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Capítulo Doce
 

 LA GRAN OBRA DE LOS MAESTROS:

LO QUE HACEN EN REALIDAD
 

 

 

 

 

1. El Yoga Científico de los Santos

 

 

Este capítulo nos trae hasta el corazón mismo de nuestro tema. ¿Qué es lo que están haciendo los Maestros por sus discípulos en este Sendero? Tenemos ahora que señalar primero el método especial por medio del cual alcanzan su meta los Maestros y, una vez hecho, habrá terminado nuestro trabajo. Los Santos tienen una labor definida que ejecutar, que llamaremos su gran obra. No se conoce tarea mayor. Tratemos de ver en qué consiste ese trabajo. Los Santos no guardan en secreto nada que pueda aprovechar la gente del mundo para su propio beneficio. Los Maestros nunca esconden nada que pueda hacer bien al mundo. Ahora bien, la dificultad está y siempre ha consistido en que las enseñanzas de los Maestros no pueden ser apreciadas ni usadas por todos. Si algunas cosas no se dicen aquí, ten por seguro, desde un principio, que lo excluido no es de utilidad para nadie que no sea iniciado de un Maestro.


Por el contrario, los Maestros están prestos y tienen la mejor voluntad de presentar sus tesoros ante todo el mundo y de invitar a cualquier alma hambrienta para que se sirva. No debe culparse a los Maestros si retienen ciertas cosas para las cuales no está todavía preparada la mayoría del mundo y que no entendería si se le ofreciera. Una de las razones por las cuales se escribe este libro ahora, por mandato expreso de un Gran Maestro, es la de dar una noción de las inapreciables verdades de los Maestros de todos los tiempos a todos aquéllos que puedan reconocer su valor. Ahora se ha levantado el antiguo velo de profundo secreto. Ya no hay necesidad de ese misterio. No hace muchos siglos no podía hablar abiertamente ningún Santo sin poner en peligro su vida. Aún más, los Maestros no enseñan Pranayama ni ningún otro sistema cuajado de peligros para el ignorante. El método de los Santos es tan seguro en sí que no podría producirse ningún daño al darlo a todo el mundo, siempre que no abusaran ni hicieran mal uso del mismo. Pero no se puede estar seguro de antemano si se entrega la enseñanza indiscriminadamente. Si se ofreciera todo aquí, se causaría confusión y malentendidos. Hay ciertas instrucciones detalladas que solo están a disposición de los iniciados y ni siquiera pueden hacer buen uso de ellas si no es con ayuda del Maestro.


Antes de ofrecer el yoga de los Maestros, sería bueno llamar la atención muy brevemente hacia los otros sistemas de yoga que han estado practicando los estudiantes de Oriente. Todos son interesantes, pero no los necesitamos: el sistema de los Maestros es completo. Pero es bueno conocerlos. A continuación se expone una breve descripción:


1) Hatha Yoga. Tiene como meta el control de la mente y la adquisición de los siddhis, o sea, lo que se llaman poderes síquicos, principalmente por medio del asana, o sea, posturas y ejercicios físicos, tales como el control de la respiración. Los Asanas proporcionan indudablemente un efecto muy benéfico sobre la salud y se cree que ponen bajo el control del alumno los procesos vitales y mentales. El Hatha Yoga se ha definido también como la unión del sol y la luna.


2) Raja Yoga. No sigue la rigurosa disciplina del Hatha Yoga, pero busca concentrar y aquietar la mente por métodos fáciles y naturales de disciplina y control mental. En el Raja Yoga se pone más énfasis en la mente que en el cuerpo.


3) Ashtang Yoga. Es un esquema simplificado de disciplina de yoga. Como su nombre indica, consta de ocho elementos, de los cuales los cinco primeros, -yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara-, se refieren al cuerpo. Los tres últimos, -dharana, dhyana y samadhi-, se refieren a la mente. La meta de esta escuela es fundir el alma con Dios, o sea, en el alma universal. El Pranayama consiste principalmente en el control de la respiración y, con ella, el control del Prana, que juega una parte muy importante en el esquema.


4) Laya Yoga. Laya significa "absorción" y el Laya Yoga consiste en la absorción de la mente en la luz astral. Generalmente se logra por medio de la práctica del mudra.


5) Karma Yoga. Es esencialmente el yoga de la acción. Prescribe a sus seguidores la necesidad de cumplir con su deber, cualquiera que sea éste, pero sin complejo de culpa y sin espera de recompensa. La esencia del Karma Yoga es el ideal del deber bien cumplido y el espíritu de desapego. Rechaza la idea de la renunciación e insiste en el pleno cumplimiento de la obligación de cada uno, sin mirar el fruto de las acciones.


6) Bhakti Yoga. Es el yoga de la devoción y atrae a la mayoría de la gente de temperamento emocional. Descarta todos los ritos y ceremonias y busca la unión con el Maestro o con el Señor solamente por la fuerza del amor.


7) Mantra Yoga. Este sistema tiene como objetivo la adquisición de poderes síquicos y alcanzar regiones astrales o espirituales por medio de la repetición constante de ciertas fórmulas que se supone activan ciertas vibraciones, especialmente si se repiten con la mente fija en determinados centros. Se cree que las fórmulas tienen una eficacia propia por sí mismas.


8) Sahaj Yoga. Es el Surat Shabd Yoga, el tema central de este libro, el sistema de los grandes Maestros. Como se dijo repetidamente en estas páginas, es la esencia de los demás. Contiene lo mejor de todos ellos pero no fue tomado de ninguno. El yoga de los Maestros es el más antiguo de todos los sistemas. Los diversos métodos de yoga han derivado, de época en época, del yoga de los Santos, cambiado en muchos casos para acomodarlo a sus propias ideas, pero el yoga de los Maestros no puede modificarse sin una gran pérdida. De tiempo en tiempo, varias sectas han adoptado métodos propios porque han perdido el sistema original de los Maestros. Esto explica la gran variedad de sistemas en boga en la India durante los últimos milenios. No obstante, el sistema de yoga, tal como se enseña hoy día por los Santos, es el único que ha sido enseñado y practicado sin modificación ni alteración durante decenas de miles de años desde que comenzó el hombre su tránsito en este planeta por primera vez. Ya es tiempo de presentar este sistema de yoga tan detalladamente como se nos permita.


El yoga científico de los Santos es en realidad una de las partes más vitales de su ciencia. Todo lo demás nos conduce a eso. Después de haber sido asimilado el resto y de haber llevado a cabo todas las preparaciones, este yoga científico es el que conducirá al alumno a la percepción completa de cuanto espera ganar por medio de esta ciencia. Como se repite tan a menudo en estas páginas, el sistema de los Maestros no es una religión, ni interfiere con la religión de ningún hombre, ni pretende socavarla. Conserva lo bueno que tenga y lo añade a sus tesoros. Puede aceptarse sin ninguna duda. No busca desarraigar ni suplantar a ninguna religión. Las experiencias interiores que se alcancen en este Sendero exceden en valor a la que se pueda experimentar practicando cualquier religión. Pero, al mismo tiempo, no interfiere con ninguna religión de hombre alguno. No toca la religión.


El sistema de los Maestros se llama Sahaj Yoga. Es el yoga que abre las puertas de las regiones supremas. Se le llama también Surat Shabd Yoga. Es el yoga que se lleva a cabo por medio de la Corriente de la Vida. En esta ciencia se hace referencia a un sistema definido de ejercicios organizados por los Maestros, por medio de los cuales logran los discípulos la unión consciente con Dios. También se le llama la práctica del Sonido, porque consiste en seguir el Sonido interior. Éste es el punto clave que distingue el yoga de los Maestros de todos los demás sistemas. Es la prueba suprema que debe recordarse siempre mientras se esté estudiando cualquier otro sistema. Si esta práctica del Sonido no es una parte vital de ellos, no son el sistema de los grandes Maestros y son limitados. Hay que subrayarlo, pues mucha gente insiste en que es tan bueno un sistema como otro, desde el momento que todos pretenden conducir a la misma meta. Pero, como se sabe por experiencia, no todos conducen al mismo objetivo. Lejos de eso, ningún otro sistema conduce a la meta de los Maestros, las más altas regiones que existen. Además, generalmente se encontrará que la persona que afirma que una religión o sistema es tan bueno como otro no practica ninguno de ellos.


El investigador debe entender que el maestro, o el llamado maestro, que no enseñe y practique la ciencia de la Corriente Audible de la Vida no es un Maestro del más elevado orden, ni su sistema conduce a los más altos logros. Todos los verdaderos Maestros de la historia han enseñado y practicado el yoga de esa Corriente de la Vida. No puede ser de otra manera, puesto que éste es el sistema establecido por el Creador Mismo. El que no sabe nada de ello ignora lo más esencial y elemental de todo yoga. Este sistema de los Santos no admite alteraciones, sustituciones ni detracciones.


Los estudiantes hindúes de yoga están en, general, de acuerdo en que la mayoría de los antiguos sistemas son muy difíciles, que requieren mucho tiempo, un ascetismo rígido y una gran abnegación. Y es la verdad. Ciertamente, el camino del yogui común es muy duro. Pero el método de los Maestros no es el camino de los yoguis. Nunca lo ha sido. Antes de que existiera la práctica de los yoguis ya era conocida y practicada por los hombres la ciencia de los Maestros, pero el método de los Maestros se ha oscurecido en ocasiones, e incluso se ha perdido a veces, cuando los Maestros verdaderos han sido pocos o desconocidos para el público en general. Entonces, tratando de sustituir el Sendero de los Maestros, los yoguis desarrollaron métodos propios. Los dos sistemas han ido siguiendo cursos paralelos a través de la historia.


