espiritualidad sin tener conocimiento de la Corriente. Cuando el discípulo de cualquier Maestro entra en esa Corriente de manera consciente, se limpia de toda impureza terrenal y está listo para los mundos superiores.


Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid cuanto queráis y se cumplirá. En esto es
glorificado mi Padre, en que déis mucho fruto y seáis mis
discípulos. Como el Padre me ha amado, también yo os he
amado. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo
he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco
en su amor.  (Juan 15:7-10)
 


Aquí hay un enigma para la mayoría de los cristianos:


Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros,

pedid cuanto queráis y se cumplirá. (Juan 15:7)


Solamente la ciencia de los Maestros aclara este pasaje, pero muy pocos cristianos creen que sea cierto o que pueda hacerse realidad. Sin embargo, es verdad que, si cualquier discípulo vive según las instrucciones del Guru, del Maestro, y lleva a cabo la práctica como éste indica, siempre en el amor al Maestro, pensando en el Maestro y en sus palabras, sin titubeos, ese discípulo alcanza muy pronto el grado de desarrollo en el cual se cumple automáticamente su más mínimo deseo o acto de su voluntad. No sólo conseguirá lo que pida, sino que únicamente tiene que querer algo para que se cumpla. ¡Pero la Iglesia ha perdido tristemente el auténtico significado de estas palabras! Palabras infinitamente valiosas y, sin embargo, tan sin sentido para la mayoría de la gente. Esto demuestra, una vez más, que Jesús estaba familiarizado con la Sabiduría Oriental.


Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis los unos a los
otros; que también os améis los unos a los otros como yo
os he amado. (Juan 13:14)


Esto es tan sólo reiterar lo que ya había manifestado antes con tanta insistencia; empero, una vez más repite la divina admonición:


El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que
me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo
le amaré y me manifestaré a él. (Juan 14:21)


¡Qué claro es esto! Qué idéntico a todo lo que enseñan los Maestros: si algún discípulo ama al Maestro y practica todo lo que el Maestro enseña, entrará con seguridad en el Reino de la Luz, donde verá al Maestro en su Forma Radiante. Y esto es lo que quiso decir Jesús cuando afirmó:
 

Me manifestaré a él.
 


El discípulo verá realmente al Maestro dentro de sí mismo. Ésta es una de las recompensas para el que practica fielmente. Quienquiera que haya pasado por esa experiencia te dirá que no hay en este mundo gozo más grande ni comparable al que experimenta el discípulo cuando contempla al Maestro Radiante por primera vez. Es la culminación de siglos de lucha. Es la señal de la victoria en su larga batalla con la mente y la materia. Se encuentra entonces a la mitad del camino que le llevará al final de sus esfuerzos por liberarse espiritualmente. Conozco decenas, incluso cientos de discípulos de un gran Maestro que se sientan diariamente en sus habitaciones a meditar silenciosamente, van a los reinos interiores, contemplan allí a su Maestro Radiante y conversan libremente con Él. Ésta es la manifestación a que se refería Jesús. El Maestro se manifiesta siempre a aquéllos que le aman y que caminan en su luz.


Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque
esté muerto, vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí no
morirá jamás. (Juan 11:25,26)


Esto es literalmente cierto para todos los discípulos de cualquier Santo. Para ellos no hay muerte en absoluto.


El último enemigo que hay que conquistar es la muerte.


La muerte es ocasión de regocijo para cada uno de los discípulos de un Maestro vivo, porque el espíritu liberado sale simplemente del cuerpo como si se despojara de una vieja vestidura. La muerte se desvanece por completo. Es conquistada definitivamente durante el curso normal de su desarrollo, cuando el discípulo aprende a dejar su cuerpo voluntariamente e irse al otro lado, a las regiones superiores. En esa forma, al entrar en las regiones de la llamada muerte, con plena conciencia y con gran alegría, desaparece el miedo a ella.


Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos y conoceréis la verdad. Y la verdad os hará
libres. (Juan 8:31,32)
 


El significado pleno de este pasaje no puede comprenderse hasta que, elevándose sobre la Verdad, se cruza el umbral de los planos superiores. Solamente entonces se puede conocer la verdad y sólo cuando se conoce la verdad se puede ser libre. Conocer la verdad y obtener la liberación son partes de un mismo proceso. Al elevarse a los planos superiores, se libera el alma tan naturalmente como cuando se evita el trabajo de caminar por el suelo, al remontarse al cielo en un avión.


Yo soy la luz del mundo. Aquél que me sigue no andará en tinieblas,

sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)


Cada uno de los Maestros es la luz del mundo. Trae con él la luz del Eterno. Si alguno concentra su atención en el Maestro y camina en su luz ya no puede haber oscuridad en él. Si el discípulo abre las puertas de la luz en sí mismo como le instan a hacerlo los Maestros, camina sin obstrucciones hasta el Reino de los Cielos. Pero sólo puede llevarse a cabo con la luz del Maestro vivo. Era esta verdad elemental la que Jesús estaba tratando de inculcar.


En verdad, en verdad os digo que el que no naciere de
nuevo no puede ver el Reino de Dios. (Juan 3:3)

 
Una vez, más, hay aquí un pasaje muy importante que ha quedado en la oscuridad entre los Cristianos, aunque todos los hombres siguen escribiendo libros acerca de él. Significa simplemente ser traídos a la luz desde la oscuridad, de la ignorancia a la iluminación, de la ceguera a la vista, por medio de la acción de la Corriente interior de la Vida. Esto se explicará más ampliamente en la sección que trata especialmente del Shabd.


Dejad que los niños se acerquen a mí y no lo impidáis,
porque de ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que
el que no reciba el reino de Dios como un niño no entrará
en él. (Marcos 10:14,15)
 


No hay posibilidad de que nadie pueda llevar una carga de vanidad a través de las angostas puertas de la Luz.


Si tuviérais la fé del tamaño de un grano de mostaza, le
diríais a esa morera: Desarráigate y plántate en el mar; y os
obedecería. (Lucas 17:6)


¡Qué bien conocen esta verdad todos los yoguis del mundo! Y es mucho más cierto en el caso de los grandes Maestros. Puede realizarlo cada uno de los discípulos de un gran Maestro que haya hecho un mínimo de progreso en el Sendero. No hay necesidad de una serie de elucubraciones mentales para encontrar solución a esta afirmación de Jesús. Acéptese como está. Es una verdad gloriosa. Pero la gran dificultad es que los cristianos practicantes han perdido el método para hacerla una realidad. Tienes que acudir a un Maestro vivo para obtener el secreto.


Algunos de los que están aquí no probarán la muerte hasta que
vean el reino de Dios. (Lucas 9,27)


Esta última cita se ofrece aquí con un propósito especial: para demostrar que Jesús esperaba que sus discípulos, o por lo menos algunos de ellos, entraran en el reino interior durante su vida, lo mismo que todos los Maestros esperan que sus discípulos lo hagan. Esto demuestra definitivamente que Jesús tenía conocimiento de la corriente del Sonido y tenía un sistema de yoga que les permitía entrar dentro de sí mismos durante esta vida.


Creemos que los ejemplos anteriores de las enseñanzas de Jesús serán suficientes para manifestar su sentido general. Su religión fue ahogada casi al nacer por el súper entusiasmo de sus ayudantes. Si la vida y enseñanzas de Jesús no hubieran sido cubiertas de dogmas y supersticiones, hubieran proporcionado a todos los tiempos un ejemplo ilustre de la Sabiduría Oriental. En lugar de ello, ofrecieron un hábil sustituto, mucho después de los días en que vivió Jesús, bautizándolo con gran pompa y ceremonia.
 

