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Capítulo Diez
 

PREPARACIÓN MENTAL PARA LA GRAN OBRA

 

 

 

 

 

1. Una moralidad impecable

 

 

Lo principal es que todo hombre debe venir a esta tarea "debida y sinceramente preparado, con merecimiento y bien cualificado". Si no se ha preparado de corazón, que no venga. No le valdrá dé nada el dinero ni el poder, ni los honores mundanos, ni la posición social, ni la erudición. Lo que debe llevarse a cabo sencillamente es la preparación interior.


Examinemos brevemente en qué consiste esa preparación. La frase "una moral impecable" significa que debe situarse al mismo nivel que su prójimo. Debe ser honrado, sincero, veraz, justo y bondadoso. Debe ser desinteresado en sus relaciones y en su trato. Si puede trabajar, nunca debe vivir de los demás y esto se aplica tanto a mujeres como a hombres. A todos. Debe ganarse la vida si está dentro de sus posibilidades. Ha de procurar hacer siempre cuanto servicio esté en su mano. Debe usar su riqueza, si la tiene, en hacer el bien y nunca en satisfacer su egoísmo. Debe llevar una vida simple y recta y llegar a ser un noble ejemplo para los demás. Debe ser casto, tanto en su mente como de obra. No debe entregarse a una excesiva complacencia en sus pasiones, ni siquiera en sus relaciones dentro del matrimonio. En otras palabras, deberá ser lo que se designa generalmente como "un hombre bueno", sin darse a ninguna clase de placeres. Cuando haya alcanzado todo eso estará listo para dar el siguiente paso en este Sendero.


Es completamente inútil que nadie se aproxime al Maestro, salvo los hombres de buenas intenciones. Sin embargo, hay aliento para aquéllos cuyo pasado no haya ido de acuerdo con estas reglas. Puede haber algunos cuya vida esté llena de acciones buenas y malas y hasta de un pasado criminal. Muchos de los mejores hombres de la historia no pueden vanagloriarse de haber tenido una conducta ejemplar durante los primeros años de su vida. Pero el punto de importancia suprema es su actitud mental actual; eso y su conducta en el presente. Si han dejado definitivamente atrás todos esos caminos sombríos y están ahora situados firmemente sobre la plataforma de la rectitud, decididos a vivir apropiadamente en el futuro, son candidatos idóneos para el don de la Iniciación, siempre y cuando tengan un profundo y permanente deseo por el Maestro y su Sendero. Se sobreentiende que existe este deseo en todos aquéllos que buscan la Iniciación. En cuanto a que estén listos o no para ella, solo puede determinarlo el Maestro mismo. Pero en la práctica, entre la gente que tiene un alto grado de inteligencia, es muy raro que suceda que solicite alguno la iniciación sin estar apto para el Sendero. Si no están listos no van a llamar a esa puerta. El propio Jesús dijo:


Llamad y se os abrirá. (Mateo, 7:7)


Todos los estudiantes haremos bien en recordar que no debemos esperar perfección en los principiantes. Eso sería invertir el proceso. La perfección llega después de una larga práctica en el Sendero y no al principio. Por lo tanto, es una gran equivocación exigir que una persona haya perfeccionado su vida antes de solicitar la Iniciación. Busca la Iniciación para poder perfeccionar su vida como discípulo del Maestro. El que se está muriendo de hambre no espera a estar fuerte para empezar a comer. Come para estar fuerte.

  
 

 

 

 

 

2. El Siguiente Paso es Viveka

 

 

En realidad, éste es el primer paso en el Sendero de los Maestros, pues se sobreentiende que la genuína moralidad y la vida ordenada son lo primero que debe tenerse en cuenta como base para llegar a ser un discípulo. Pero, en la conversión en discípulo o en la aproximación al Sendero, el primer requisito es viveka. Esto significa una correcta discriminación. Abarca un campo muy amplio. Simplificándolo, significa que debe usar uno toda su inteligencia apropiadamente. Debe pensar las cosas a fondo, especialmente con respecto a este Sendero y a sus propios intereses espirituales. Nadie tiene que avanzar a ciegas. Debe pensar honda y largamente. Tiene que separar cuidadosamente lo que es bueno de lo que es menos bueno, lo verdadero de lo falso, lo útil de lo inútil.