No solamente son distintos los métodos de los yoguis de los de los Santos, sino que su objetivo final es diferente. La mayoría de los yoguis, aun los mejores entre ellos, no conocen nada más allá del plano astral, comúnmente denominado Turiya Pad, con la posible excepción de unos cuantos que puedan haber llegado hasta Brahm Lok. Ahí son detenidos automáticamente, a menos que tengan un Maestro que haya ido más adelante por sí mismo.


Al detenerse ahí, la mayoría de ellos creen que han alcanzado las alturas supremas. Aceptan-al Brahm de esa región como Dios supremo. Los grandes Maestros van mucho más alto y más allá de Brahm Lok y, cuando llegan a esa región, apenas han empezado a elevarse en su viaje. Mientras que la mayoría de los yoguis y maestros imperfectos consideran a Brahm como la deidad suprema, los Santos saben que solamente es un subordinado de la Gran Jerarquía del universo. Mientras que el Om de los Vedas y del Gita se considera como la palabra más sagrada de toda la filosofía hindú, debido a la creencia de que es el sonido que simboliza el Ser Supremo, los Santos saben que corresponde a uno de los Señores inferiores. Es un ser creado, sujeto a las mismas leyes de todos los seres creados y tiene que comportarse según los deseos del Supremo Sat Purush. No es, de ninguna manera, el original Purushottam.


El yoga de los Santos logra lo que nunca puede alcanzar el yoga de los Vedantas. Por lo tanto, es mucho más eficiente. Aún más: ha sido adaptado a las necesidades del hombre moderno. Ésta es una gran gloria. Es moderno en cuanto método y, sin embargo, llena los requerimientos de todas las épocas. Los Santos han usado en cada momento del mundo un sistema exactamente apropiado a las necesidades de la gente de la época. La gente cambia hasta cierto punto, de tiempo en tiempo, así es que los Santos les dan, en cada época, el sistema exacto de yoga más apropiado a sus necesidades. Por el contrario, los yoguis se aferran a sus arcaicos sistemas, que ahora están pasados de moda y completamente inadecuados para el hombre de estos tiempos. La constitución nerviosa del hombre moderno es un tanto diferente a la de los hombres de hace diez mil años. El yoga de los Maestros puede practicarlo ahora no solamente el asceta, sino todos los hombres en todos los aspectos y condiciones de vida, mientras siguen atendiendo los deberes ordinarios de su hogar. Esto lo hace ser una ciencia universal. No es posible ningún daño en su práctica, siempre y cuando no degenere uno en malas actuaciones mientras pretende seguir el camino de los Maestros. A todos los estudiantes se les previene contra esa posibilidad. No puedes mezclar el Sendero de los Maestros con el sombrío camino del mal.



  
 

 

 

 

 

2. Demostración de la Verdad Por Uno Mismo

 

 

El Yoga de los Santos utiliza y abarca un sistema de demostración científica, ofreciendo pruebas más positivas que lo pretendido por cualquier religión y va más allá de todas. En vista de ello, ¿por qué entretenerse con sistemas inciertos, aun admitiendo el bien que pretenden, si se puede disponer de un sistema que ofrece positivamente lo bueno que manifiestan tener todos juntos? Es así porque esta ciencia es universal y hay en ella posibilidades universales. Las incluye todas y va más allá de todas ellas. No es una simple y vana pretensión. Es un reto a todos los hombres para que comprueben la verdad por sí mismos.


Este sistema no deja al discípulo con ciegas creencias, ni le limita a la fe solamente. No sabemos de ninguna religión que pretenda ofrecer otra cosa que un sistema de enseñanza que debe ser aceptado con fe. En cambio, con el método de los Maestros obtiene uno el más positivo conocimiento y llega a estar completamente seguro en este terreno. No solamente no existe en ninguna religión este grado de certidumbre, sino que no creen que sea posible que exista. De esta manera, la religión se priva a sí misma de la única cosa de valor que pudiera tener: el conocimiento verdadero. Empero, el conocimiento verdadero es el único atractivo genuino para la inteligencia moderna. El mundo ya no se interesa en teorías bien hiladas.


Los estudiantes reflexivos tendrán que admitir que todos los elementos de las muchas religiones que hay en el mundo tienen un valor dudoso, exceptuando la ética, por la muy buena y suficiente razón de que dependen de libros antiguos y de especulaciones metafísicas. Esto le quita a ese asunto la categoría de conocimiento y, de esa manera, le priva de su principal valor. Las creencias y las especulaciones ofrecen un soporte muy débil a la esperanza de alcanzar la vida inmortal. No obstante, si cualquier sistema puede hacer una demostración científica de las bases que ofrecen sus conclusiones, ese sistema estará libre de todos los inconvenientes. Y eso es exactamente lo que hace la ciencia de los Maestros. En este respecto es donde difiere la Sabiduría Oriental de las otras enseñanzas religioso-científicas.


Este método científico es el que los Maestros ofrecen ahora al mundo y constituye un don único para la humanidad. Cuando esté lista la gente para aceptar el método científico de los Maestros, la religión y la filosofía se verán libres del hábito y el inconveniente de infructuosas especulaciones y ciegas creencias.


Si alguien se siente inclinado a retar a los Maestros a que prueben que pueden demostrar unas verdades tan altas y místicas, que venga al laboratorio del Maestro y haga la demostración por sí mismo. Eso es exactamente lo que prefiere el Maestro y a eso le invita. Le proporcionará con todo gusto el método y los materiales para hacer la demostración. Y, de paso, puedo decir con toda libertad que ningún hombre ha fallado hasta ahora en hacer esa demostración por sí mismo, cuando la ha hecho de acuerdo con el método ofrecido por el Maestro.

 

 

 

 

 

 

3. ¿Qué Es Lo Que Ofrece Esta Ciencia?

 

 

Si nos referimos a un interior y cuidadoso estudio de todas las religiones y filosofías del mundo, veremos de una ojeada que hablan mucho de "percibir a Dios" y de ganar la "salvación". Pero, si les preguntas cómo van a lograrlo, contestarán, en resumen: "Creyendo en el libro y siguiendo a los sacerdotes". Para definir más exactamente la cuestión, diremos que todas las esperanzas y los esfuerzos humanos se concentran en tres cosas:


1) Autoconciencia o autoconocimiento.
2) Percepción o conocimiento de Dios.
3) Entrar en el reino de los cielos en esta vida o en la siguiente.


Solamente los Maestros enseñan cómo hacerlo en esta vida, aquí y ahora, mientras que las religiones se encaminan hacia la esperanza de conseguirlo después de la muerte. Por supuesto que el propósito y el fin de todo ello es el bienestar individual. Nosotros le llamamos felicidad. Ahora bien, ésas son precisamente las tres cosas que la ciencia de los Maestros ofrece a sus devotos, pero el método por el cual proponen los Maestros que se logre esa gran labor es enteramente diferente de las demás religiones.


Podemos entonces preguntar: ¿Cómo proponen los Maestros la entrega de esos tesoros inestimables, esos reinos de riqueza? La contestación es: Por su método científico de yoga, su sistema de ejercicios, con el que abren las arcas del tesoro del universo. Cuando se presentan ante el discípulo esos tesoros, experimenta la realización espiritual y ésta incluye tanto el conocimiento de sí mismo como el conocimiento de Dios. Incluye todos los valores de cualquier religión y muchos más. Gana la entrada al reino de los cielos aquí y ahora. Aun cuando siga viviendo aquí temporalmente, está en libertad de entrar y explorar los reinos más grandes y regresar a este plano cuando así lo desee, cualquier día y también muchas veces al día.


Este conocimiento espiritual libera al discípulo del ir y venir de siglos, de los dolores de la rueda eterna. Le convierte en un Maestro, no solo de sí mismo sino de todas las fuerzas de la naturaleza. Tiene dominio sobre las pasiones y sobre todas las fuerzas e influencias antagónicas que tienden a atraerle hacia abajo. Es realmente libre. De pobre mendigo ciego, se convierte en rey de un imperio sin límite. De pecador común se transforma en Santo. Le descarga de todos los sufrimientos, preocupaciones, dudas y miedos, dotándole de asombrosos poderes y pleno conocimiento. Se emancipa y se llena de gozo inenarrable. ¿Qué más puede uno pedir? Y sin embargo el sistema de los Maestros logra mucho más que todo eso. Para entenderlo hay que experimentarlo. No puede describirlo ningún idioma.


Si algún escéptico se siente inclinado a decir que la ciencia de los Maestros no puede ofrecer tanto porque sus propios estudios y experiencias no apoyan esas pretensiones, tengo que referirme a los principios de su propia ciencia. A ningún científico le agrada decir que algo es imposible. Tiene que reconocer este principio. En esta era de demostraciones científicas se ha logrado tantas veces "lo imposible" que hasta los mismos científicos se han hecho más humildes. Si los físicos dudan de lo que afirma esta ciencia es porque no están familiarizados con ella ni con sus métodos y posibilidades. No tienen idea de lo que puede hacer. Es cierto que la ciencia trata de adherirse a los hechos confirmados o confirmables de la naturaleza, y en esto tiene razón. Pero ni siquiera los mejores científicos podrán decir de antemano y con exactitud que es lo confirmable y lo que no lo es. Si insisten, como hacen generalmente, en que todo lo que se hace debe estar de acuerdo con la ley natural, los Maestros estarán gustosamente de acuerdo. No puede llevarse a cabo nada que sea contrario al orden establecido de la Naturaleza. No obstante, puede haber un vasto campo de la ley natural que sea aún completamente desconocido para los científicos.


