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5. La Fe de Zoroastro

 

 

La fe Zoroastriana fue fundada por el gran sabio de Persia o Irán, Zoroastro, o, para decirlo más correctamente, Zaratustra, quien vivió 600 o 1.000 años A.C. Se le atribuye la religión de los Magui o Magos, aunque indudablemente las enseñanzas y prácticas de los Magos fueron una modificación, hecha mucho más tarde, de las enseñanzas reales de Zoroastro. Sus representantes actuales son los Parsis de la India, a quienes algunas veces se les llama adoradores del fuego, aunque incorrectamente. Esto es debido a que consideran al fuego, especialmente al sol, como símbolo del Supremo. Al fuego se le considera como un símbolo muy apropiado de Dios, por muchas razones, y este simbolismo contiene una gran riqueza de pensamiento. El fuego lo convierte todo en sí mismo. Las llamas siempre tratan de ascender hacia el cielo. El fuego es el gran purificador, que destruye todo lo que no es digno de perdurar. También sugiere esa pureza de corazón que, por sí sola, puede prepararle a uno para ver a Dios. Jesús y todos los Maestros están de acuerdo con ello. El fuego también cuece la comida que nos nutre, lo mismo que el Bendito Shabd nos da el alimento espiritual apropiado que cada uno requiere. Así como el fuego nos calienta cuando tenemos frío, la Divina Corriente nos da vida, luz y calor, lo que significa amor. Este hermoso simbolismo incluye mucho más, si queremos proseguir con la cuestión.


La colección de las escrituras sagradas de Zoroastro y las de sus primeros discípulos, componen ahora el Zend Avesta, la Biblia de la fe de Zoroastro. Después de haberse ido el gran Maestro, un grupo de seguidores de Zaratustra formaron lo que llegó a conocerse como los Magos o los Sabios de Oriente. Estos Magos fueron probablemente los sufíes originales. De ellos partieron los mensajeros que fueron a ver a Jesús cuando nació, puesto que todos los hombres realmente magos saben cuándo va a venir otro Mahatma (Gran Alma).
 

El Zoroastrismo prevaleció sobre los antiguos dioses de Babilonia y Nínive, desde tiempos de Ciro, aunque fue declinando gradualmente. Cuando se lava y se pasa por un tamiz, quitándole todas las adherencias, se encuentran muchas verdades, como pepitas de oro, en las enseñanzas del noble Iranio. Y esto es lo que lo une definitivamente con la labor de los Grandes Maestros. En cuanto a que si Zaratustra mismo era un Maestro verdadero o un Santo, la mejor manera de contestarlo es invitar al lector a ir con el Maestro que vive actualmente, quien le dará el método mediante el cual podrá averiguarlo por sí mismo, sin que ni siquiera tenga que creer en la palabra del Maestro. Lo mismo puede decirse de Jesús o de cualquier otra de las grandes figuras de las religiones de la historia. El Maestro puede darle la clave mediante la cual puede ganar el derecho a una entrevista personal con cualquiera de ellos; entonces sabrá con certeza su posición, no solamente durante el tiempo en que vivieron en este mundo, sino también de su situación actual. Puede conocerlos personalmente y conversar con ellos.


Una de las verdades centrales de la fe de Zoroastro es su doctrina de la hermandad universal del hombre. Creen en un Ser Supremo, no obstante lo mucho que se ha afirmado lo contrario. (Su creencia en la dualidad de Dios es solo aparente). El estudiante superficial puede fácilmente caer en el error de creer que enseñan que hay dos Dioses, uno bueno y el otro malo, según las afirmaciones que se encuentran en algunos libros. Sabemos que el gran Zaratustra nunca enseñó una cosa así. La idea de dos seres supremos es contradictoria en sí misma. Ningún Gran Maestro lo ha sugerido jamás. Zoroastro enseñó que el Señor Supremo era Ahura-Mazda u Ormuz y que era el origen y personificación de todo bien. Al mismo tiempo, menciona la existencia de un Poder Negativo llamado Ahriman. Este poder de las tinieblas gobernaba el mundo y era el centro de todo lo que llamamos el mal, la suma, la personificación de todo lo que afecta al hombre de modo adverso. La oscuridad.


Aquí hay una joya que no debe pasarse por alto. Sugiere en gran medida las enseñanzas de los Maestros, porque ellos mencionan frecuentemente la existencia de un Poder Negativo; pero éste está subordinado al Supremo y gobierna sobre las regiones de la mente y de la materia, representando el lado más oscuro de la creación. Esto no quiere decir que sea malo por completo, sino que, en la naturaleza misma de las cosas, lo que nosotros llamamos el mal es inherente a lo negativo, siendo simplemente menos bien.