A pesar de que muchos libros pueden confundir al estudiante, debe leer, sin embargo, todo lo que encuentre a mano que pueda ayudarle a hacer más claro el Sendero. Sirviendo de fondo a todo el problema se encontrarán ciertos principios y verdades fundamentales que deben aprenderse bien y tenerse siempre en cuenta. Las grandes verdades generales ayudan a decidir sobre una multitud de detalles. Abraza firmemente unas pocas bases fundamentales y úsalas para decidir sobre el resto. Todo ello y más está incluido en el término técnico Viveka.


Se pueden ofrecer ahora unos cuantos principios fundamentales, pero, antes que nada, ten presente que una moralidad bien establecida es la base sobre la que construímos: sin eso no podemos empezar siquiera. Pero, suponiendo que ya la tenemos, debemos ahora comenzar un profundo ejercicio de inteligencia racional para determinar dónde nos encontramos con respecto a este Sendero. Si no resiste un escrutinio detallado, no vale la pena perder el tiempo. Explora sus profundidades, examina cada uno de los principios filosóficos y compara los de esta ciencia con los demás, extrayendo luego conclusiones basadas en hechos y en un juicio sano.


El primer principio general que se examinará aquí es el que está encerrado en una de las más antiguas máximas conocidas de la literatura Védica. Tendría un valor inmenso para cualquier estudiante de filosofía. En Sánscrito dice así:


Ekam sat vipra bahudha vadanti.


Traducido, significa: "Todo lo que existe es uno; los sabios le dan nombres distintos".


Esto fue escrito por un gran Rishi hace probablemente diez mil años. Ha pasado por toda la filosofía India y ha modificado profundamente el pensamiento de todos los pensadores. Enseña que hay una perfecta unidad en el Ser Supremo. Enseña también que hay una perfecta unidad en toda vida y en el mundo entero. Todo cuanto vive es una sola vida, una en esencia, impregnada y vitalizada por el único Ser Universal. Todo vive, se mueve y tiene su ser en esa Entidad Universal. Si la filosofía Hindú no hubiera hecho otra cosa que ofrecer al mundo esa única frase, hubiera justificado con ello su existencia. Partiendo de la misma se ha desarrollado el monismo modificado del pensamiento moderno. Hasta que no veamos en el mundo nada más que al Ser Supremo, como alma y vida de todo, se atravesarán en nuestro camino toda clase de males. Seguiremos dando mucha importancia a las distinciones. Continuaremos separándonos de los demás seres y desarrollaremos el egoísmo. Solamente en el gran Ser Universal, en el Espíritu Infinito, llegamos a darnos cuenta de que todos tenemos los mismos intereses, en un parentesco universal. Hasta que no veamos este Bien Infinito en todas partes, incluso en el mal, no existirá para nosotros esa perfecta unidad.


Más importante que ninguna otra cosa, el verdadero corazón de esa doctrina de unidad universal es el amor. Es decir, la totalidad del universo infinito está unida con un lazo, y ese lazo es el amor. Si pudiéramos darnos perfecta cuenta de esta gran verdad estaríamos listos para el Sendero. Si llegamos a saber que la Entidad Infinita, todos los seres de ese mundo y nosotros mismos, formamos parte de un Ser y que ese Ser está gobernado por la Ley del Amor, estaremos preparados para seguir adelante hacia la Luz.

Al lado de ese noble concepto hay otra expresión en Sánscrito que, por lo general, apoya la misma idea fundamental. Resume en tres palabras toda la filosofía de nuestro parentesco con todo lo que vive. Da una base racional para un amor universal. Coloca los cimientos de un interés común y una hermandad universal, incluyendo todos los seres vivientes. Dice así:


Tat Tvam Asi


Que significa "Tú eres eso" y tiene un doble significado práctico. En primer lugar, enseña que este individuo es ese individuo. No es una tontería. Quiere decir que cada individuo está relacionado tan de cerca con todo los demás que no se puede hacer una distinción real entre ellos. En un sentido muy real cada uno es idéntico al otro y todos son de la misma esencia divina. No es posible que sus intereses sean opuestos.