Desde mi habitación puedo observar a lo lejos las altas cumbres de los Himalayas. Sus picos cubiertos de nieve se ven majestuosos bajo el sol de la mañana. Me han dicho que la ciencia puede calcular la altura exacta de esos picos sin tener que escalarlos para medirlos. Supongamos que asuma aires de sabia incredulidad y afirme, como hacían mis antepasados, que ningún hombre puede llevar a cabo esa hazaña. ¿Cómo puede alguien saber la altura de un árbol sin medirlo? Todavía más: imagínate que le digo a uno de esos jardineros que están trabajando en mi jardín que hay hombres que ya han volado por encima de esas montañas en un aeroplano. Probablemente me miraría dudando de mi cordura. Lo mismo puede ocurrir con respecto a muchos de los éxitos de los Maestros.


Puede afirmarse enfáticamente que lo que hacen los Maestros lo llevan a cabo sin violar ninguna de las leyes naturales; por el contrario: trabajando en armonía con la ley. Debe recordarse, no obstante, que los Maestros son supercientíficos. Conocen leyes que los físicos no han descubierto. Su campo de operaciones no se limita a la reducida extensión del plano físico. Por lo tanto, estará más acorde con el espíritu científico de esta era que el lector deje a un lado la cuestión de demostrar la espiritualidad mediante la observación y, mientras tanto, seguir llevando a cabo el experimento. Eso es todo lo que piden los Maestros. No reclaman una creencia ciega. No piden más de lo exigido a cualquier hombre que se proponga construir un puente o hacer un análisis químico. En todo experimento científico hay que aceptar algo como hipótesis de trabajo. Entonces se está listo para hacer una demostración práctica. Durante el proceso de demostración se obtienen conocimientos definidos.


Ningún hombre alcanzó nunca la liberación espiritual, el poder y la felicidad, por medio de un proceso de lógica, por un raciocinio a priori, con la metafísica, leyendo libros o escuchando conferencias. No obstante, éstos son los métodos que emplea la mayoría de la humanidad. Los Maestros resuelven todos los problemas por medio de un método científico tan exacto como las matemáticas. No consiguen su información por medio de análisis y síntesis, sino con la vista y el oído. Aun cuando hayan comprobado una proposición, no establecen otra autoridad que la verdad misma. La autoridad entorpece la verdad y detiene la libre investigación. La autoridad es enemiga del progreso. Los Maestros no tienen ningún dictador infalible que pronuncie dogmas ex-cátedra. Esta ciencia hace de la experiencia personal el único y definitivo tribunal supremo. Sus procesos son simples y directos. Pueden ser comprendidos por la inteligencia más ordinaria y, por esta razón, no tiene por qué sentirse ofendida la inteligencia. De ahí que sea una ciencia universal, accesible a todas las clases sociales de todas las naciones y gentes del mundo.


Casi todas las personas y religiones conocidas de la historia han tenido alguna clase de yoga, es decir, alguna forma de meditación o de ejercicios espirituales, desde la forma más complicada de rituales hasta la oración más simple. Por ejemplo: toma nota de las experiencias de los místicos Cristianos que se citan en el Capítulo Ocho. Es bien sabido que casi todos los padres de la iglesia, antiguos y modernos, han tenido sus propios sistemas de meditación y obtuvieron resultados que para ellos fueron de gran valor. Gibbon(*) narra las enseñanzas de un cierto Abad del Monte Athos del siglo XI, comentando un sistema de meditación como sigue:
(*) Edward Gibbon. 1737-94. Historiador Inglés. (N.de T.)


Cuando estéis solos en vuestra celda, cerrad la puerta y

sentaos en un rincón; elevad vuestra mente sobre todas las

cosas vanas y transitorias; reclinad vuestra barba sobre el

pecho; tornad vuestros ojos y vuestros pensamientos hacia

el centro de vuestro vientre, en la región del ombligo, y

buscad el lugar en que se encuentra el corazón, que es el

asiento del alma. Al principio estaréis a oscuras e incómodos,

pero, si perseveráis día y noche, experimentaréis un

inefable gozo y, tan pronto como el alma descubre el sitio

del corazón, queda rodeada de una luz etérea y mística.

 


Esto demuestra, por supuesto, que tenían conocimiento de cómo elevarse sobre los chakras inferiores.


Maurice Phillips, un Cristiano, dice:


Hemos seguido la corriente del pensamiento Ario, religioso

y especulativo, en todas sus ramificaciones a través de las

etapas del mantra, Brahmana y Upanishad, tomando nota de

su descenso. Hemos considerado el concepto hindúario de

Dios, sus especulaciones sobre la creación del mundo y sus

nociones sobre el origen, naturaleza y destino del hombre

en cada una de esas etapas. Hemos llevado nuestras

averiguaciones tan atrás en el tiempo como nos han

permitido los datos y nos hemos encontrado con que el

pensamiento religioso y especulativo de la gente era mucho

más puro, simple y racional en el punto más lejano a que

llegamos que en el más cercano o el último de la edad

Védica. Por lo tanto, la conclusión inevitable es la siguiente:

el desarrollo del pensamiento religioso en la India

ha sido de descenso uniforme y no de ascenso. De deterioro

y no de evolución... Hemos visto, además, que el

conocimiento de los atributos divinos que poseían los Arios

védicos no era producto de la intuición ni de la experiencia,

sino de supervivencia o reminiscencia. Por lo tanto, estamos

justificados para concluir que los superiores y puros

conceptos Védico-Arios fueron resultado de una revelación

divina primitiva.
 


Esto señala exactamente y con mucha precisión a los tiempos primitivos, en esas épocas lejanas, cuando la "revelación divina" de que se habla aquí era impartida por los Maestros. Siempre se ha visto como una regla de la historia que la revelación divina se ha oscurecido en los tiempos finales. En cada época, los Santos han llamado la atención hacia el Sendero, el Camino hacia el Reino de Dios. Pero, tan pronto, como salen de su nivel de acción en este plano, la gente se aleja a la deriva, lejos del Sendero. Su labor se deteriora en manos de sus seguidores. Es un aspecto patético de la historia.


El ascetismo es una de las características más lastimosas de la degeneración moderna y del alejamiento radical de las enseñanzas puras del Sendero de los Maestros. Ha sido practicado por los hombres de casi todos los países y religiones, con la noción equivocada de que les ayudaría a adquirir la perfección espiritual. Buddha lo practicaba en sus formas extremas, hasta casi perder la vida, y, cuando la suspendió, fue condenado por sus antiguos amigos. Los Cristianos medievales lo practicaban. Lo han practicado gran número de yoguis hindúes y, aun hoy en día, siguen practicándolo muchos de ellos. Sin embargo, los Maestros nunca enseñaron el ascetismo, ni lo enseñan ni practican hoy en día.


El Sendero de los Maestros es para toda la humanidad y, como tal, debe ser accesible para todos los hombres en todos los órdenes de la vida. Por supuesto que no condenamos a nadie por practicar el ascetismo, ni siquiera en sus formas más rigurosas, si es que así lo prefiere. Es cosa de ellos y su intención es buena. Buscan desesperadamente desprenderse de las ligaduras materiales, pero de un modo equivocado. No conocen el Sendero racional de los Maestros. Admiramos su valentía; a menudo nos sentimos humildes en su presencia. Cuando un hombre deja voluntariamente su casa, sus amigos y su riqueza, -algunas veces hasta un reino-, y se va a la selva a soportar toda clase de penalidades y pasa frío, hambre y el aislamiento de cuanto ama el mundo, y cuando hace todo eso por perseguir un ideal espiritual, significa que está muy por encima del hombre común. Indica una nobleza genuina que es altamente encomiable. Es similar a Dios, es la flor y nata de la nobleza y de la esencia de la grandeza.


Cuando el gran Buddha era un pobre mendigo hambriento en busca de sus objetivos espirituales, su verdadera nobleza resaltó mucho más que cuando estaba rodeado del esplendor de la realeza de su padre. Cuando Jesús, que podía haber estado al mando de un ejército, -tan grande era su energía mental-, caminaba por las polvorientas calles, cansado y hambriento para poder llevar el pan de la vida a las multitudes, su grandeza eclipsaba todos los esplendores de Roma. Cuando un hombre alcanza tal dominio de sí mismo que puede sentarse durante horas y hasta días enteros sobre un bloque de hielo, tenemos que admirar su valentía, aunque no aprobemos sus métodos. Denota una grandeza de espíritu y una gran fuerza de voluntad. Esta clase de cosas requiere un heroísmo mucho más grande que el que empuja a un hombre a sacrificar su vida en un campo de batalla. Debemos admirar la devoción de ese hombre hacia sus propios ideales y debemos amarle por demostrar lo que puede hacer un hombre por medio de la disciplina mental. Los verdaderos yoguis han hecho mucho por traer la luz y la esperanza a un mundo sombrío. Me consideraría afortunado de que se me permitiera sentarme a sus pies, si no tuviera un Maestro auténtico, cuya grandeza espiritual eclipsa la de todos los yoguis.