No hay duda de que esta religión llegó a Persia y sus alrededores como la lluvia que cae sobre la tierra seca. Su acción constructiva llegó durante ese período en que la civilización moderna se encontraba todavía en la cuna de Mesopotamia. Los cimientos de la cultura fueron hechos por los Sumerios y luego por los Imperios Sumerio-Acadios, de índole más semítica, bajo Sargón I y sus sucesores. El primer imperio conocido de la historia tuvo por capital Erech, en la parte norte del Golfo Pérsico. Este imperio se alimentaba de los fértiles valles del Tigris y el Eúfrates. En este valle lucharon muchas tribus y razas por la supremacía, durante un período de cincuenta siglos o más. A este conjunto de poblaciones llegaban constantemente Dravidios, Semitas, Caldeos y Arios, siendo estos últimos en su mayoría Medos y Persas. El viejo imperio asirio cedió su lugar al nuevo orden cuando cayó Nínive en manos de invasores más poderosos, en el año 606 A.C.


Fue por esta época cuando apareció el gran santo o sabio Zoroastro, pues cuando las enseñanzas de los Maestros se oscurecen y corrompen, viene un nuevo Maestro. En Mesopotamia, una veintena de tribus en discordia, de lenguas confusas y costumbres antagónicas, encontraron una nueva y unificadora influencia en la filosofía de Zaratustra. El gran mensaje de todos los tiempos encontró una nueva expresión. Cuando Ciro el Grande estableció un vasto imperio sobre las bases de la nueva cultura, preparó el camino para que el impetuoso Alejandro extendiera su influencia hasta los más remotos confines del mundo conocido. Aunque era un degenerado, había sido preparado para esa misión en particular con las enseñanzas de Platón. De ahí que el principal servicio que prestara Alejandro a la humanidad fuera romper la vieja costra del pensamiento del mundo o, mejor dicho, del no pensar y, después, preparar el terreno del mundo intelectual para plantar la nueva semilla. Ésta iba a ser la sabiduría de Zaratustra, Sócrates, Aristóteles y Platón, cada una de las cuales llevaba en su interior los gérmenes de la Sabiduría Oriental. Digan lo que quieran, pero una de las cosas que ha dado vida y perpetuidad a la filosofía de los maestros griegos es el hilo de oro interior de la Sabiduría Oriental, la Sabiduría de los grandes Maestros Orientales.


Sin embargo, antes de aparecer Alejandro, las purísimas enseñanzas de Zaratustra habían sufrido ya los cambios degenerativos usuales, por lo menos hasta cierto punto. Cuando la filosofía de Platón y Aristóteles se diseminó a través del Mundo, la religión de los Magos ya había sido cubierta de gran número de ceremonias sin sentido y prácticas corruptas. Al nacer Alejandro, su madre estaba impregnada de ese veneno de supersticiones Mágicas. Pero el gran iranio ya había acabado el gran trabajo que había venido a hacer. Sus enseñanzas habían dado un nuevo ímpetu a la filosofía y a la religión. Habían forzado a las mentes cerradas de las masas a pensar un poco. Toda la civilización futura se beneficiaría con su influencia bienhechora. Es así como el pensamiento, la filosofía y la religión renacen de época en época, como se afirma en el Gita.


Pero hay algo en relación con esto que no debe pasarse por alto: Cuando cualquier Maestro sale de su campo de acción, las puertas del Reino de los Cielos se cierran automáticamente para los nuevos seguidores, en lo que a él concierne. Al principio, parecerá extraño y aun injusto, pero no lo es, porque a cada Maestro le sigue otro en sucesión y todos los que ya estén preparados pueden irse con Él. No debemos olvidar que este mundo nunca está sin un Maestro y que todos aquéllos que estén "debida y verdaderamente preparados, que sean dignos y que den la medida", irán hacia Él.