En segundo lugar, este epigrama Sánscrito significa que cada individuo es el Supremo. No hay diferencia esencial entre el Bien Supremo y el hombre individual. Son uno en espíritu, una esencia, y deberíamos considerarnos parte viviente de la vida infinita y expresar divinidad en cada acto de nuestra vida. El hombre es tan solo una chispa del gran sol central, pero idéntico en sustancia. Hay un momento en el viaje ascendente de los discípulos de los Maestros en que contemplan la majestuosa belleza y la grandiosidad de uno de los más grandes Señores de los mundos superiores. Cuando el estudiante lo contempla se asombra de encontrarse a sí mismo en tan completa unidad con esa alma maravillosa. En ese instante le llega, con un gozo abrumador, la conciencia de que "¡Yo soy eso!". Éste es el verdadero significado de la palabra Sohang. Al avanzar el discípulo en su viaje hacia arriba, tiene creciente conciencia de que es uno con el Ser Supremo. Esto es puro Sant Mat, pero encuentra eco en los Vedas.


Esta doctrina de unidad y, fundado en ella, del amor universal, es probablemente el principio filosófico más importante que aparece en la preparación mental del estudiante de este Sendero. Si puede aceptarlo y hacerlo parte de su pensamiento en todas sus relaciones, estará preparado para continuar. Su facultad de discriminación se habrá completado.


Como parte de su labor de discriminación, debe incorporar los cuatro modos de acción mental. Con ello podrá ver claramente lo que tiene que hacer para manejar cualquier situación. A partir de entonces puede actuar siempre con claro entendimiento. Son: Dispersión. Ir tras toda clase de objetivos, placeres, acciones, amigos, propiedades, etc. Ésta es la manera en que actúa la mente la mayor parte del tiempo. Para un estudiante de los Maestros es una de las cualidades más conflictivas y debe ser superada antes de que sea efectiva la concentración. 2. Confusión. Torpeza, pereza, luego daño, mal de todo tipo, concluyendo en destrucción. 3. Recogimiento. Esforzarse por vencer las tendencias de dispersión y confusión e invertir el proceso y empezar a recoger la mente en un punto. Éste es el primer paso hacia la concentración. El comienzo se lleva a cabo limitando la atención a una cosa cada vez y luego seleccionando un centro de atención. 4. Concentración. La forma centrada de acción mental que, una vez perfeccionada, conduce al samadhi o ir adentro de sí mismo. Solo el alma superior, después de larga práctica, alcanza la cuarta forma de acción mental. No obstante, es la meta de los que acceden al Sendero de los Maestros. De ahí nace el genio. Y la cima de todo genio es la Maestría. Aquéllos que buscan entrar en este Sendero deben someter de manera decidida a la mente bajo esta disciplina, con objeto de liberarla completamente de las formas primera y segunda de su acción habitual, consiguiendo así las formas tercera y cuarta.
 


 

 

 

 

 

3. La Actitud Mental de Cristo

 

 

Con su vida entera dedicada a la devoción y al servicio, Jesús es un ejemplo inspirador para cualquiera que se acerca al sendero como discípulo. Es bueno que procuremos comprender su actitud mental hacia la totalidad de la vida y especialmente hacia el Reino que afirmaba existir dentro del hombre. Su vida señala el Camino del discipulado. Si uno trata de vivir y pensar como Jesús se hará merecedor de entrar en el Sendero de los Maestros.


El verdadero centro y sustancia de las enseñanzas de Jesús son el amor a Dios y al hombre. Si alguien no tiene este amor, por lo menos hasta cierto punto, es completamente inútil que se aproxime al Maestro. Jesús lo dijo en forma bellísima:


En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os
améis los unos a los otros. (Juan, 13:35)


Ésta es, en verdad, la prueba suprema del discipulado: El amor hacia todo lo que vive. Ya hemos ofrecido anteriormente algunos de esos principios filosóficos de unidad sobre los que cimentar un amor universal.


El asombroso amor que tanto caracterizó la vida de Jesús fue subrayado muy bien por Pascal en sus escritos Mystere de Jésus: "Te he amado a tí más de lo que has amado tú a tus vicios", le dijo Cristo a Pascal. En realidad, esta clase de amor es característica de un verdadero Maestro. Si los Maestros no nos amarán más de lo que amamos a nuestros vicios habrían muy pocas esperanzas para nosotros. ¡Éste es el amor del Maestro, que sobrepasa todo entendimiento humano!.


