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2. ¿Se Cura la Enfermedad con el Remedio?

 

 

Como remedio para todos estos males, los hombres se han vuelto insistentemente hacia la religión. Pero ¿se han curado de la enfermedad? ¿Hay menos penas y tristezas en el mundo que antes? Lo más que ha hecho la religión es servir de suavizante, de paliativo; en grandes dosis, de algo así como un anestésico. Pero no hay curación. La humanidad, en su desesperación, ha creado religiones para enfriar aquí sus fiebres y para escapar del infierno en el otro mundo.

 

Una conciencia culpable tiene, por supuesto, que suponer que hay alguna clase de infierno. Pero ¿nunca se les ha ocurrido, al leer esto, que todos los infiernos se han creado siempre para los demás? Como las leyes, se crean para corregir a los demás. El sacerdote y el profeta salen de las espesas sombras sosteniendo una vela entre las manos. Los hombres caen a sus pies y los bendicen por esta luz de esperanza. No es exagerado decir que, desde el principio de la historia, han aparecido por lo menos tres mil formas diferentes de religión y cada una de ellas ha sido abrazada ansiosamente por las hambrientas almas. Todo el mundo, enfermo y fatigado, anhela un remedio para sus males. Busca descanso para su intolerable carga, pero ¿encontrará reposo? Eso es lo que sigue preguntándose. Se han dado miles y miles de respuestas a estas preguntas, pero ninguna las contesta... excepto una.

 

Mientras muchos se han vuelto hacia la religión, unas cuantas mentes ultra-científicas han declarado abiertamente que no encuentran nada en la religión. No encuentran rastros de un dios y no sale nada del silencio de más allá de la tumba. Las cenizas de la pira funeraria no murmuran nada de lo que ha sido de la vida que antes las animara. Los hombres tienen que seguir sufriendo y luchando valientemente y luego caer y morir con valor. Ese es el fin. Pero esas almas inciertas pueden sacar provecho de las palabras de Sócrates, de la antigua escuela dialéctica Griega, quien en un momento de humilde entrega, dijo:

 

 "Tal vez lo que no es inteligible para mí no sea por eso irracional. Puede ser que haya un reino de sabiduría del cual se haya desterrado a los lógicos".

 

Y así lo dicen los Maestros. Tal vez haya muchos mundos de sabiduría, de los cuales hasta los más modernos científicos han sido desterrados. Por lo menos, no demuestra mucha inteligencia el que estos científicos aseguren dogmáticamente que dichos mundos no existen, simplemente porque ellos no han sido capaces de verlos. Los Maestros los han visto y están preparados para señalar el camino, de tal manera que cualquier científico pueda verlos, si así lo desea y si tiene la humildad de aceptar las condiciones necesarias.

 

Pero, a falta de conocimientos, las multitudes generalmente se han vuelto hacia la religión. A causa de esta necesidad general, han surgido muchas formas de religión, cada una de ellas esforzándose por ir hacia la luz. Pero una vela es preferible a no tener ninguna luz y, gracias a la infinita misericordia de la Gran Alma Suprema, se han ofrecido al mundo tantas religiones, cada una de ellas cumpliendo su propósito en su día y en su época, cuando la gente no estaba lista para algo mejor. Lo malo de estas religiones ha sido que tienen una deplorable tendencia a seguir en vigor demasiado tiempo después de que la hora en que son útiles haya pasado.

 

Una madre alimenta a su hijo mientras no puede comer alimentos sólidos. Un amor sin límites protege y mantiene a la raza humana y le proporciona, en cada día y época, lo que mejor puede asimilar. Solo cuando llegue el día de su mayoría de edad, se le conducirá al banquete del Rey, que preside el Maestro.

 

Una de las dificultades ha sido que los fundadores de religiones, generalmente hombres de visión espiritual, que han penetrado por sí mismos alguno de los planos sutiles, tuvieron que abandonar el mundo demasiado pronto. Su trabajo no estaba terminado y lo dejaron en manos de discípulos todavía poco preparados, quienes generalmente lo enturbiaron. La vida es muy corta; es muy raro que los discípulos lleguen a ser verdaderos Maestros. Los Maestros dicen a sus discípulos que se han dado cuenta de la realidad dentro de sí mismos, pero, tan pronto como se van, los discípulos comienzan a decir que sienten a Dios en sí mismos. Ahí está la enorme diferencia. Los Maestros ven a Dios; no lo sienten y eso constituye una diferencia esencial. El sentimiento es más o menos ciego y no se puede confiar en él en absoluto. Los Maestros, efectivamente, entran y exploran el reino de los cielos, las regiones suprafísicas pero los discípulos lo leen en los libros y empiezan a hacer especulaciones.