El resto son, entonces, como las cinco vírgenes necias, que no traían aceite en sus lámparas. Siempre y dondequiera que los hombres van tras los credos, sacerdotes y organizaciones, puede ser que encuentren alguna forma de religión; pero nunca encontrarán el Camino para entrar al Reino de Dios, del que hablan todos los Grandes Maestros. Sólo un Maestro vivo tiene
la llave de ese Reino y únicamente él puede ayudar al estudiante a entrar por ese camino. En la religión del noble iranio debe ponerse énfasis en dos o tres características, porque tienen una relación muy estrecha con las enseñanzas de los Maestros. Su más sublime ideal, su más alto concepto de la vida perfecta, se expresó en su Avesta con la palabra Asa, que, en terminología védica, equivale a "Rita". Está estrechamente relacionado con el Dharma Hindú y con la palabra Musulmana Islam. Su idea central es la rectitud, una vida en completa armonía con la Gran Ley, queriendo decir, fundamentalmente, en armonía con Dios. Al Padre Supremo, al que da las leyes, al que da la vida, le llama Asura Pita Nah, lo mismo que Ahura-Mazda. El modo de acercarse a Él era Ash, o sea, el Camino de la Rectitud. De sus sagradas escrituras viene esta declaración inequívoca: "No existe nada más que el Creador, Ahura-Mazda; todo emana de Él y al final se integra de nuevo en Él".

Así enseñó un monoteísmo definido. Este Ser Supremo no tenía forma, estaba en todo y más allá de todos los atributos conocidos por nosotros (como el Nirguna Ishwara).

De acuerdo con Zaratustra, hay seis maneras diferentes, por las cuales el Ser Supremo se da a conocer a los hombres. Se llaman también rayos de luz del Supremo. Se habla de ellos algunas veces como si fueran personalidades, -"Amesh-Spenta"-, Santos Inmortales, y son:

 

1. Asa-vahista, la Voluntad Suprema, manifestada al mundo.
2. Vohu-Mano, la mente buena, la divina sabiduría, la pureza mental.
3. Khashathra-Vairya, el poder que lo crea todo y lo mantiene todo.
4. Spenta-Armaiti, la piedad perfecta con una devoción única en la mente.
5. Haurvatat, totalidad absoluta, perfección, espiritualidad.
6. Ameretatat, vida inmortal, liberación de la muerte o disolución.

Estos seis representan las cualidades, tanto paternales como maternales, de Dios. Las primeras tres, la naturaleza paternal del Supremo, y las últimas tres la maternal. Si unimos a estas seis la gran figura central de Ahura-Mazda, tendremos el séptuplo Señor, como enseñanza del profeta Zaratustra.
 

Para los estudiantes del Camino Real de Sant Mat hay una cosa más en el sistema de Zaratustra que es de peculiar interés. Además de los siete rayos del Divino arriba mencionados, menciona otro rayo o poder, al cual llama Shrahosha o Sraosha. Este nombre viene de la raíz Sánscrita Sru, que significa oír. Esto es muy significativo. Es bastante claro para el discípulo de los Maestros que este Rayo Divino es algo que puede oírse. Por supuesto, se refiere al Shabd Dhun de Sant Mat. No puede ser otra cosa. Es la Corriente Audible de la Vida de los Santos y podemos muy bien inferir que este importante hecho no era desconocido para Zaratustra. Tal vez, si dispusiéramos de sus enseñanzas en toda su pureza, se encontraría que había hecho de este Sraosha su tema central. Dice claramente que esto es lo supremo que debe buscar y cultivar el hombre. Afirma que, cuando uno alcanza plenamente el Sraosha, aparece ante él el camino de la salvación, eliminándose toda obstrucción. Esto está absolutamente de acuerdo con las enseñanzas de los Maestros.


En una oración compuesta por el mismo Zaratustra (ver el Zend-Avesta), dice así: "Oh Mazda, que Sraosha vaya, junto con Vohu-Mano, hasta la persona a quien tú amas".


De esta manera, pone énfasis en Sraosha como algo de suprema importancia. Una vez más, ello está en perfecta consonancia con el mensaje de los Santos. El Señor Supremo siempre pone en contacto con el Bendito Shabd a la persona a quien ama y, entonces, se purifica su mente, después de lo cual es conducida hasta su propio hogar. Todos los Santos están de acuerdo en que la Corriente Audible de la Vida es el único sendero de purificación de la mente y del acercamiento final a Dios. Es otro simple ejemplo de cómo todas las religiones del mundo, cuando se las entiende apropiadamente, apoyan las bases fundamentales de Sant Mat.