 


 

 

 

 

 

 4. El Surat Shabd Yoga

 

 

Éste es el genuino yoga de los Maestros, para el que nos hemos estado preparando en todas las páginas anteriores. El lector debe referirse ahora al Capítulo Diez, en el cual se discute la preparación mental para este gran trabajo. Léelo nuevamente y medita sobre ello larga y profundamente. Una vez que lo hayas asumido todo en lo más profundo de tu pensamiento y lo hayas hecho parte de tu modo de vivir, estarás listo para el trabajo efectivo en este Sendero. La práctica de este Surat Shabd Yoga es la gran obra de los Santos, con cuyo objeto han nacido con cuerpo humano todos los hombres. Es deber y privilegio supremos. Es el único trabajo sin el cual ningún hombre puede escapar de los males de esta vida y regresar a su casa de origen. Constituye la gran obra de los Maestros. Prestémosle ahora la más cuidadosa atención.


El primer paso al aproximarse a este Sendero es conseguir la iniciación de un Maestro vivo, de un genuino Sat Guru. Hemos recalcado este punto muy a menudo, pero nunca lo será demasiado. Es absolutamente necesario. Sin la Iniciación, más vale detenerse antes de empezar. Uno no llegará a ningún lado en el Sendero. Podrá tener una comprensión intelectual de los principios, pero le servirá de muy poco. Por otra parte, suponiendo que obtenga la Iniciación, no tendrá que aprender una gran cantidad de reglas y normas; no tendrá que estudiar ningún ritual, ni leer ningún libro: ni siquiera éste. Puede leer tan solo con objeto de clarificar su mente sobre ciertos principios. Eso es todo. Tendrá que comenzar, antes que nada, por ponerse a trabajar en los ejercicios.


Debe seleccionar una habitación apropiada, que excluya en lo posible el ruido y las interrupciones. A horas fijas se sentará a meditar como haya programado de antemano, con el cuerpo erguido y en posición confortable. La postura que se acostumbra en Oriente se explica en la iniciación, pero, si es un Occidental, probablemente no podrá soportar esa posición y deberá sentarse en tal caso en la posición más cómoda que elija. El punto principal es que se tiene que conservar la mente en el centro de la cabeza y, si siente dolor por estar en una posición forzada, no podrá concentrarse. Su atención se fija entonces en un punto de la cabeza llamado tisra til, que significa "el tercer ojo". Está entre los ojos y al nivel de las cejas. Puede pensar sencillamente en ese centro, imaginándose que está ahí. Debe sostener la atención en este punto continuamente y sin vacilaciones. No debe distraerle ningún pensamiento del mundo exterior ni ningún hecho pasado, experiencia o persona. El objetivo es llegar a una perfecta concentración en ese centro. Eso es esencial. La mente debe mantenerse firme en ese punto. Deja la mente inmóvil. No pienses en nada, salvo en el Maestro, en este centro interior. Debe cesar toda otra actividad mental. Debe conservarse la mente perfectamente quieta, sin moverse de ese centro. La mente y el alma deben recogerse en ese punto. Recuerda que la mente y el alma están dispersas por todo nuestro cuerpo y que ahora deben recogerse y concentrarse en este único punto de la cabeza. Hacer que esta concentración sea perfecta es la primera gran tarea que debe ocupar la atención y el esfuerzo del devoto. Comparado con eso, ninguna otra cosa en el mundo debe considerarse importante.


A la hora de la iniciación se le dice al discípulo cómo debe hacer todo esto para que obtenga las mayores ventajas. Aquí no pueden manifestarse los detalles del proceso. Se exponen a la hora de la Iniciación. No es porque los Maestros no tengan la mejor voluntad de ofrecer sus preciosos secretos. Tendrían mucho gusto en entregarlos a todos los hombres y mujeres del mundo si pudieran utilizarlos. Pero no pueden. Esos secretos no tienen ningún valor para los no iniciados. Absolutamente ninguno. Solamente les confundirían y probablemente les conducirían a cometer equivocaciones serias. Solo después de haber encontrado a un Maestro vivo y haber obtenido la Iniciación tienen estos secretos algún valor para uno. Después son inapreciables. Nuestro propósito en este libro es dar al estudiante una idea definida de los principios generales de la ciencia de los Maestros. No pretendemos eliminar la necesidad de tener un Maestro: eso sería la más grande locura.


Antes de comenzar a hacer sus ejercicios, se supone que el discípulo ha alcanzado un viveka perfecto. Es decir, se supone que ha reflexionado sobre este asunto muy detenidamente desde el aspecto intelectual. Se entiende que está convencido de que se encuentra en el camino seguro y que está adoptando el método correcto, el mejor que hay. Debe estar plenamente convencido de que es su sendero. También tiene que aceptar al Maestro plenamente, con entera confianza y estar listo para seguirle a toda costa.


No debe pretender, ni por un momento, que sus propias ideas sean superiores a las instrucciones dadas por el Maestro, aun en los más pequeños detalles, porque entonces no le necesitaría. Tampoco debe pensar que las instrucciones generales dadas a otros por el Maestro no son aplicables a él. La ciencia de los Maestros es universal. Se aplica a todos con igual fuerza. Jamás debe imaginarse que alguna instrucción particular dada por el Maestro carezca de importancia. Eso sería un grave error. El Maestro no da instrucciones que no sean importantes.


Por lo tanto, debe seguirse implícitamente al Maestro. Si algún estudiante objeta que esto es renunciar a su propia individualidad, podemos ilustrar este punto: Un hombre inicia un largo viaje en barco. Su primera preocupación con respecto a ese viaje es viveka, el modo de ir. Tiene que seleccionar un buque y una ruta. Una vez que lo haya hecho, concluye su razonamiento. Su independencia de elección se ha reducido, ya la ha entregado. El que manda ahora es el capitán del barco. Una vez que pone el pie en el mismo, desaparece la libertad de escoger, como hizo anteriormente. De ahí en adelante tiene que obedecer al capitán y seguir el reglamento para el gobierno de ese barco. Lo hace voluntariamente y solo porque ha decidido definitivamente que esa nave le llevará a su destino. La situación actual es igual a la que se nos presenta en el viaje con el Maestro. Es el gran capitán y para ir con él tenemos que obedecerle.


Una vez determinado esto, se emprende el viaje. También se supone que ha alcanzado vairag, o sea, un desapego mental completo del amor al mundo y a los objetos de los sentidos. Un hombre no puede llevarse este mundo consigo en el viaje hacia los mundos superiores. En su más íntimo pensamiento debe estar desligado de lo que le encadena. Entonces estará listo para proseguir.


Una vez que haya hecho todo lo arriba mencionado y se haya sentado apropiadamente para dedicar el tiempo seleccionado para sus ejercicios, empezará a hacer simran (smarana), que significa la repetición de ciertas cosas que da el Maestro, que podrían llamarse "notas clave", por no encontrar otro término más apropiado. El objetivo del simran no envuelve ninguna idea de hechizos ni poderes mágicos. Es simplemente un método que ayuda a la mente a llegar a un completo descanso y a quedarse reposadamente en ese centro. Todo el mundo utiliza el simran de un modo u otro. Es simplemente concentrar la atención sobre alguna cosa y luego repasarla continuamente, hasta que llegue a formar parte de la fibra y sustancia de nuestro propio ser. Solamente de esa manera se puede tener éxito.


Puesto que el estudiante va a entrar ahora en los mundos interiores, fija su atención en lo que está dentro y que pertenece a esos mundos internos. Cuando la mente se escapa, la repetición de esas notas clave la atraerán de nuevo hasta su centro. El mundo exterior se olvidará por completo. Cualquier medio que se adopte para alcanzar este fin puede ser de ayuda, pero el Maestro nos da el mejor. Ningún hombre puede mejorar el método del Maestro. Es un método que ha sido probado y comprobado durante incontables miles de años. Ningún hombre puede acceder a esos mundos superiores mientras su mente se entretenga con las cosas del mundo exterior. De ahí que los Maestros hablen de cerrar las nueve puertas del mundo exterior. Las nueve puertas a que se refieren son:


          Los dos ojos
          Los dos oídos
          Los dos agujeros de la nariz
          La boca
          El órgano sexual
          El recto


Estos son los principales medios de comunicación con el mundo exterior. Todos deben cerrarse, es decir, se debe retirar de ellos toda la atención.


Cuando se ha silenciado el mundo exterior hasta en nuestros pensamientos más íntimos y se fija nuestra atención en el centro interior, empezamos a concentramos en ese centro. Todos los poderes de la mente y del alma se reúnen en ese centro interior y, como resultado, las extremidades del cuerpo se vuelven insensibles. Perdemos toda sensación de vida y existencia del cuerpo. Lo olvidamos. El ser entero se mueve ahora hacia el centro y los mundos internos que se van a ocupar.


Cuando están dentro todos los rayos de la atención, concentrados en el centro apropiado, sin ningún pensamiento vagando fuera, estará el estudiante en condiciones de obtener resultados. Tiene que obtenerlos. No puede fallar. Al principio verá solo destellos de luz o escuchará sonidos. Probablemente las dos cosas. Pero, no importa lo que vea u oiga, no debe permitir que vague su mente fuera del centro. En otras palabras, no debe ir nunca detrás de ningún sonido o visión. Hay que dejarlos llegar hasta el centro. Si te sales de ese centro, perderás las luces y también los sonidos. Poco a poco, al reunirse todas las corrientes de la vida del cuerpo en ese centro, aumentan muchísimo los poderes del alma y de la mente.


Cuando esa concentración ha llegado al máximo, dentro de la habilidad del individuo, el alma tiene fuerza suficiente para penetrar por la décima puerta. Ésta es una abertura en el cuerpo sutil, cerca de la mitad de la cabeza. Al principio, uno solamente puede mirar hacia fuera por esa puerta, pero, poco a poco, va saliendo por ella y deja completamente el cuerpo. Pasa entonces a un mundo nuevo que nunca se había visto antes. Este nuevo mundo será probablemente algún subplano de la zona astral. Es una nueva dimensión para nosotros. Llamémosle la cuarta dimensión, si así lo prefieres; sin embargo, ese término tiene muy poco significado.