 

Las religiones se han alimentado de sensaciones y especulaciones físicas. Pero, en cada uno de los casos, los fundadores de dichas religiones aseguran que obtuvieron sus conocimientos viendo y oyendo, no sintiendo. Hablan desde un conocimiento personal. De ahí la necesidad siempre recurrente de Maestros vivos. No afirmemos que no hay necesidad de que viva un Maestro. ¿Cómo puede alguien saber que eso no es necesario? Está emitiéndose un juicio sobre lo que no se sabe absolutamente nada. Es fútil alegar que se tiene un libro y que toda revelación está ya agotada. No se encontrará esa afirmación en ningún libro religioso y ¿quién es tan sabio que pueda afirmarlo? Esta es la presunción más inexcusable que ha pasado por la historia. Un enfermo puede afirmar, con las mismas razones, que no necesita un doctor porque tiene un libro que le da la receta. El Maestro vivo es el Gran Médico que diagnostica nuestros casos individuales y luego administra la medicina. Ésa es exactamente la diferencia entre todas las religiones del mundo y el sistema científico de los Maestros vivos.

 

Antes de facilitar las enseñanzas de los Maestros, me parece apropiado y aun necesario, reseñar brevemente las diversas religiones del mundo y tratar de señalar, no sus faltas o debilidades, sino sus mejores elementos y también los servicios que han prestado a la humanidad. Si indicamos accidentalmente algunas de sus omisiones, cuando las comparamos con el sistema de los Maestros, es solamente para poder hacer sugerencias constructivas. Como se dijo en otro lugar, la mejor manera de indicar las diferencias de cualquier cosa es colocarla al lado de algo que es perfecto. La diferencia se hace entonces evidente.

 

No debe condenarse a ninguna religión. Ninguna religión debe denunciarse como falsa. Puede decirse, creemos, que todas las religiones son dones del Gran Superintendente de la historia del mundo. El mundo no va andando a lo loco sin un Director; no seamos tan pesimistas. Tampoco es el demonio el capitán de este barco. No pensemos tan mal de la Suprema Sabiduría. El mundo se ha visto beneficiado por todas las religiones en los días en que éstas tuvieron su comienzo. Si algunos de sus fieles han hecho mal uso de su religión, tal vez no sea culpa de la religión misma. Tampoco debemos condenar o desdeñar a sus valientes y ardientes líderes. Mucho menos, debemos perseguirles a causa de sus creencias. No hay un crimen más grande ni más nefando en la historia que las persecuciones religiosas.

 

Cada período de la historia ha tenido sus propia necesidades peculiares. Generalmente, la religión ha surgido en apariencia automáticamente para llenar esas carencias. Pero no debemos imaginar nunca que cualquier religión es la última palabra. Solamente la Ciencia de los Maestros abarca todo, lo cual es así porque no es una religión. Es el sendero por el cual los hombres, en cualquier época del mundo, pueden entrar al Reino de los Cielos. Es una ciencia que puede demostrarse de nuevo en cualquier tiempo. De esa manera, siempre está viva y fresca, porque está constantemente en contacto con el Origen Fundamental. Cualquier sistema basado en demostraciones científicas tiene que ser el mismo en toda época; los hechos establecidos de la naturaleza no pueden cambiar. El hidrógeno y el oxígeno se han combinado para formar agua desde que las primeras neblinas comenzaron a cubrir las rocas primarias. Y lo mismo ha ocurrido con el método de aproximarse a Dios, que fue establecido por el propio Creador, siempre ha sido el mismo y será el mismo, mientras dure la raza humana o este planeta.

 

Debemos recordar las palabras de Vivekananda acerca de las iglesias y de las religiones en general. No podríamos decirlo mejor, así que citémoslo:

 

El fin de todas las religiones es percibir a Dios como realidad.