Ya se ha hecho referencia a la manera como el Zoroastrismo explica el problema del mal. Armonizando con el sistema de los Maestros, el iranio enseñó la existencia de un poder negativo que gobernaba las regiones de la mente y la materia, como subordinado del supremo Ormuz. Esto colocaba al mal en la categoría de negación pura. Carece de existencia real. Es una luz inferior. Cuando hay abundancia de luz no hay sombras y en la completa oscuridad tampoco las hay. Lo mismo sucede con el mal. Los Maestros ven el mal solamente como una sombra, como un estado de imperfección, una fase del crecimiento, tal vez una necesaria concomitancia de la evolución. En nuestra ignorancia, creyendo que la oscuridad es algo real, andamos a tientas en las sombras. Pero es solamente una negación. El hombre que nunca haya visto ni nunca haya oído hablar de la luz no puede sospechar que está en la oscuridad. La oscuridad es normal para él. Lo mismo sucede con el mal. Sentimos la pena del mal solamente al saber que hay un bien mayor.


Para resumir toda la filosofía del mal, debemos llegar a la conclusión de que es un hecho que no existe eso que llamamos el mal. El mal como realidad es filosóficamente impensable y ahí debe finalizar el asunto, en lo concerniente a la metafísica. La presunción de que el mal es una realidad ha causado mucha confusión en la filosofía y en la religión. De nada sirve negar la dificultad; debemos suponer que, si el mal existe, Dios es el responsable. Eso nos coloca en un laberinto de dificultades filosóficas, de las cuales no parece haber escape. Puestos contra la pared ante este hecho inflexible, muchos pensadores han declarado que Dios no existe. ¿Cómo puede haber un Dios bueno a cargo de un mundo lleno de desolación y pecado? Solamente la filosofía luminosa de los Maestros elimina esa dificultad. En un universo creado por un Dios que es todo Sabiduría, cuya esencia fundamental es la bondad y el amor, no hay lugar para algo como el mal. Simplemente no existe: solo hay muchos grados de bien, de luz. En su aspecto final, no hay nada malo en el mundo, ni hay pecado ni faltas en nadie. Si algo se vé así, se debe únicamente a nuestro limitado entendimiento.


Pero ¿qué es eso que tanto nos preocupa? ¿Qué es eso que llamamos el mal? Sea lo que sea, aparentemente es algo muy real para nosotros. La respuesta es que, para nosotros, el mal es cualquier cosa que no nos gusta. Por supuesto, es un punto de vista estrecha y egoísta y solo este ego intruso es el que nos juega malas pasadas en nuestro modo de pensar. No obstante, esa es la manera usual de ver las cosas.

 

A un niño pequeño no le gusta que le interrumpan el juego para lavarle la cara. Para él eso es malo. Grita su descontento, desobedece a su madre y tiene que ser castigado. Para él eso es otra cosa mala; no ve nada sino maldad en ello. Para él, el mundo entero es un teatro de maldad, simplemente porque incluye muchos "noes" y muchos lavamanos. Un hombre se deja llevar por las pasiones y comete un crimen. Tiene que ir a prisión. Para él la prisión es un mal, pero para la sociedad la prisión no es ninguna cosa mala. A un hombre le sale un abceso en el apéndice; tiene que ir al hospital y someterse a una operación. Puede que le sea difícil decidir cuál es el mal mayor, la enfermedad o la operación. Para él una cosa es tan mala como la otra. Pero la sociedad considera a los hospitales una verdadera bendición. Todo depende del punto de vista de cada uno y ésa es la clave de toda la cuestión. Un hombre, que era muy cruel con su esposa y sus cinco hijos pequeños, muere en un accidente. Para su esposa su muerte es un golpe terrible, puesto que deja en sus manos una carga intolerable. Para ella su muerte fue un mal, una calamidad. Pero, mirándolo imparcialmente, desde un punto de vista superior, su muerte era probablemente lo mejor que podía haber sucedido, no solamente para la familia, sino también para la sociedad. Las cosas son malas solamente cuando se aprecian desde un punto de vista egoísta y estrecho. Pero no podemos continuar con este asunto más tiempo por ahora. Los Grandes Maestros resumen toda esta cuestión diciendo: "Lo que haga el Señor, es lo mejor". Desde el elevado punto de vista del Ser Supremo, no hay nada que pueda considerarse el mal, puesto que Él sabe lo que es mejor para todos.