Finalmente, cuando Jesús estaba pasando por su largo ayuno, resistió valientemente la tentación, mostrando la más espléndida lealtad y el más alto grado de nobleza. El discípulo que entra en este Sendero deberá mantener una actitud mental como la suya en presencia de las tentaciones. Nunca debe titubear o flaquear en su amor o en su lealtad. (Para lo esencial de las enseñanzas de Jesús puede referirse el lector al Capítulo Dos, Sección 19).
 


 

 

 

 

 

 4. El Ideal Para el Discípulo, Según el Gita

 

 

El Señor Krishna ha ofrecido en el Gita algunos de los más valiosos ejemplos de ideales para el discípulo que puedan encontrarse en toda la literatura. Si alguien se aproxima al Sendero de los Maestros con la actitud mental que enseña el Bhagavad Gita su éxito estará asegurado. Lee de nuevo esas excelsas máximas y absórbelas, vívelas, hazlas tu pan de cada día y con seguridad te aproximarás a la luz sobre alas veloces. (Ver Capítulo Dos, Citas del Gita). Creemos que, para el estudiante que desea entrar en este Sendero, no hay nada mejor, como preparación mental, que los ideales que se plantean en el Gita. Ofrecen un ideal que no es fácil de alcanzar, pero puede lograrse con un esfuerzo persistente. Entonces estará apto, de hecho estará debida y verdaderamente preparado para empezar su viaje a las alturas.


Pero el estudiante debe saber que esta actitud mental, no importa lo excelsa que pueda ser, no es de por sí la meta final. No es el medio para ascender la escala del triunfo. Nadie llegará a las alturas espirituales únicamente con eso. Es una equivocación fatal que han cometido muchos, creyendo que limpiar la vasija es llenarla. Leen el Gita y otros libros, absorben muchos de sus sublimes conceptos y luego se sientan, contentándose con imaginar que están ya lejos en el Camino hacia la meta. Es una ilusión. Esos libros e ideales no conducirán jamás a nadie a la libertad espiritual. La razón es que no pueden ocupar nunca el lugar de un Maestro vivo. Los ideales, aunque se asimilen a fondo, solo sirven para limpiar la vasija, para preparar la mente para algo real. El estudiante está listo entonces para comenzar la Gran Tarea. Cuando esté concluida esa preparación dará el Maestro al discípulo el néctar de la inmortalidad, que llenará la vasija de nuevo, después de haberla purificado.


Si el aspirante ha logrado la actitud mental sugerida anteriormente está listo para que le inicie el Maestro. Si no logra alcanzar esta actitud hasta después de su iniciación, tiene que lograrla con seguridad antes de que pueda avanzar muy lejos en el Sendero Interior.

 

 


 

 

 

 

5. Vairagya (Desapego), es el siguiente paso en el Sendero
 


Es nuestro firme propósito no confundir al estudiante con excesivos tecnicismos o detalles. Deseamos hacer hincapié en los puntos esenciales para que puedan asimilarse rápidamente y no se olviden nunca. De ahí que se tengan que omitir muchas cuestiones interesantes y útiles. Toda la literatura Hindú está llena de ellas pero, tomadas en conjunto, son un tanto desconcertantes, excepto para los pundits que han empleado toda su vida en estudiarlas. Muchas veces ni ellos se ponen de acuerdo. Por fortuna, la mayor parte de ello no es esencial en el Sendero de los Maestros. Más parece una gran bodega de antigüedades curiosas. Apeguémonos a lo esencial.


Vairagya es el siguiente paso importante en la preparación mental para el Sendero, una vez que viveka (correcta discriminación) se ha alcanzado. Creemos que el viveka por el que pasa la mayoría de los estudiantes Occidentales antes de llegar a este Sendero incluye una búsqueda, a menudo muy larga, a través de la literatura de casi todos los movimientos ocultistas de los tiempos modernos, así como de los libros sagrados de Oriente. Antes de llegar a los pies del Maestro nos abrimos camino generalmente por bibliotecas enteras de libros sobre toda clase de temas. Cuando ya hemos pasado por todos ellos y nos damos cuenta de que no nos ofrecen la solución final a nuestro problema, llegamos al Maestro vivo. Solamente entonces encuentra reposo la paloma para sus cansadas alas.