 

Y esto no significa que deba uno “sentirlo”. Esa sensación es generalmente el resultado de la sugestión. Dice:

 

Puede haber miles de rayos, pero todos convergen, al mismo centro y éste es la realización de Dios. Detrás de este mundo de los sentidos, de este mundo de eterno comer y beber y hablar necedades, de este mundo de falsas sombras y egoísmos, hay eso que está más allá de todos los libros, más allá de todos los credos, de todas las vanidades terrenales, y eso es darse cuenta de la realidad de Dios en uno mismo. Un hombre puede creer en todas las iglesias del mundo; puede saberse de memoria todos los libros sagrados que se hayan escrito; puede bautizarse en todos los ríos de la tierra. Sin embargo, si no tiene la percepción de Dios, yo le asignaría la misma clasificación que al más cerrado ateo. Y un hombre que quizás no haya entrado nunca en una mezquita ni celebrado ninguna ceremonia, pero que se da cuenta de la realidad de Dios dentro de sí mismo y, por tanto, se eleva por encima de las vanidades del mundo, es un hombre piadoso, un santo o como quiera que se le llame. Añadiré que es bueno nacer dentro de una iglesia, pero es malo morir en ella. Es bueno nacer como niño, pero es malo seguir siendo siempre un niño. Las iglesias, las ceremonias, los símbolos, son buenos para los niños, pero, cuando el niño crece, tiene que escoger:    o la iglesia o él.

 

Puesto que el gran Swami pone tanto énfasis en percibir a Dios como realidad, es apropiado que tratemos de poner en claro lo que eso significa, con exactitud. La mayoría de los escritos sobre este tema son poco claros en sus declaraciones. Esto se debe a que los autores nunca lo han experimentado y tienen solamente una vaga idea de lo que significa.

 

En primer lugar, no es una sensación. Segundo, no es una especulación metafísica ni un silogismo de lógica. Ni es tampoco una conclusión basada en razonamientos ni en evidencia de libros o personas. La idea básica es que Dios debe llegar a ser real para el individuo; no un concepto mental, sino una realidad viva. Y eso no puede ocurrir hasta que el individuo Lo vea. Es necesario ver y oír personalmente antes de que algo o alguien se haga real para nosotros. Yo nunca he visto Montreal; por lo tanto, esa ciudad es para mí solamente un concepto mental. Pero he visto Londres y, por lo tanto, esa ciudad es para mí una realidad sustancial. Para prácticamente todos los hombres, Dios es simplemente una idea abstracta, un concepto mental. ¿Cómo puede alguien adorar y amar a un concepto mental? Cuando la mayoría de la gente dice que ama a Dios, simplemente significa que tiene una cierta emoción súper inducida por la sugestión. Eso no tiene nada que ver con darse cuenta de la realidad de Dios.

 

Ahora bien, el propósito de toda religión es, de acuerdo con el Swami, convertir el concepto mental en algo que realmente se experimenta. Solamente entonces el que adora puede cantar “Cognosco unun Deum Patrem Omnipotentem” (Conozco al único Dios Padre Omnipotente). Pero la insuficiencia de todas las religiones ha consistido en la imposibilidad de hacer que Dios sea real para sus devotos. ¿Se puede imaginar que los hombres vivieran como viven y pensaran y se comportaran como lo hacen si Dios fuera para ellos una realidad y si efectivamente lo hubieran visto y amado? Es inconcebible.

 

Debe confesarse, por muy triste que sea, que ninguna alma en toda la historia ha sido capaz de percibir a Dios a través de doctrinas y ceremonias religiosas. Ni siquiera mediante oraciones y meditaciones mentales a un ideal. Sabemos que es así porque ese conocimiento real nunca puede alcanzarse por esos medios. La misma naturaleza del caso lo hace imposible. Lo más que puede hacerse es sentirse uno un poco más cerca de la Realidad o avivar un poco la imaginación. Si mediante la oración, smarana o simran y la concentración, llega uno a las regiones sutiles, aunque sea en un grado muy pequeño, experimentará una ligera elevación; eso es bueno hasta ahí. Pero ese sentimiento nunca lo llevará a darse cuenta por completo de la realidad de Dios. ¿Qué es entonces lo que le conducirá a ese supremo desideratum? Los Maestros pueden dar la respuesta sin error. Hay solamente un método de hacer a Dios real para el que lo busca, es decir, para hacer que vea y oiga a Dios. Si alguien dice que ésto no puede ser, es porque no conoce el Sendero y el método de los Maestros. Cuando el discípulo del Maestro accede a los planos superiores y contempla allí, con su propia y más sutil visión, alguna majestuosa manifestación de Dios, revestido de poder divino y de belleza; cuando oye la música encantada del Nada-Bindu, las Vibraciones audibles del Señor mismo, es cuando empieza a percibir a Dios. Pero esa realización no es completa ni siquiera en ese punto. Cuando se eleva con ayuda de esa Corriente de la Vida a planos aún más altos y funde allí, con enorme gozo, su propio ser espiritual con el Supremo Sat Purush, es cuando experimenta una perfecta conciencia de Dios como realidad. No antes.