Puede resultarnos sugerente recordar que el hombre es atraído al Sendero del amor y la luz solamente por medio de una amarga experiencia. Mientras más pronto llegue a ese cambio, mejor, aun cuando se requiera mucho sufrimiento para imprimir la lección en la mente del individuo o en las mentes de la raza entera. Y a menudo sucede que, mientras más agudos son los sufrimientos de los hombres, mejor es para ellos. Entonces resulta que el sufrimiento es una bendición encubierta. Estamos en lo cierto al afirmar que todo lo que los hombres llaman "el mal", lo que implica sufrimiento de cualquier clase, tiene como objetivo final atraer al que sufre hacia el Sendero del Amor. Eso significa el Sendero de los Maestros. Cuando entramos definitivamente en ese Sendero, toda semblanza de mal desaparece, igual que la noche huye ante el sol naciente. Si no hubiera otra razón en el mundo que justificara la presencia del sufrimiento, esta única parecería suficiente. Es igualmente cierto que, tan pronto como todos los hombres, toda la raza humana, llegue al sendero del amor, el mal desaparecerá del mundo.


Ésta es, al menos, una solución racional al problema del mal. Ésta es la tesis: el mal, el sufrimiento en cualquiera de sus formas, tiene como objeto primordial impulsar a la gente a dirigirse hacia el sendero del amor. No lo estamos manifestando como palabras del Maestro, sino como una sugerencia. Pueden haber también razones más profundas pero, en todo caso, podemos estar seguros de que el plan de la vida humana, incluyendo lo que los hombres llaman el mal, es el mejor plan posible para la raza humana, bajo las condiciones actuales. Vamos a permitirnos hacer una sugerencia: nuestra opinión es que los gérmenes, las bacterias, existen aquí para colaborar a la disolución, eliminando a los débiles dentro de una especie y estas bacterias no tendrán éxito al atacar a los que estén fuertes y sanos. Puede que parezcan un mal, pero no lo son. Muchas otras cosas son malas en apariencia, a causa de nuestra ignorancia en lo que concierne a cuál es su lugar apropiado en el esquema general.
 

 

 

 

 

 

6. El Budismo en India

 

 

Gautama Buda apareció casi simultáneamente con Zaratustra en Persia y Confucio en China. Lao Tse también perteneció al mismo período. Era un tiempo de despertar en la historia del mundo. Siempre, cuando el tiempo está maduro para ser escuchados, aparecen los sabios. ¿Qué impresión hubiera causado Emerson a la gente incivilizada? Los Santos siempre aparecen cuando hay una buena oportunidad de que se les escuche y ahora hay más Santos manifestándose que nunca antes. Cuando haya gente preparada para recibirles, vendrán más.

 

Algunas veces nos preguntan por qué no han venido Santos a los grandes centros Europeos o a América. La respuesta es que acudirán cuando la gente esté preparada. Se dice a menudo que, entre aquella población, hay ciertamente muchas personas buenas, probablemente aun mejores que los que vienen a la India con los Maestros; y puede ser que sea así. Pero la bondad moral no es el único mérito para conocer a un Maestro. Con certeza, los grandes intelectos no son tampoco requisito principal. Las condiciones fundamentales para encontrar a un Sat Guru genuino son: humildad, amor y estar libre de las ataduras de las religiones. Si un alma no reúne nada más que esos tres requisitos, está próxima al Sendero de los Maestros. Se necesita algo más, sin embargo, además de esas tres cosas: debe haberse ganado ese derecho durante la vida presente o en vidas pasadas. Si el karma del pasado no es suficientemente bueno, si no se ha ganado esa suprema buena fortuna, no puede conseguirse, a pesar de la santidad que se alcance en esta vida. Pero si una persona es particularmente digna durante esta vida, eso significa que es casi seguro que encontrará un Maestro en la siguiente.


Hoy en día, en este Yuga, hay más oportunidades que nunca de que los Maestros se hagan oír y acude más gente hasta ellos. Cuando haya más gente preparada, vendrán más Santos a diferentes partes del mundo. No puede haber iluminación posible hasta que la gente esté suficientemente despierta para escuchar al Maestro. Esto es evidente.


Las facultades superiores duermen durante siglos y siglos. Los hombres viven como animales. Puedes gritar el divino mensaje en sus oídos y solo lograrás incomodarles. No quieren que se les perturbe. Probablemente te echarían o te matarían. No pueden oír lo que les dices. Están embelesados con la sensualidad, mientras que sus instintos espirituales están cubiertos de escombros. Intentar iluminarlos es solamente una pérdida de tiempo y ésa es la razón principal por la que los Maestros no han ofrecido su mensaje a todo el mundo. Simplemente, no pueden hacerlo; la gente no lo aceptaría. Cuando viene un nuevo Maestro, se ve siempre obligado a adaptar su mensaje a la capacidad de la gente. No siempre puede darles su mensaje completo, pero la gente recibe al menos un pequeño relámpago de luz, unos cuantos destellos de la verdad. Las enseñanzas, aun cuando no sean las más altas, dan un nuevo impulso a la rectitud en el modo de vivir y de pensar. Es un paso más hacia la meta. Gradualmente se prepara el terreno para la venida de un nuevo Santo que pueda proporcionarles las más altas verdades. La historia se repite entonces una vez más. Después de que el Santo se marcha, sus enseñanzas se corrompen y olvidan con el tiempo.