 

 

 

 

 

19. La Iglesia Necesita Un Maestro Vivo

 

 

Para concluir esta discusión sobre la religión Cristiana, dejemos de lamentamos de la pérdida de prestigio que sufren hoy en día las iglesias Cristianas. Es una buena señal; presagia un día en que la luz aumentará. Lo que la Iglesia necesita ahora es volver a descubrir a su propio Maestro, pero la clave para ese descubrimiento está solamente en las manos de un Maestro vivo. ¿Recurrirán a él? El dogma teológico, el ritual esmerado y las meticulosas ceremonias ya no pueden llamar la atención de la gente que piensa.


Pero el amoroso Jesús es ahora una estrella más brillante en el firmamento del pensamiento que cuando estaba en la cruz del Gólgota. Entendiéndolo como un verdadero Maestro espiritual, puede uno apreciarle y amarle; pero pensando en él como el prodigio teológico de la Iglesia, se hace imposible comprenderle. La luz brilla con un esplendor que no ha empañado el tiempo, si es que podemos verlo sin el dogma teológico, Pero es una lástima que no sea comprendido por los que profesan ser sus seguidores. Son incapaces de verlo despojado de los ropajes teológicos con los que le ha cubierto la iglesia. Ya ha dejado este campo de acción y, por haberlo hecho, no puede tomar nuevos discípulos. Ese trabajo está en manos de sus sucesores.


Los estudiantes deben mirar ahora hacia el Maestro vivo, que es el único que puede iniciarles y elevarlos hasta las regiones de la luz. Si has encontrado solaz contemplando a Jesús en tu imaginación, pon tu destino entonces en manos de un Maestro vivo a quien puedas ver y oír su voz y con el que puedas caminar por el Sendero de la liberación. Ven directamente con el Maestro vivo y te enseñará el camino. Las puertas se abrirán de par en par para el que llame adecuadamente.


Finalmente, permíteme decir que tu no entenderás la vida y enseñanzas de Jesús hasta que no acudas a un Maestro vivo. Podrás mostrar diplomas de todas las escuelas teológicas de la Cristiandad, pero no comprenderás la vida y el método de Jesús hasta que lo aprendas de un Maestro vivo. Si deseas ser admitido en este reino interior de luz tan insistentemente invocado por el humilde predicador de Galilea, lo obtendrás únicamente con la ciencia de los Maestros y bajo la dirección de un Maestro vivo. Pero, mientras la Iglesia abrace una imagen eclesiástica de Cristo, será extremadamente difícil que la abandone un tiempo suficientemente extenso como para descubrir al verdadero Cristo.


Esta semana recibí una carta de un buen misionero. En síntesis, me decía que había sabido por experiencia propia que Jesús era su Señor y que yo no podía haber tenido una experiencia así, o nunca le hubiera dejado. Por lo tanto, yo nunca había sido un verdadero Cristiano. Esta carta, demuestra dos cosas: primera, que el buen misionero estaba completamente saturado del dogma teológico de San Pablo y que ésta le había coloreado tanto la visión que no podía ver ningún otro sistema. Segunda, que basa en sus sentimientos su "conocimiento por propia experiencia de Jesús como su Señor". No había visto nada, no había oído nada, pero tenía mucho sentimiento. Durante un largo proceso de sugestión en temprana y luego madura edad, ha superinducido un apego emocional a una figura imaginaria y a ese apego emocional le llama su "conocimiento experimental".


Yo tengo la misma experiencia. No estoy hablando ignorantemente de esas cosas. Ni tampoco hablo a la ligera de un apego así. Sé cuánto significa para aquéllos que aún lo sostienen. Yo tenía todo el sentimiento, toda la adoración emocional que haya advertido en cualquier otro. Estaba tan completamente "convertido" como cualquiera. Yo predicaba a Jesús como mi "Salvador Crucificado" con tanto convencimiento y sinceridad como pudiera hacerlo otro pero, después de muchos años de estudio y análisis crítico, me encontré con que el sistema entero no aguantaba un análisis y que mis propios sentimientos no eran prueba suficiente de la realidad de mi fe.