 

Con este hecho queda de manifiesto que con ninguna ceremonia religiosa puede alcanzarse tanto. Ningún proceso mental puede hacerlo. Es una experiencia personal que no puede Iograrse en este plano terrestre. No es una experiencia que sea posible para la conciencia física. Uno simplemente tiene que acceder a los planos suprafísicos para obtenerla. No solamente eso, sino que además tiene que elevarse a regiones sublimes; y eso solo puede conseguirse con la guía de un Maestro.

 

Cuando el discípulo del Maestro asciende a los mundos interiores, uno después de otro, hasta que entra en Daswan Dwar, la tercera región celestial en este Sendero, se contempla allí a sí mismo como espíritu puro, desprovisto de todo lo material. Y eso es “conocerse a sí mismo”. Después de ello, si avanza hasta la cuarta y quinta regiones, contempla allí una o varias de las más sublimes manifestaciones del Supremo y, entonces, fundiéndose en esas manifestaciones de Dios, llega a conocerle. Y ése es un genuíno conocimiento de Dios como realidad. No hay otro. Ningún hombre puede nunca conocer a Dios hasta que se hace conscientemente uno con Dios. Lo que no llegue hasta ahí es más o menos especulativo, imaginario, visionario e imperfecto.

 

Esto es, en pocas palabras, el resumen de toda la cuestión. Las iglesias, las religiones formales, pertenecen a los períodos prematuros del pensamiento y evolución humanos, esto es, a la infancia de la raza. Cada religión llena su propósito en su día y hora, pero cada una de ellas debe, finalmente, dejar paso a algo más completo a medida que avanza la humanidad. A través de toda la historia del género humano, la esencia misma de la religión ha sido un esfuerzo por conocer a Dios. Pero ¡qué pocas han tenido éxito! Solamente los Grandes Maestros Espirituales han dispuesto del sistema perfecto, mediante el cual puede lograrse. Y ha habido muy pocos Maestros entre los hombres. Los esfuerzos por conocer a Dios han fallado siempre, excepto y solo cuando han seguido el Sendero de los Maestros, porque no hay otro camino.

 

Si ahora pasamos revista brevemente a cada una de las grandes religiones, estaremos en posición de ver exactamente qué buen propósito han servido y dónde y cómo han fallado en el objetivo supremo de toda religión. Si ardientes devotos de alguna religión insisten en que mucha gente ha tenido éxito con sus propios métodos, es porque sobreestiman un éxito parcial. Algo se gana, sin duda, con casi todas las formalidades y ceremonias, con oraciones y obras de caridad. Pero no el completo conocimiento de Dios. Ni siquiera el perfecto conocimiento de sí mismo.

 

 

 

 

 

3. Las Religiones de China

 

 

Las religiones de China que llaman nuestra atención son el Confucionismo y el Taoísmo.

 

A Confucio, generalmente, se le considera como gran Maestro y fundador de un sistema de ética, un proyecto sobre el cual esperaba construir su gobierno ideal y un perfecto orden social. No era exactamente la república de Platón, pero sería la monarquía ideal, con una ciudadanía plena de integridad. La ética, sin embargo, no es religión y hay muy pocos entre todos los sistemas de ética en el mundo que sean únicos o individuales. Saber vivir apropiadamente entre nuestro prójimo no es lo mismo que poder conocer a Dios. Las dos cosas son fundamentalmente diferentes.