En la época en que apareció Buda, la India sufría de estancamiento en el Brahmanismo. La vida en el país era medianamente segura desde la gran invasión Aria. Es la bendición que da un gobierno fuerte. Aun cuando sea un gobierno extranjero, da seguridad al país en contra de invasiones extranjeras y lo pone a salvo de luchas internas. De modo que la India, bajo el primitivo régimen Ario, tenía paz y seguridad. Pero cuando la gente se relaja durante un largo período se vuelve gorda y perezosa. El pueblo de la India llegó a ser bastante próspero, pacífico, feliz, soñador y perezoso. Los sacerdotes crecieron en número y poderes. Especularon y, por supuesto, recogieron sus ganancias. Muchos de ellos llegaron a ser bastante ricos. Los rajás les donaron grandes fortunas y luego volcaban sobre ellos sus propios pecados y preocupaciones y se iban de caza mayor a las selvas. La gente del pueblo contaba historias de amor, comía dulces y se acostaba a dormir. Se despertaba al día siguiente para hilar teorías más sutiles, hacer el amor y comer.


En este género de vida apareció el noble príncipe del clan Sakya, de nombre Siddharta, quien después llegó a conocerse con el nombre de Gautama Buda. Nació 650 años A.C. aproximadamente. Desde los jardines del palacio de su padre podía ver las nevadas cumbres de los Himalayas, mientras el resto de la India, ardoroso y polvoriento, se extendía en la lejanía hasta Ceilán, que en aquel tiempo se llamaba el Dorado Lanka. Durante sus primeros años fue cuidadosamente protegido hasta de la vista de todo mal o cosa desagradable. Pero después, cuando se dió cuenta de que existían la vejez, el sufrimiento y la muerte, resolvió buscar un escape de ese dolor, no sólo para él, sino también para toda la humanidad. Era una aventura ambiciosa, pero noble. Dejó el palacio de su padre y a su hermosísima esposa e hijo y, montando su blanco corcel en la quietud de la noche, mientras todo el palacio dormía, se lanzó "en busca del Camino": el Camino, el Tao de la liberación. Después de seis años de rígido ascetismo, penosas luchas y hondas meditaciones, llegó la luz a su visión interior y se convirtió en el gran apóstol de la Iluminación. Había encontrado el Camino, el Sendero. Ario, como él le llamó. Se llenó de gozo, entonando cabalmente el triunfo. De este modo, el iluminado príncipe comenzó a enseñar. El Parque de los Venados, en Benares, vibró con su inspirada voz, revelando a todo el que llegaba las "Cuatro Grandes Verdades", el "Octuple Sendero".

 

 

 

 

 

 

7. Un Sacrificio Innecesario

 

 

En el mundo actual, el Budismo tiene más seguidores que cualquier otra religión y esos millones de personas consideran los sacrificios de Buda como el ejemplo más noble de amor desinteresado jamás manifestado. Es verdad que la grandeza de ese sacrificio nunca se sobreestimará, hermoso más allá de las palabras. Pero, a la luz de las enseñanzas de los Maestros, sabemos que ese sacrificio fue absolutamente inútil. Fue innecesario hasta para su propia iluminación, porque podría haber ganado plena y completa iluminación en su propia casa. El ascetismo no es necesario para el desarrollo espiritual, como Buda mismo descubrió después de muchos sufrimientos.


La salvación es un problema espiritual. En este mundo cada uno debe encontrar el Sendero y caminar por él por sí mismo. Nadie puede hacerlo por otro, como tampoco nadie puede comer por ningún otro. La Ciencia de los Maestros aclarará todas estas cosas al estudiante y en cada época ha habido un Maestro capaz de señalar el Camino para conseguir los más altos logros. Pero el Budismo fue propagado con éxito y, así, llegó a ser conocido en todo el mundo mediante el sistema de monjes misioneros enviados por el Maestro.