En el grandioso universo hay una serie casi interminable de grupos de tres dimensiones, uno sobre otro, hasta llegar a los más altos mundos. Cada serie está separada de su inmediata anterior y de su inmediata inferior por la diferencia de sus sustancias, la finura o densidad de sus partículas y los diferentes niveles de vibraciones. Estas diferencias hacen que una serie sea invisible para las gentes que vienen de otra, porque los ojos de los que habitan en una región tienen un alcance de visión limitado, lo cual hace que les sea imposible ver una región que esté mucho más abajo o mucho más arriba de la propia, para lo cual han sido adaptados. Ésta es la razón por la que no podemos ver los mundos astrales por medio de nuestros ojos físicos. Empero, con los ojos astrales podemos ver en ese plano tan bien como vemos en el plano físico con los ojos físicos. Y lo mismo sucede con los mundos todavía más elevados. En cada mundo superior o serie de dimensiones, aumentan materialmente la luz y la belleza, así como la felicidad de sus habitantes.


En el sublime momento en que el alumno sale y pasa al mundo superior, empieza a darse cuenta de que ha adquirido un enorme aumento de poderes y un gran gozo. Le parece, y es asimismo un hecho, que puede lograr casi cualquier cosa que desee. No solamente aumentan sus poderes, sino que su sabiduría y su entendimiento también se ensanchan proporcional mente. En ese momento, el universo material aparece como un libro abierto para él y se desvanecen los oscuros misterios. En otras palabras, se encuentra en posesión de todos los conocimientos de estos mundos inferiores. Ahora los conoce y tiene poder sobre ellos. De ahí en adelante, cada mundo al que va teniendo acceso le proporciona completo conocimiento y poder sobre el mundo inmediatamente inferior.


El discípulo está ya libre para proseguir su camino hacia zonas aún más altas. No puede consentir detenerse indebidamente para gozar del nuevo mundo al que acaba de entrar. Tiene que proseguir. Entre el plano físico y los planos astrales puros hay muchos subplanos. Los pundits Vedantas hablan primero de los mundos del sol. Luego vienen los mundos de la luna; después de ellos, numerosas subzonas y, finalmente, lo que Vivekananda llama los mundos del relámpago. Esto corresponde al plano de Sahasradal Kanwal, tal como lo conocen los Maestros. Comúnmente se le llama región astral. Está llena de luz y es muy hermosa, comparada con este mundo. Es la región que consideran muchos yoguis generalmente como el cielo supremo. Como regla, es tan alto como sean capaces de ascender. Al Señor de esta región lo consideran el Ser Supremo. Los Santos hablan de él como Kal Niranjan, mientras que la mayoría de los hindúes piensan que es Brahm, el Dios Supremo. En realidad, es considerado como el Ser Supremo por la mayoría de las religiones porque no conocen ninguno superior. Solamente los grandes Maestros saben que hay regiones y deidades más elevadas, hasta llegar al Universal, de quien descienden los demás.


En un punto situado entre los mundos del sol, de la luna y la zona astral pura, entra el discípulo del Maestro en una zona llamada Ashtadal Kanwal. En ese lugar sucede algo que cambia el curso de su vida y también el método con el que procede en adelante. Es el encuentro con su maestro en su "Forma Radiante". Es el Nuri Sarup o "forma de luz" del Maestro. Es el Maestro, su propio Maestro exactamente igual como se ve en la vida física, salvo que su cuerpo es ahora mucho más hermoso y lleno de luz, brillantemente iluminado. El Maestro Radiante recibe ahí a su discípulo con mucho amor, llenándole de un gran gozo. Desde ese momento no se separan nunca más en el viaje a regiones todavía más elevadas. Por supuesto que esta forma está siempre con el discípulo desde el momento de su iniciación, pero el discípulo no puede verla. Pero, de ahí en adelante, el discípulo puede ver al Maestro en los planos interiores tan bien como lo ve exteriormente.


En ese instante aparece en el viaje del estudiante una nueva característica. Una nueva etapa se marca en su carrera. Hasta aquí su éxito ha sido solo parcial, aunque muy grande. Ha conseguido mucho, pero solamente acaba de empezar su viaje ascendente. Hasta entonces ha estado haciendo simran, repitiendo las notas clave, y eso le ha dado una buena concentración. Pero a partir de ahora dejará el simran, puesto que ya no lo necesitará. Tiene la presencia del Maestro, a quien puede contemplar ahora constantemente. Esto se llama dhyan. Esta visión inspira mucho amor y adoración. Es el más perfecto dhyan y es más efectivo que smarana para concentrarse. De hecho, en todo tiempo, aun antes de que el discípulo vaya a su interior, el mejor ejercicio posible es mirar fijamente la forma del Maestro, especialmente a los ojos. Si aprovecha cada momento en mirar fijamente, sin desviar la vista, directamente a los ojos del Maestro, encontrará que se concentra y se dirige hacia dentro más rápidamente que de ninguna otra manera. Ésta es la gran ventaja del discípulo que ha estado personalmente cerca del Maestro. Así es que tenemos ahora simran y dhyan perfectos. Éstos son los dos elementos esenciales en los ejercicios.


Al llegar a este punto, tiene lugar algo más de gran importancia. Te pondrás en contacto con la Corriente Audible de la Vida perfecta y conscientemente y su música comenzará a ocasionar cambios en tu interior. Ya has obtenido algo antes de este momento, pero al llegar aquí lo conseguirás con más perfección. Comienza a encantarte y atraerte hacia arriba con fuerza y poder crecientes. Te encontrarás escuchándola con atención arrobadora y con profundo deleite, completamente absorto en ella. No desearás dejarlo ni perder una sola nota de sus maravillosas cadencias.


Naturalmente, tu progreso ascendente se acelerará mucho de ahí en adelante. Se dice que el estudiante que ha llegado hasta este punto ya lleva la mitad del camino andado. Si antes tenías que esforzarte por sostener la atención en el foco, ahora encontrarás igualmente difícil retirar tu atención de él. El Maestro y el divino Bani son extremadamente atractivos. Desearás ardientemente seguir mirando a uno y escuchando al otro.


Ahora irás con el Maestro a la Capital, el gran Sahasradal Kanwal, que es el centro de los mundos astrales, la famosa ciudad del "loto de los mil pétalos". Es una maravilla de luz y belleza, que creo que nadie ha tratado de describir nunca con muchos detalles porque está más allá del lenguaje humano. Mil y una esplendorosas luces, (una luz central y mil pequeñas agrupadas a su alrededor), cada una de un tono diferente, en forma de una gigantesca flor de loto. Algunas veces la llaman la "montaña de luz". De hecho es la auténtica central de energía del universo físico. El poder que crea y mantiene toda la creación que está bajo él, galaxia tras galaxia hasta el infinito, procede de esa gigantesca dínamo. No podemos ir más lejos tratando de describirlo. El que llegue allá lo verá. Que intente describirlo entonces..


Al entrar en esta región, el discípulo se encontrará tan lleno de gozo que deseará quedarse allá para siempre. Advertirá que en ella viven muchos millones de los mejores hombres y mujeres conocidos de la historia, incluso fundadores de religiones del mundo, sentados gozando de su meditación o caminando entre las bellezas y esplendores de esa región. Por mucho que nos complaciera continuar describiendo ésta y muchas otras regiones superiores, debemos detenernos aquí. No podríamos describirlas aunque quisiéramos y no querríamos si pudiéramos. Esto concierne solamente a los estudiantes que han progresado hasta ese punto. Su conocimiento no pertenece a quien está confinado todavía a este plano terrestre y no le haría ningún bien si se lo ofreciéramos.

 

 


 

 

 

 

5. La Tecnología de Este Yoga
 


Ya se ha dicho que el primer requisito previo para llegar a ser discípulos del Sat Guru es una vida ética. Esto puede llamarse el dharma de este sendero, llamado por los Santos Musulmanes shariat, la ley de la vida, lo que se tiene que hacer o que se debería hacer. Todo esto se da por supuesto aun antes de emprender el Sendero de los Maestros. Naturalmente, todo estudiante debe estar bien versado en las leyes fundamentales de la rectitud. Debe también practicar el verdadero dharma toda su vida. Sin eso no puede ni siquiera empezar. El asana de este Sendero es sentarse en la posición apropiada, con la mente separada del mundo. No hay pranayama en este yoga: no tiene lugar en el sistema de los Maestros. Fijar la mente en el centro prescrito, atrayéndola hasta un solo punto, es el dharma de los yoguis de Patanjali. Por supuesto que tiene que hacerse, si es que quiere uno entrar en sí mismo. El dhyan de este Sendero es contemplar al Maestro con mirada amorosa, ya sea en su forma física o en la Radiante. Debe hacerse en cualquier caso, pero en este yoga el simran viene antes que el dhyan. Después del simran y del dhyan tiene lugar el bailan, una forma de ejercicio no conocido en ningún otro sistema. Consiste en escuchar el Sonido, la Corriente Audible de la Vida. La razón por la cual no lo incluye ningún otro sistema radica en que no saben nada de la Corriente del sonido, del Shabd Dhun. De esta manera pierden lo más vital de todo el proceso.


Todas esas cosas que se acaban de enumerar conducen al samadhi, ir realmente al interior y salir a las regiones astrales, como se ha sugerido con anterioridad.