 

En los períodos primitivos de la historia de China se conoció como Taoísmo a una forma de ceremonias religiosas y prácticas ocultistas. Su comienzo es oscuro. Creemos que data de muy atrás, de períodos extremadamente remotos, cuando algún Maestro verdadero lo dió como elucidación de Sant Mat. Pero, cuando apareció por primera vez en la historia, había pasado ya por los cambios de degeneración usuales. A pesar de ello, todavía tiene algunas marcas de las bases fundamentales del sistema de los Maestros. Todos los eruditos están de acuerdo en que Tao significa Camino. Pero ese camino ha sido obstruído por los desechos acostumbrados de ceremonias y supersticiones. Después vino Lao Tse, un gran filósofo y reformista, quien devolvió al Taoísmo algo de su interpretación original. Aparentemente, vió en él un significado más hondo y vital. Lao Tse escribió un famoso libro llamado “Tao Teh Ching”. Este libro es una exposición del “camino” según el entendimiento Laotsiano. Hay en él ecos de los preceptos de la Sabiduría Oriental, siendo el principal de ellos el significado de Tao, el Nada Bindu de los Vedas, el divino Shabd de los santos modernos.

 

Se notará que Lao Tse no estaba satisfecho con la simple ética de cualquier sistema. La ética nunca puede constituir el Camino. Ningún hombre puede escapar por medio de la ética al eterno “awagawan”, el vaivén en las regiones de la materia. A fin de ganar los reinos celestes, escapando para siempre de los mundos materiales, el estudiante debe alejarse de los caminos de los hombres y dirigirse hacia donde la ética no tiene significado. Debe trascender el campo de la ética, pues ésta se ocupa solamente de las relaciones humanas.

 

En las regiones de la Luz, donde se percibe a Dios, no hay ética, ni bien ni mal. No hay sino amor puro.

 

Lao Tse tuvo un gran discípulo, que escribió el siguiente hermoso pensamiento: “El hombre perfecto usa su mente como un espejo. No coge ni rehusa nada; recibe pero no guarda. De ese modo puede triunfar sobre la materia sin herirse a sí mismo”.

 

La idea es que, cuando nos adherimos demasiado estrechamente a la materia, descendemos a su nivel, lo cual nos daña grandemente. Esto trae a nuestra memoria el gran precepto de los pundits y maestros hindúes, Vairagya, que significa desligarse por completo del mundo cuando aún se vive en él. No le permitas que se te adhiera. No permitas que te arrastre hasta su cieno. Guárdate por encima de todas las ataduras del mundo, como la flor de loto que sostiene su hermosa cabeza por encima de las aguas lodosas, aun cuando sus raíces estén enterradas en ellas. Éste es el wu-wei de los sabios chinos, la doctrina de la no-afirmación del ser. No hay duda de que, si pudiéramos llegar hasta el origen puro del Taoísmo, encontraríamos un sistema, si no idéntico, sí muy ligado con el de los Maestros.

 

El Taoísmo pone mucho énfasis en la doctrina del karma, al que en China designan como yin quo. Nada es más cierto en toda la naturaleza que el hecho de que ninguna cosa ni ningún acontecimiento ocurre por sí solo. Todo está ligado a lo que ha pasado antes y quedará ligado a todo lo que le siga. Nació por alguna causa y debe ir seguido de un efecto, en una cadena interminable. Lo que se echa a andar, ya sea por un hombre, por un perro, por un árbol, o por un río, tiene que regresar, en efecto, finalmente, hasta aquello que lo puso en marcha. Es una regla fija de la Naturaleza. La atención y el amor son los medios por los que nos conectamos con los objetos externos. Cualquier cosa que deseamos empieza inmediatamente a caminar hacia nosotros, a menos que lo atraiga un deseo más intenso, que venga de alguna otra parte. Todo en el Universo está sujeto a las leyes del movimiento de Newton. Por medio del deseo nos ligamos al objeto que deseamos. Por eso es necesario un completo desligamiento del ser, de cualquier objeto mundano. Eso evita esclavizarse a esas cosas. Por ello no debemos amar nada con el deseo de poseerlo. En el momento en que hagamos eso, entramos en las primeras etapas de la esclavitud. No debemos ni siquiera desear recompensa por nuestras acciones. Aquél que busca recompensas se hará esclavo de las mismas.

 

Mientras que el hombre esté esperando recompensas, estará ligado a ellas y yin quo será su amo.