Los Maestros enseñan que cualquier sistema o religión que no pueda ser practicado por toda la humanidad no es una parte esencial o componente de una religión verdadera. Si una ciencia espiritual ha de ser útil para todos los hombres, debe ser una ciencia universal. Si no es apropiada para todos, bajo todas y cada una de las condiciones de vida, entonces no es universal. El papel del monje asceta, del ermitaño, del Sadhu errante, puede ser espectacular, pero no es espiritual. Vestirse de un modo distinto y separarse del resto de la humanidad puede ser halagador para cierto tipo de vanidad, pero no es espiritualidad. No es parte de una religión universal. Cualquier cosa que no pueda formar parte del régimen diario de vida de todos los hombres no puede ser un elemento esencial de ninguna religión, la cual debe considerar a la humanidad como un todo.


Los Maestros enseñan que las austeridades son una pérdida de tiempo y de energía y conducen, si acaso, a aumentar la vanidad. Es cierto que los Maestros a menudo pasan vibraciones, impuestas por ellos mismos, y que en el pasado han sufrido persecuciones y muerte. Pero no torturan a propósito su propio cuerpo, ni soportan penalidades innecesarias por exhibicionismo. Los Maestros diseñan un método definido, por medio del que cualquiera puede obtener la iluminación interior tan segura y completamente como Buda. Unas pocas horas diarias dedicadas a hacer los ejercicios adecuados que señala el Maestro conducirán, a su debido tiempo, a la iluminación interior con seguridad absoluta. Y lo hermoso de esto es que, no solamente uno o dos individuos aislados y excepcionales en la historia pueden encontrar el Sendero, sino que pueden alcanzarlo innumerables cientos y miles de hombres y mujeres. Bajo la dirección de uno de los más grandes Maestros, lo están haciendo ahora mismo, como puede atestiguar el que suscribe. El camino está abierto para muchísimos más. Si Buda ganó algo para justificar su sacrificio, fue recuperar parte del conocimiento del Sendero, el cual estaba casi enteramente perdido entre su gente.


No puede haber duda de que en el Budismo esotérico se muestra el conocimiento de la Corriente del Sonido. Pero ¿cuántos Budistas conocen ese Sendero hoy en día? En la actualidad, el mundo se encuentra más o menos donde se hallaba antes de que viniera Buda, en lo concerniente a espiritualidad. ¿Qué es lo que logró su heroico sacrificio, salvo fundar otra religión? La ética del Budismo es buena, proporciona uno de los mejores códigos morales, sin embargo las mismas cosas ya se habían enseñado antes y, desde entonces, se ha venido enseñando en otras religiones. Pero la ética por sí sola nunca abrió el Camino hacia los reinos interiores. La ética puede limpiar la mente y prepararle a uno para llamar a la puerta interna, pero nunca abrirá esa puerta. Eso lo puede hacer solamente uno de los grandes Maestros.


El saber que el dolor existe y que la causa de la tristeza es el deseo, no es liberar al mundo del dolor o del deseo. Eso mismo se enseñaba en el Gita de Krishna desde antes de los días de Buda. Si todo el mundo supiera que el dolor nace del deseo, ¿de qué serviría saberlo, a menos que pudiera curarse el deseo mismo? Pero el mundo no tiene con qué curar el deseo, ni tampoco ninguna religión puede curarlo. Solamente los Maestros tienen el remedio, y ese remedio debe ser aplicado individualmente por el Maestro mismo. Leerlo en un libro o escuchar una conferencia sobre este asunto nunca quitará el deseo ni aliviará el dolor. La curación es la Corriente Audible de la vida y puede ponerse a disposición del individuo solamente por el Maestro.


Yo puedo saber que el dolor que siento se debe a la picadura de un escorpión, pero saberlo no me quita el dolor. El budismo puede decir cómo vivir una vida sana, pero pocas religiones, si es que hay alguna, pueden decir cómo ponerse en contacto con la Corriente Audible de la Vida y, de ese modo, escapar del loco torbellino de los deseos. Solamente los Maestros pueden hacerlo. La belleza radica en que los Maestros no solamente hablan de ello, sino que además administran las aguas curativas. No dan una receta o leen un capítulo de un libro, como hacen los doctores y sacerdotes, sino que facilitan la medicina verdadera. La bebes y la vives. Eso es todo en pocas palabras.