La forma más alta de Samadhi es Nirvikalpa. Lo obtienen los discípulos del Maestro cuando entran en la Tercera Región. Es ahí donde se contemplan a sí mismos como espíritus puros, después de haber dejado atrás todas las cubiertas materiales. A este estado nunca llega el yogui ordinario. Lo que llama éste Nirvikalpa está en un plano mucho más bajo, en un estado negativo, y no es el verdadero Nirvikalpa. Es solamente un reflejo del auténtico. El resto de los términos que usan los yoguis son descripciones de otros tantos estados mentales que se experimentan en el plano astral o en algún otro plano inferior. Pero lo más importante de todos los sistemas de yoga es la falta completa de todo conocimiento del Shabd y no confiar en él para entrar en las regiones superiores. Sin eso nadie puede avanzar muy lejos en el sendero interior.


Éste es el sistema de Yoga enseñado y practicado por los Santos desde el principio de los tiempos. Hemos ofrecido solamente unos cuantos apuntes, para que el lector no esté completamente a oscuras con respecto a ello. No se pueden dar más detalles al público en general, pero los proporcionará el Maestro a todo al que inicie. Se sobreentiende que, para intentar practicar este sistema, se ha alcanzado ya, tan completamente como sea posible, la preparación mental que se discutió en el Capítulo Diez. Debería tenerse esta preparación antes de llegar al Maestro o de aspirar a la Iniciación. Si no se ha alcanzado antes de la Iniciación, debe hacerse con seguridad después de ella. Actualmente, debido a la misericordia y bondad de los Santos, conceden generalmente la Iniciación primero, con el fin de que los más débiles puedan progresar en su preparación. Es un hecho deplorable que algunos de los estudiantes usen mal este gran privilegio; es decir, algunos obtienen la Iniciación y luego caen en una perezosa indiferencia o bien esperan que el Guru lo haga todo por ellos. De esa manera, pasan toda su vida sin avanzar en el Sendero. Sin embargo, aunque algunos de ellos se salgan por completo del camino, lo harán mejor en la vida siguiente, si es que tienen que volver aquí debido a su falta de esfuerzo.


Dicho sea de paso, los grandes Maestros mencionan muy poco los términos técnicos que se usan para designar los diversos pasos en el Sendero. Generalmente le dicen al estudiante exactamente lo que se debe hacer, de la manera más simple y clara. El interés por esos términos técnicos se limita a. los eruditos, pero, como este libro se emprendió con el propósito de ofrecer las enseñanzas de los Maestros con sentido científico, se ha considerado conveniente proporcionar los términos técnicos más importantes que usan los eruditos y explicar su significado, para que el estudiante letrado no tenga dificultad en colocar este sistema en el lugar que le corresponde, en relación con todos los demás. Esta ciencia de los Maestros es absolutamente el sistema más eficaz. Este esquema lleva al estudiante, paso a paso, desde los primeros comienzos en el Sendero oculto hasta la más alta y suprema meta; y, por virtud de este progreso, pasa del estado de hombre ordinario hasta el "sublime grado de hombre-Maestro".

 

Podrían hacerse muchas subdivisiones en este esquema, pero no se consideró prudente confundir este estudio con demasiados detalles sin importancia. Repetimos aquí también que este sistema de yoga no debe emprenderse sin haber obtenido antes la iniciación de un Maestro auténtico. Si tratas de usarlo sin un Guru es seguro que fallarás y te encontrarás además con dificultades imprevistas. Con o sin este libro, nadie puede nunca escapar de la red del karma mientras no coloque su destino en manos de un Sat Guru vivo.

 


 

 

 

 

 

6. Pasando "Las Puertas de la Muerte"

 

 

Como verá el estudiante cuidadoso, este sistema de ejercicios espirituales, enseñado y practicado por todos los Maestros, conduce realmente al estudiante a través de "las puertas de la muerte". A continuación entra en las regiones que están por encima del juego de la muerte, como sabemos. También puede volver a este plano a voluntad, reteniendo un recuerdo perfecto de todo lo que ha visto y oído. Éste es uno de los logros menores del estudiante, a quien el samadhi de esta ciencia lleva a través y más allá de la muerte. Por supuesto que esto soluciona de una vez por todas lo que afronta eternamente la raza humana, el problema de la muerte y del más allá. Este hecho no ha sido desconocido por los más grandes pensadores del mundo. Plutarco, por ejemplo, dice:


A la hora de la muerte, el alma experimenta las mismas

impresiones, pasa por los mismos procesos, por los que

atraviesa el que está iniciado en los Grandes Misterios.


Esto es exactamente lo que enseñan los Maestros y es experiencia común de todos los iniciados que han avanzado algo en el Sendero. Pero, en vez de la antigua iniciación, por medio de la cual se mostraba al neófito solamente un destello momentáneo de algo que estaba por encima y más allá del mundo físico, los Maestros inician a los estudiantes en el Sendero y les dan el método por el cual pueden ir y venir a voluntad entre éste y los mundos superiores. Esto es lo que se llama morir diariamente o morir mientras vivimos. Es parte de la rutina diaria de los estudiantes avanzados. El estudiante deja el cuerpo del mismo modo que sale de él un moribundo, con la diferencia de que aquél lo hace diariamente y el proceso está siempre bajo su control y puede volver a entrar en el cuerpo en el momento que quiera regresar. Por lo demás, la salida del cuerpo es prácticamente igual a la del moribundo. De esa manera, aprende lo que es la muerte y también lo que hay en el más allá, llegando a familiarizarse con su futura morada, a la que irá cuando deje finalmente este cuerpo. Puede también conversar con amigos que abandonaron sus cuerpos hace mucho tiempo.


Estos magistrales resultados no pueden dejar de interesar al estudiante, puesto que resuelven los grandes problemas de la vida y su destino. Es una fase de la gran obra de los Maestros. Han roto el sello de la muerte, de modo que ya no existe ésta para ellos y sus estudiantes. Y todo ello es conocimiento positivo, no especulaciones ni conjeturas. Tampoco es interpretación de ningún libro. Todo el mundo, en especial Occidente, ha estado acostumbrado a pensar que nadie sabe, ni puede saber, lo que está más allá de las puertas de la muerte. Aseguran, aparentemente como algo definitivo, que la muerte nos lleva hasta dejarnos en alguna playa mística, desde "cuyos linderos no puede regresar ningún caminante". Por supuesto, unos cuantos suponen que la muerte concluye la vida individual del hombre. Pero no nos preocupan aquí. Ya se darán cuenta de su equivocación a su debido tiempo. Ya ha sonado la hora de que el hombre deje de pensar en la muerte como algo pavoroso. De hecho, la muerte no existe en absoluto. Hay solamente un cambio de escenario, un despertar a un nuevo mundo.


La muerte es un engaño evidente. Los Maestros y miles de sus estudiantes saben exactamente lo que es la muerte y lo que se encuentra más allá de ella. Saben que es solo una apariencia. Han "cruzado la Gran División" muchas veces y pueden hablarnos sobre todo ello. Empero, encuentran que es muy difícil que la gente les crea. Todo el mundo ha temblado durante siglos ante este siniestro pero inevitable destino, que se cierne sobre todos nosotros. Lo temen porque no lo entienden. Es como un niño que llora en la oscuridad: tiene miedo porque no puede ver lo que hay. La gente le teme a la muerte porque no sabe lo que implica.


A pesar de la ignorancia general sobre este tema, los Maestros saben lo que la muerte significa y están listos para impartir su conocimiento a todo aquél que les escuche. No solamente eso, sino que también están dispuestos a mostrar al investigador exactamente cómo puede adquirir ese mismo conocimiento.


Los Maestros y muchos de sus estudiantes atraviesan diariamente las "puertas de la muerte" y, por lo tanto, saben de todos los problemas relacionados con esta cuestión. Han explorado mundo tras mundo, más allá de las puertas de la muerte. Todo esto lo hacen con plena conciencia, como resultado directo de la práctica del Surat Shabd Yoga. El Maestro deja su cuerpo a voluntad, casi exactamente de la misma manera que lo hace el moribundo. Se ha dicho muchas veces, pero lo repetimos para darle más énfasis. La idea no es fácil de exponer, pero, como se dijo antes, el Maestro tiene completo control sobre todo el proceso y puede regresar a voluntad, mientras que el hombre ordinario, al morir, es víctima impotente de ese proceso. El Maestro nunca pierde la conciencia y, cuando regresa a su cuerpo, recuerda perfectamente todo lo que ha experimentado durante el tiempo que estuvo fuera de él. Por supuesto, es un gran logro, una de las más maravillosas hazañas del hombre. Pero la belleza de todo esto es que está al alcance de cualquier hombre. Se requiere solamente saber cómo hacerlo y un poco de aplicación a la tarea.


Una vez que se puede dejar el cuerpo voluntariamente, no solo no existe la muerte para uno en el sentido ordinario de una espantosa catástrofe, sino que no hay un simple instante de inconsciencia ni una sombra de oscuridad. Uno sale de su cuerpo a voluntad y en completa posesión de todas sus facultades. Sabe exactamente lo que está haciendo y conserva siempre pleno control de todo el proceso. ¿No es eso una hazaña digna del esfuerzo de cualquier hombre? Por supuesto que el Maestro y todos sus discípulos abandonan sus cuerpos cuando llega el tiempo de partir, pero cuando llega ese instante se van como hicieron antes, solo que entonces cortan toda conexión con el cuerpo y finalmente lo descartan. Se marchan como almas libres, elevándose sobre alas de poder y gozo. Simplemente salen de sus cuerpos y se van del mismo modo que pasa uno de una habitación cerrada a un hermoso jardín.