 

Desde un completo vairagya, desligamiento mental perfecto, accede uno a Nie-pan, el bendito Nirvana. Entonces llega a unificarse con el Tao, el eterno todo. Así es que Tao significa no solo el Camino, sino también la Meta suprema. El hombre debe alcanzar ese estado mental que es como el sol, que brilla sobre todos por igual, sin pedir nada a cambio. El alma vive por siempre para dar, no para recibir; y ésta es la gran paradoja, no solo del Taoísmo, sino también de toda filosofía. Consigues lo máximo dando lo máximo. Recíprocamente, recibiendo mucho te empobreces. Con la acumulación egoísta llegas a la quiebra. Como dice Emerson: “Uno mismo se acarrea sus propias deudas”. Porque, a la larga, no puedes conseguir algo por nada. Cada céntimo debe pagarse. La ley del equilibrio en el terreno moral y espiritual es tan inflexible como la ley de la gravitación. Dar y solo dar, sin pensar ni por un momento en la recompensa, es el principio de la inmortalidad. Ningún hombre llega a ser un Buddha, un Kakusha, un Tathagata o un Bodhisattva, huyendo del dolor, buscando comodidades o exigiendo recompensas. Acepta por igual todo lo que te llegue y sigue dando y dando; sé indiferente tanto a la recompensa como a la censura. Solamente da. Y todo el tiempo, mientras estés dando, une tu mente con el Tao, lo Universal, cuyas vibraciones musicales llenan el universo. Por supuesto que eso Universal no es otra cosa que la Corriente de la Vida, lo que crea o lo preserva todo.

 

Está escrito:

 

"Cuando cada fase de nuestra mente esté en armonía con la

mente de Kakusha (el Sat Purush), no habrá un átomo de

polvo (de nuestro polvo), que no entre en el Nie-Pan".

Éste es un insondable precepto de sabiduría.

 

 

Este noble sabio enseñó que el hombre no debe vanagloriarse de su propia iluminación, mientras mira a todos los demás cómo luchan entre el dolor y la ignorancia, manteniéndose él sobre el pináculo de su propia rectitud.

 

Porque tu verdadero ser es la totalidad de la vida y los errores de los demás son tus propios errores. No culpes a los hombres cuando se equivoquen, sino purifica tu propio corazón. No te enfurezcas cuando todo el mundo se olvida de la Ley y deja de conducirse por el Tao. Busca la falta en ti mismo. La raíz de todo mal está en ti.

 

¿Puede alguien establecer una norma más alta? Es una excelente preparación para el Sendero superior de los Maestros. De hecho, ésas son sus enseñanzas y por ello le damos tanta importancia aquí.

 

 

 

 

4. ¿Qué Significa Tao?

 

 

La palabra se ha traducido con muchas acepciones. Se le da el sentido de Dios, Camino, Providencia, Ley, Vida, Infinito. En Sánscrito, los eruditos modernos lo han traducido como Aum, Orn, Dharma, Atman, Alaya, etc. Es evidente que no se han puesto de acuerdo para decir con certeza cuál es la palabra exacta que debe usarse para traducir Tao. Puede ser que no haya una palabra en ningún lenguaje que pueda dar la significación precisa. Una cosa es evidente: se ha perdido su significado exacto, su sentido íntimo y, hoy en día, solo los Santos tienen la clave de ese significado. La clave es el Shabd, la Corriente Audible de la Vida. Me he dado cuenta de que los letrados no ven en el Taoísmo el verdadero Shabd; como dije antes, eso se debe a que no tienen la clave para entenderlo. McCauliffe hizo un estudio detallado de la religión Sikh y tradujo el Gran Sahib; pero nunca descubrió el contenido más preciado de ese libro. Dio por terminado el trabajo sin tener la más ligera idea del verdadero valor del Granth Sahib. Y lo mismo ha sucedido con la mayoría de los comentaristas del gran trabajo de Lao Tse, a causa, por supuesto, de no haber tenido la clave del Maestro. Ese ha sido el destino de casi todos los libros sagrados.

 

La Corriente Audible de la Vida combina en sí misma los significados de casi todas las interpretaciones que se le han dado al Tao. Es Ley, es Vida. Es Dios. Es el verdadero Om. Es el Supremo Atma. Es la vida en movimiento de todo Dharma y es el Alaya universal. Debería haberse traducido como “Palabra”, aunque no fuese una traducción exacta. Es la Palabra Divina la que sostiene toda la creación, que al principio estaba con Dios y era Dios, por medio del cual todas las cosas fueron creadas. Es el Sonido, el vibrante Shabd, cuya música celestial da vida a todos los mundos. Y este Shabd es lo que constituye el tema central de los Grandes Maestros de todos los tiempos, que es el Tao, según lo entiende este escritor.