La Corriente de la Vida es el único medio de escape de la rueda fatal del eterno ir y venir, desear y sufrir. Ninguna alma puede encontrar su propio camino hasta esa corriente. Pero toda alma que conecta el Maestro con esa Corriente tiene que encontrar su camino y liberarse de todo deseo y sufrimiento. No puede fallar. Es completamente inútil decirle a un hombre que tiene que superar el deseo. No puede hacerlo, a menos que le des los medios apropiados para llevar a cabo esa estupenda labor. Solamente el Maestro puede proporcionar los medios y este hecho explica porqué el Budismo dejó de ser dinámico muy poco después de la partida de su ilustre fundador. La misma suerte han corrido todas las religiones, sin excepción. Siempre tiene que ser así.


El ejemplo de un noble individuo, haciendo un gran sacrificio, atrae la imaginación y la simpatía de la humanidad. El sacrificio de Buda le reportó gran admiración y gran número de seguidores, y lo mismo puede decirse de la muerte de Cristo en la Cruz. Lo lamentable es que toda la gente se fija en el sacrificio mismo en lugar de fijarse en las enseñanzas y en la vida del Maestro, como si aquél fuera el hecho más importante de su vida. Pero Jesús sabía que su muerte en la cruz no era la causa por la que había venido y oró: "Padre mío, si es posible, aparta de mí este cáliz". Pero había atraído hacía sí la ira del Sanedrín al hacer tantos milagros en contra de las reglas largamente establecidas por los Maestros. Finalmente, sus manos y pies sangrantes fueron un poderoso atractivo para conmover al público. La gente influenciada por la antigua doctrina del sacrificio humano, no se preguntó qué se lograría con semejante muerte. Si Jesús mismo se hubiera quedado con sus discípulos durante cuarenta o cincuenta años, podría haberlos perfeccionado en su propio sistema de desarrollo y, finalmente, los hubiera mandado al mundo a ofrecer ese método en su pureza original, tal como lo había recibido de sus Maestros Indios. ¡Cuán infinitamente más rico hubiera sido el mundo con un tesoro como ése, llevado a todas partes por el pueblo semita! La historia del mundo mismo hubiera sido mucho más brillante.


En cuanto a las enseñanzas budistas, tanto las antiguas como las modernas, no creemos que sea aconsejable llenar más espacio aquí para darlas con detalle. Nuestro propósito en este libro no es describir otras religiones, sino mencionar algunas de sus características más destacadas, con el fin de recibir la oportunidad de presentar el sistema de los Maestros por medio de comparaciones. Hay muchos y muy buenos libros que dan excelentes explicaciones del sistema budista.


Mencionaremos algo que es de peculiar interés para el estudiante moderno. El Budismo está recibiendo mucha atención últimamente por parte de cierta clase de estudiantes que están altamente desilusionados del Cristianismo, no sabiendo dónde más acudir, dirigen sus miradas hacia el Budismo, con la esperanza de encontrar en él lo que falta en su propia religión y en las demás. Unos cuantos creen que lo que el mundo necesita ahora es revivir el antiguo Budismo. La historia puede repetirse de nuevo en épocas sucesivas, pero nunca vuelve atrás. El Budismo ya ha cumplido su labor y pasará, como las restantes religiones que tienen que pasar con el tiempo.


El Budismo se encuentra actualmente dividido en dos ramas principales: el Mahayana, o gran vehículo, y el Hinayana, o pequeño vehículo. El primero prevalece en el norte y el segundo en el sur: un ejemplo más de que la religión es, a menudo, solamente cuestión de geografía. La diferencia entre las doctrinas de estas dos escuelas no es vital, aun cuando lo crean así.


La filosofía Budista se ha preocupado de la Realidad y de la relación entre lo real y lo irreal, lo fenomenal y lo noumenal; y la especulación sobre este problema se extiende desde las formas más extremas de realismo, que aseguran que este mundo de fenómenos es la única realidad, hasta las más extremas formas de idealismo, que niegan toda realidad al mundo de los fenómenos. El sendero que va por medio de las dos, el monismo de la escuela Mahayana, ve la existencia como un aspecto de la realidad, siendo lo fenomenal y lo normal solamente dos lados o polos de una trascendental y eterna realidad, que los unifica a ambos.


Todo esto recuerda una de las interminables especulaciones metafísicas de los teólogos cristianos medievales. En marcado contraste con todo ello, contemplad las simples y directas declaraciones de los Maestros, basadas, no en especulaciones, sino sobre lo que han visto y oído y, por tanto, experimentado personalmente: hechos reducidos a una ciencia exacta.