Cuando el Maestro deja este plano físico va a cualquier parte que desea, porque es el amo de las regiones superiores. Si se detiene en el plano astral, usa ahí su cuerpo astral. Si asciende al plano causal, funciona con el cuerpo causal. Si sube hasta el tercer plano, se deshace de todos los cuerpos y, de ahí en adelante, actúa como espíritu libre, ilimitado y sin estorbos. Como espíritu puro lo sabe todo por percepción directa, sin ninguna clase de instrumento de contacto como los que estaba obligado a usar en los planos inferiores. El hombre que muere rompe toda conexión con su cuerpo cuando sale de él, pero, cuando los Maestros, como parte de su rutina diaria, salen de su cuerpo, dejan una especie de conexión para poder regresar a voluntad. A esta conexión se le llama poéticamente en la Biblia "el cordón de plata". Leemos:


Antes de que se desprenda el cordón de plata o se rompa el
vaso de oro. (Ecc. 12:6)


El Maestro o sus discípulos no lo rompen hasta que están listos para dejar el cuerpo para siempre. Entonces, por propia voluntad, rompen el cordón de plata y suben a la libertad perfecta. Eso es todo lo que hay acerca de esa cosa tan temida que los hombres llaman muerte.
 


Después de la muerte, ¿qué ocurre? ¿Adónde vamos y qué nos sucede? Para contestar a esta pregunta hemos dividido a la humanidad en cuatro clases o grupos distintos; y la razón es que cada uno de esos cuatro grupos se encuentra con un tipo de experiencia diferente después de la muerte.


(1)La primera clase incluye a todos los que no tienen Maestro. Ésta comprende, por supuesto, el grueso de la humanidad. Todos ellos están obligados a enfrentarse a las emergencias de la muerte sin apoyo, sin compañía, absolutamente solos y desamparados bajo la ley de su propio karma. En ese momento tienen que recibir el pleno pago de lo que han ganado en la vida que acaba de concluir. Los mensajeros de la muerte no les preguntan cuándo acudirán ni escuchan sus gritos de angustia. No tienen piedad, actúan bajo las órdenes de su maestro, el Poder Negativo, cuyo deber es administrar absoluta justicia, sin favoritismos. Como sabemos todos, esta clase incluye la amplia mayoría de la humanidad. No importa la religión a que pertenezcan, sin mediar diferencia entre rey y campesino. No importa lo buenos o malos que hayan sido, todos deben enfrentarse por igual al "ángel oscuro" y seguirle donde les lleve. Tienen que irse cuando suene la hora, estén o no preparados para ello. No se consultan sus deseos individuales. No hay remedio ni escape. Ningún hombre puede detener la mano de la muerte cuando llega el inevitable momento. Todos deben encararse solos con la muerte y hacer frente a las consecuencias.


Que nadie imagine que su Señor, de alguna pasada época, vendrá a socorrerle en el momento de la muerte. No es así. Su religión y el fundador de la misma le servirán de muy poco cuando se enfrente al juez de ese tribunal al que tenemos que acudir. Tiene que responder a ese exhorto y comparecer en persona para contestar las inflexibles demandas de la ley: la ley de la justicia kármica. Todas y cada una de las almas de esta clase son escoltadas hasta la Corte del Rey-juez, para "dar cuenta de las acciones realizadas mientras vivía en el cuerpo".


Esta explicación no se pospone hasta algún momento en el futuro, cuando fuera llamado a juicio todo el género humano; cada uno es juzgado inmediatamente después de la muerte: no hay cosas tales como un "día del juicio". El juicio de cada hombre tiene lugar inmediatamente después de su muerte. Ese tribunal está en sesión permanente y ante ese juez no habrá "abogado defensor".


Cada uno es juzgado conforme a su propios actos y la sentencia se pronuncia en estricto acuerdo a la justicia. No obstante, se trata de una justicia en la que no existe misericordia ni clemencia por parte del tribunal. Contra esa sentencia no hay apelación ni admite libertad condicional. Si una persona ha sido malvada en extremo, conduciendo una vida egoísta, complaciéndose en sus bajas pasiones, le enviarán a alguna región de castigo correctivo y disciplinario.


Esta sentencia no es definitiva, como los ortodoxos infiernos. Pretende depurar a esa alma de su mente perversa. Ella misma conocerá y aprobará su propia sentencia, pues entenderá que es exactamente lo que se ha ganado. Cuando concluya el período de su disciplina, que pueden ser años, un siglo o mil años-, tendrá otra oportunidad de crear mejor karma. Conservará las profundas impresiones de sus amargas experiencias, que le acompañarán en su nueva vida, aun cuando es posible que no recuerde realmente sus detalles. Automáticamente evitará entonces todos aquellos senderos de maldad que le llevaron anteriormente al dolor. En su siguiente vida alcanzará, con seguridad, un mejor registro kármico.


Si alguien ha vivido una vida mejor será enviado a un mejor ambiente, a algún tipo de paraíso donde pueda disfrutar el bien que se haya ganado, con objeto de descansar y recuperarse, por así decirlo, hasta que le llegue el momento de volver a la vida de la tierra una vez más. Sin embargo, en todos y cada uno de los casos, se recibe exactamente lo que se merece y en cada supuesto se debe regresar, más tarde o más temprano, para nacer nuevamente en ésta o alguna otra tierra. Si alguien ha vivido una vida noble y elevada, obtiene con ello el privilegio de una larga estancia en alguna región de pura delicia, para aguardar allí la vuelta final a la tierra. Puede disfrutar así en algún cielo durante miles o un millón de años, pero, tan cierto como que el tiempo pasa, tiene que regresar finalmente a la vida terrena, una vez que sus méritos se hayan agotado. De esta manera, todos y cada uno tienen que ocupar la rueda de nacimiento y muerte, era tras era, hasta que su buen karma le lleve en último termino hasta un Maestro Vivo.


(2) La segunda clase son aquéllos que han recibido la iniciación de un Maestro vivo, pero que han hecho muy poco, o nada, en la vía de los ejercicios espirituales. Puede que unos cuantos se hayan dejado arrastrar realmente por sus pasiones, en una conducta indigna. Como consecuencia, no han progresado en el Sendero. Sin embargo, tienen un Maestro. ¿Qué les ocurre después de la muerte? ¿En qué sentido se distinguen sus experiencias de las de los seres humanos corrientes? Hay una diferencia muy importante. El Maestro acude a su encuentro al morir, o poco antes. Es decir, se hace visible a ellos y les informa que su tiempo ha concluido. Tienen que partir. Le responden con júbilo. Al menos, no hemos oído nunca de nadie que no se haya alegrado de irse con el Maestro a la hora de su marcha, sin vacilar. No tienen miedo y no se lamentan de abandonar a sus familias ni al mundo.


No importa que, físicamente, vivan a diez mil kilómetros del Maestro. Se presenta ante ellos en forma visible para recibirles y acompañarles. Llega en su Forma Radiante, en su Forma Astral. Tan pronto como dejan el cuerpo físico, el Maestro en Persona les lleva hasta la región o lugar que hayan merecido. Allí, los instala en una especie de escuela educativa, donde progresan adecuadamente bajo Su dirección.


Si han actuado muy equivocadamente, el propio Maestro les administra el castigo o disciplina que considera necesario. Luego continúan con su instrucción hasta que llega el momento en que están preparados para ascender. Pero en ningún caso va ante el Rey-juez el discípulo de un Maestro Verdadero, ni se le acerca jamás el negro ángel de la muerte a la hora de morir. No puede aproximarse a un discípulo de un auténtico Satguru. El Maestro en Persona está presente para cuidar de los suyos. El Maestro es siempre el Amo de la Situación. No hay poder superior al Suyo. El Satguru es la encarnación del Supremo y, como tal, tiene poder para hacer lo que quiera, y nadie puede obstruir su camino.


(3) La tercera clase son aquéllos que han progresado mucho en el Sendero de los Maestros, pero no han alcanzado aún la maestría. Todos los de esta clase conocen el día y la hora en que tienen que partir, mucho antes de que llegue. El proceso completo de la muerte se halla bajo su control y no existe ni una sombra de dificultad ni angustia durante el proceso del tránsito. Tampoco pierden la conciencia un solo instante. Salen del cuerpo tan fácilmente como si se quitaran un traje viejo. En su práctica diaria han pasado por el proceso en muchas ocasiones, de modo que la experiencia les es absolutamente familiar. Han visitado ya muchas veces la región que van a atravesar ahora. Es como volver a casa. La única diferencia entre sus anteriores visitas a esa región y su salida final del mundo físico es que ahora el discípulo rompe el "cordón de plata" y se libera del cuerpo para siempre. Habiendo completado la separación, está libre de ir donde desee sin ataduras de ningún tipo. En compañía del Maestro, se dirige directamente a esa región donde morará durante el tiempo necesario, hasta que esté preparado para ascender más. Por supuesto, el Maestro permanece con él durante todo este cambio. El discípulo realiza el cambio con gran júbilo y por propia voluntad. No hay coacción. Naturalmente, no tiene absolutamente nada que ver con el ángel oscuro o con el Rey-juez. Como la segunda clase, es cuidado por el Maestro. Es una ocasión de gozosa vuelta a casa.