Desde entonces he conversado con muchos hombres de diferentes credos y encuentro que todos ellos tienen sentimientos, que alegan como pruebas positivas de sus religiones. Un devoto Musulmán me dijo recientemente que "sentía en su alma que el Profeta estaba con él diariamente y que le estaba, guiando hasta el verdadero Dios, "Alá el Misericordioso", En Honolulu hablé con un inglés muy educado, quien me aseguraba que "el espíritu de Buda era del todo suficiente para guiarle en el camino de la iluminación". Sus sentimientos internos eran para él prueba positiva de que el Budismo era el mejor de todos los caminos que conducen a la regeneración espiritual.


Como dije antes, es perfectamente cierto que los sentimientos no son una guía segura. Cualquiera puede tener abundancia de sentimientos para probar lo que se ha imaginado que es. La única guía segura es buscar información que pueda ser corroborada por tres de los cinco sentidos: vista, oído y tacto. Entonces, si lo deseas así, le añades experiencias emocionales. Esta convicción es la que me hizo buscar un Maestro a quien pudiera ver, oír y tocar. A continuación, me encauzó con un programa definido, mediante el cual me enseñó a ver y oír en los planos interiores de luz, independientemente de cualquier sentimiento o emoción.


Fue entonces cuando empecé a caminar viendo y conociendo, no sólo con la fe. (Espero que el lector me perdonará esta referencia personal, pero mi amigo el misionero no podría comprender mi cambio de fe, salvo poniendo a prueba la antigua religión).


El punto principal es que cualquier cosa puede "probarse" con los sentimientos. Una apreciada devota insiste en que ella tiene conocimiento experimental de su Salvador. Un Musulmán o Budista, igualmente devoto, tiene el mismo "conocimiento experimental" de Mahoma o de Buda. ¿Y qué significa todo eso? Que en esos asuntos los sentimientos no son una guía en la que se pueda confiar. Cada religión tiene sus devotos que están idénticamente seguros de su "conocimiento experimental". En el Sendero de los Maestros, sin embargo, el estudiante entra en los mundos súper físicos de la realidad con plena consciencia, aún más, con súper consciencia, más despierto que en este plano. Allí contempla al Señor Radiante, oye la música encantadora de esos planos superiores, conversa libremente con su propio Maestro en ese plano donde todo engaño es imposible y allí llega a saber, no a creer. Si ha sido Cristiano y todavía devoto de Jesús, tiene la oportunidad de encontrarle en persona en esos sublimes planos y hablar con Él. Y esto no es una reacción emocional. Es un genuino "conocimiento experimental".


Por último, debe tenerse en cuenta que nadie tiene que abandonar su devoción hacia Jesús para caminar por el Sendero de los Maestros vivos. Por este camino se convierte, de hecho, en un mejor Cristiano, porque llega a entender al verdadero Jesús y no al que hicieron los hombres. Si alguien hace la objeción de que no puede tener dos maestros, le diremos que nadie que entienda este sendero pretendió nunca eso. Este escritor ha vivido durante el reinado de cinco soberanos británicos diferentes y puede ser que conserve un sentimiento de admiración y profunda consideración por alguno de los cuatro que desaparecieron. Profeso lealtad al que ahora ocupa el trono, mientras me halle bajo la protección de su bandera, pero eso no implica que ahora sea devoto de cinco reyes británicos. Mis relaciones, como súbdito leal, son para el que está vivo actualmente.


De igual manera, a nosotros sólo nos concierne el Maestro que está ahora vivo o, al menos, el que vivía cuando recibimos la iniciación. No hay posibilidad de tener ninguna relación con el Maestro que nunca vimos, como tampoco podemos ser ahora súbditos leales de un emperador que desapareció hace mucho tiempo de este plano de acción, Ser súbdito leal del emperador reinante no implica ninguna deslealtad ni falta de amor o devoción hacia el que ya se ha ido. Tampoco la devoción hacia un Maestro que vive implica ninguna falta de amor hacia el Maestro que ya partió. Por la misma naturaleza del caso, no podemos tratar con Él, excepto como un querido recuerdo, mientras estamos en el plano terrestre y El se halla en algún otro plano de los mundos celestiales, allá arriba.