 

Uno de los significados de Dharma, de acuerdo con la escuela esotérica de Budismo Mahayana, es la Realidad Esencial. Viene de Dhar, mantener. Se refiere a la Corriente Audible de la Vida, de los Maestros, la cual no solamente crea, sino que mantiene todas las cosas. Es la Fuente de la Vida, de la cual surge toda vida en cualquier mundo y todos los fenómenos biológicos de este plano. De ahí que también haya llegado a significar la forma de todas las cosas, la suma de todos los fenómenos. Subrayando todos esos significados, está la idea central de la corriente creativa, la Corriente de la Vida.

 

Esta traducción de la palabra Dharma equivale exactamente a Tao. Si traducimos Tao como “Atman”, también es correcto, puesto que es el supremo Atman o espíritu, el cual, una vez más, es la Corriente Creativa de la Vida, la causa, sin causa, de todo. Si la traducimos como “Om”, tenemos el mismo significado. “Om” era para los antiguos hindúes en general el más alto, el más sagrado sonido, símbolo de Brahm. Y Brahm era para ellos el Ser Supremo. Así es que, aparentemente, sea cual fuere nuestra aproximación, Tao no es ni más ni menos que el Verbo Supremo. Es el Sendero, por supuesto. Es el Camino Real de los Santos. Traduciendo la palabra como “Camino” tenemos el mismo significado, puesto que la Corriente Audible de la Vida es, preeminentemente, el Camino. Es, primero y antes que nada, el Sendero de los Grandes Maestros. Es el Sendero por el cual los Maestros y sus discípulos van hasta su hogar. Sin esta Corriente de la Vida no hay modo de volver hasta los pies del Supremo. Todos los Santos recorren la sagrada Corriente del Sonido. Viajan sobre él. Les atrae y les eleva en su viaje. Se lo ofrecen a sus discípulos, sintonizándolos con él. Es ese poderoso encantamiento, por medio del cual superan el mundo y se elevan hasta la libertad espiritual.

 

De modo que, si el Tao es el Camino, debe ser el Camino de los Santos, porque no hay ningún otro camino. No es, ciertamente, ningún sistema de ética. Aunque el Taoísmo ha estado cubierto por el polvo de cientos de siglos, sin embargo ha ejercido una influencia beneficiosa sobre la vida de los chinos, sin duda debido a la mediación de este gran concepto, unido a la noble ética de Confucio, que ha hecho posible que el Imperio Chino haya estado unido durante largo tiempo. Los restos que aún quedan en el pueblo Chino todavía pueden redimirles y hacerles capaces de construir una nueva civilización sobre las ruinas del antiguo imperio. Hoy en día están mostrando signos de renacimiento, bajo la terrible presión de la guerra. Sin embargo, si es así, algún Maestro vivo debe purificarlos y darles un nuevo mensaje. Esa antigua sabiduría les ha dado a los mejores chinos una cultura y una dignidad que no han perdido por completo, ni siquiera hoy en día. Pero ningún sistema de ética, ningún precepto legal, ni aun el conocimiento del mismo Tao, puede resistir la mano destructora del tiempo. Ninguna nación o pueblo puede luchar permanentemente contra las pasiones que los arrastran hacia abajo, a menos que haya Maestros vivos para hacerles dinámico el Camino.

 

He aquí un secreto muy importante: la verdadera causa de la degeneración nacional, racial o individual es la falta de un Maestro vivo. Sin un Maestro vivo no se puede contrarrestar el hundimiento.

 

China se ha sentado, llena de complacencia, envuelta en los mantos de un rígido formalismo, durante setenta siglos y, al mismo tiempo, ha estado vanagloriándose de la más antigua civilización. No hay duda de que tuvieron dicha civilización, cuando prevalecía el Tao puro; pero haberlo perdido no es ningún mérito para la nación que lo perdió. Gradualmente, se hundieron en una filosofía estancada de fatalismo y de adoración de los ancestros, cuya caída no pudo ser detenida ni por la ética de Confucio ni por la doctrina abstracta del Tao. Pero, ¿por qué culpar a China? Todas las naciones hacen lo mismo con el correr del tiempo. Solamente un verdadero Santo puede resolver sus necesidades.