Estas dos clases no regresan nunca la tierra de nuevo, a menos que lo desee y ordene el Maestro. Generalmente son conducidos hacia arriba, grado a grado, hasta que alcanzan el más elevado. Todo estudiante que haya sido capaz de alcanzar Sach Khand antes de abandonar el cuerpo físico es extremadamente afortunado. El camino para conseguirlo está abierto para todos, y pueden hacerlo si trabajan adecuadamente. Sin embargo, en la práctica, no llega a tanto un gran porcentaje de ellos. No obstante, en todo caso, los discípulos del Maestro se salvan de los monótonos giros de la reencarnación, sus cansados ciclos de nacimiento y muerte se han terminado.
 

(4) La cuarta y última clase son los Maestros mismos. Cuando llega el momento en que un Maestro desea abandonar el cuerpo para siempre, simplemente lo deja por propia voluntad y sale de él, como ha hecho tan a menudo antes, solo que ahora rompe el cordón y se desprende del cuerpo como un instrumento que carece ya de utilidad. Lo preparan sus discípulos y lo llevan a la pira funeraria. El proceso completo de este tránsito, así como todas las circunstancias relacionadas con el mismo, están bajo Su propio control y no hay nunca la menor sombra de inconsciencia. Continúa como Maestro incluso a través del proceso de Su propia muerte. Los Maestros son Señores de la vida y de la muerte. Pueden hacer exactamente lo que les parece en todo momento y nadie puede interferir. Tras abandonar Sus cuerpos, se elevan de inmediato por encima de todos los mundos físicos o materiales y adoptan Su residencia donde consideran más conveniente, conforme a Sus obligaciones y responsabilidades, haciéndose cargo de Sus deberes superiores, según Les hayan sido asignados por el Supremo.


De paso podemos mencionar que los Maestros, por lo general, no permanecen en su cuerpo físico mucho más tiempo que el usual asignado a cualquier mortal ordinario. Generalmente, dejan que la Naturaleza siga su curso en las cuestiones físicas, aun cuando tienen plenos poderes para intervenir en la rutina usual si así lo juzgan necesario. Generalmente no forma parte de sus planes. Podrían quedarse en sus cuerpos durante siglos o miles de años, si lo juzgaran conveniente. Sin embargo, por regla general no lo hacen. Se ha sabido que muchos yoguis se quedan en el cuerpo durante siglos y cualquiera de ellos de alto nivel puede hacerlo. Pero los yoguis no son Maestros del más elevado orden. Los Maestros obedecen las leyes de este mundo y llevan a cabo su labor en armonía con esas leyes tan rigurosamente como es posible. Su tarea es de naturaleza estrictamente espiritual y no desean interferir con las leyes que gobiernan un país extranjero, en el cual tienen solamente un interés temporal. Vienen a este mundo con un propósito definido y se adhieren a ese propósito y a esa labor tan exactamente como es posible. Después de todo, ¿qué ventaja se obtendría con que vivieran en el cuerpo unos cuantos siglos o miles de años? Se marchan a llevar a cabo un trabajo más elevado, dejando que sus sucesores continúen aquí. El Supremo Sat Purush no desea que uno de sus amados hijos se quede en esta oscura región, cuya naturaleza es más propia de una prisión. Una vez que hayan terminado el trabajo que se les asignó, son recibidos en su hogar para gozar de su recompensa. Sería un sacrificio enorme quedarse aquí indefinidamente. Aunque se prestaran voluntariamente a hacerlo, el Padre Supremo no desearía que lo hicieran.

 



 

 

 

 

7. La Evolución y la Meta Final

 


En cada Edad ha habido un punto vital que la distingue de las demás edades. Se trata de su alto grado de espiritualidad. La espiritualidad es, de hecho, el alma y la sustancia misma de la civilización. Cada civilización, en cada época del mundo, ya sea alta o baja, se corresponde exactamente con su grado de espiritualidad. Nada más puede nunca producir una civilización. La superioridad mental no produce una civilización real. La cultura, la literatura y el arte no hacen una civilización. Los gustos refinados no producen una civilización. Hay enorme diferencia entre estética y ética. Ni siquiera la ética, en su más alto desarrollo, constituye una civilización. Solamente el amor produce una civilización, y el amor es la esencia del espíritu puro.


A medida que el mundo se ve privado de su espiritualidad. Como resultado, le acechan toda clase de males, afectando tanto a la raza como al individuo y aun al mundo mismo. Toda esa degeneración ocurre por la acción destructiva de las cinco pasiones, las cuales nunca cesan de minar al individuo y al mundo en general.


El vaivén de las mareas' existe siempre. No debemos olvidarlo. La periodicidad es una ley de la naturaleza, como la supervivencia del más apto. En épocas de lenta decadencia hay menos esfuerzo por someter las pasiones y éstas llegan a ser dominantes. Los hombres pierden poco a poco la luz del entendimiento. No oyen el inspirador Shabd interior y pierden todo conocimiento de los mundos superiores. El materialismo cubre el mundo con un oscuro manto, porque la superstición sigue siempre al burdo materialismo. Primero, la gente se vuelve autoafirmativa, luego dogmáticamente materialista y, por último, cuando se extingue el saber, le siguen todas las formas de superstición. El hombre se hunde en un estúpido salvajismo. Al hacerse las condiciones de vida más y más hostiles a la comodidad y al bienestar del hombre, decrece el número de seres humanos. Finalmente, solo queda un remanente luchando por la existencia en un medio ambiente hostil. Al llegar a ese punto, la raza entera se encuentra bajo amenaza de extinción. Entonces sucede algo muy peculiar. En el mismo momento en que se encuentre el hombre entre la espada y la pared, obligado a luchar para sobrevivir, esa misma lucha empieza a conducirle a su salvación.


Igual que un exceso de descanso y comodidades conducen a la degeneración, una ruda batalla desarrolla también cualidades vigorosas. La lucha tuvo que llegar por fuerza a la humanidad a causa de su degeneración e ineficiencia. Pero la lucha, que ahora ha llegado a hacerse muy aguda, empieza a despertar en el hombre sus más altas facultades, nuevos poderes de pensamiento y de acción, facultades que su degeneración había amortiguado y aniquilado. Es la hora decisiva de la historia de la humanidad. Sincronizada para acomodarse a la lucha del hombre cuando comienza la pugna por su propia existencia, aparece un aumento de espiritualidad en toda la raza humana. Esta espiritualidad se convierte en la energía motora de sus esfuerzos recién despertados. Es el principio de una nueva era.


La raza ha ido hacia abajo durante siglos, pero ahora comienza el hombre a ascender lentamente. Empieza a escalar de nuevo hacia la civilización.


En otras palabras, se invertirá el proceso degenerador de siglos y la raza humana volverá sobre sus pasos lentamente, regresando hasta las alturas de donde ha descendido. Es un hecho de gran interés en que la falta de espiritualidad en todo el mundo corre paralela con la degeneración progresiva de la humanidad. De igual manera, la evolución de la humanidad va a la par de un cambio refrescante del mundo mismo, con una nueva fuerza espiritual. El principio de la marcha ascendente del hombre se debe, por lo tanto, a dos grandes factores: su lucha forzosa por la existencia y la simultánea plenitud en el mundo de una nueva vida espiritual. Está dentro del orden de la naturaleza el hecho de que estos dos sucesos de tanta significación mundial tengan que ocurrir al mismo tiempo y forman parte de los ciclos rítmicos del universo.


Casi puedo oír a los críticos Occidentales decir: "¿Por qué no tomaron los Maestros medidas para prevenir la decadencia de la gente?". La contestación es que los Maestros no podían impedirla. Eso era parte del orden de la naturaleza. Ya estaba programada desde el principio de los tiempos. Estas edades tienen que venir tal como lo ordena el Creador. No forma parte de los deberes de los Maestros intervenir en los procesos del mundo. Su deber es ayudar a los individuos a escapar de dificultades y confusión. Y algo que debemos recordar siempre es que el Supremo tiene el mando de este mundo y resolverá los asuntos de la forma más conveniente. No hay que dudarlo. Este mundo irá por donde quiera el Creador, con la misma seguridad que se mueven los planetas en sus órbitas. Ningún hombre o grupo de hombres puede hundir el mundo. Ninguna nación ni grupo de naciones puede evitar que se cumplan los planes del Creador. Es una locura convertirse en alarmistas. En medio de esta confusión y lucha, los Maestros están haciendo cuanto pueden por el mundo, mientras que su atención principal está concentrada en librar a los individuos que ya están listos para ascender y escapar de este mundo de conflictos.


Jamás ha estado el mundo sin un Maestro vivo. Debajo de todas las fuerzas impulsoras, la espiritualidad es la fuerza primaria. Ésa y solamente ésa es la fuerza conductora que siempre se eleva para unirse a su origen.


En cada ser viviente, desde la más pequeña planta hasta el hombre, la evolución significa que la llama espiritual de la vida está luchando por subir y continuar hacia el origen de su ser. Y este proceso y esta lucha debe seguir hasta que el último granito de arena regrese a los fuegos centrales del Ser Infinito.


El mensaje de los Maestros llena el mundo de esperanza y, al mismo tiempo, ofrece una base racional para ella. No solamente le dice a la gente lo que debería hacer, sino que les ofrece un método definido para hacerlo. En la marcha de los siglos, ciclo tras ciclo, en cada planeta donde habitan seres humanos, los Grandes Maestros son los Portadores de Luz de ese mundo. Continuarán siendo amigos y salvadores de aquéllos que luchan por llegar a la Luz hasta el final de los tiempos.


"Condúcenos de lo irreal a lo real.

Condúcenos de la oscuridad a la luz.

Condúcenos de la muerte a la inmortalidad".

 


- Upanishad


FIN