Aun después de llegar al Maestro, muchos estudiantes siguen leyendo todo tipo de libros que pueden tratar de asuntos similares. Esto se debe en parte al hábito y en parte al deseo de encontrar cómo esclarecer aún más los pensamientos. Algunos libros ayudan y otros no, pero hasta la fecha no hay casi ningún libro en nuestro idioma que exponga satisfactoriamente lo que es Sant Mat. Antes de dedicarse al verdadero trabajo del Sendero interior haría bien el estudiante en buscar un claro entendimiento de lo más esencial del Sendero, lo que es, lo que se obtiene, lo que hay que hacer y lo que no debe hacerse. Debe absorber y asimilar, hasta donde pueda, los ideales de los grandes Maestros y su superior inteligencia debe estar tan satisfecha como para ponerse alegremente bajo la dirección del Maestro. Los ideales tienen mucho más valor que los planes detallados y las normas de trabajo.
 

Teniendo la mente saturada de los más altos ideales y satisfecha por completo con respecto a los principios fundamentales de este sistema, estará listo para proseguir y obtener alguna experiencia real en el Sendero. Al estar en ese punto, el siguiente paso es lo que los Maestros llaman vairagya. Significa desapego mental del mundo externo. Ése es el verdadero vairagya. De ninguna manera enseña ni implica que deba uno desligarse físicamente del mundo. No se requiere que abandone a su familia, la sociedad ni sus deberes públicos o privados. Los Maestros no enseñan nunca esa clase de vairagya, aunque es la que han seguido muchos yoguis.


Debe tenerse en cuenta que el Sendero de los Maestros no es el de los yoguis. Los Maestros no alientan jamás el ascetismo entre sus discípulos. El desapego, tal como lo enseñan los Maestros, no implica austeridades. Vairagya significa que tiene uno que desligarse de sus apegos en lo más profundo de sus sentimientos e intereses. Esencialmente, significa que debe dejar de identificarse con sus posesiones y su medio ambiente. No ha de hacer de ellos la parte sustancial de su vida y de sus pensamientos. En otras palabras, debe conservarse siempre independiente de ellos. Y esto se aplica a su propia familia tanto como a todo lo demás.


Sin embargo, esto no quiere decir que no ame a su familia, sino que puede amarla con desapego. Uno puede amar conservando su propia independencia. En ese caso, si los pierde, lo que siempre es una posibilidad, su vida no habrá fracasado por completo y, al mismo tiempo, podrá progresar en el Sendero, sabiendo que éste importa más que la familia, los amigos y todas las posesiones mundanas. El hombre debe permanecer en el mundo mientras tenga un solo deber que cumplir, pero sin amarlo. No debe llegar a estar tan atado a sus deberes, a la familia o a los intereses terrenales que olvide lo que más le conviene. No debe olvidar nunca que algún día tendrá que abandonar a la familia, los amigos y las posesiones y que no conoce el momento en que será llamado para ello.


No solamente dejará sus riquezas y a los que ama, sino también su propio cuerpo. No podrá llevarse nada consigo, excepto sus posesiones interiores. Las cosas materiales y las gentes son pasajeras. Todo tiene solo un interés temporal. No debe verlos como propiedades, sino como préstamos de un día, del momento, tanto para servirlos como para usarlos. Esto es vairagya en el verdadero sentido del término. El significado más profundo de vairagya está explicado de manera muy bella en algunas de las citas del Gita que se ofrecen en el Capítulo Once, Sección 10, de este libro.


Debemos hacer aquí una advertencia. El estudiante que llegue a la actitud mental que acabamos de describir y que se desligue del amor al mundo, nunca debe asumir una actitud de autoestima por su rectitud y pensar que está por encima de los demás. No debe considerarse superior, como un triunfador, y mirar al resto de los demás como inferiores. Eso destruiría automáticamente lo conseguido y anularía todo el progreso hecho. Debe conservar siempre sometida su ahankar, "vanidad", y permitir que tenga predominio sobre sus pensamientos y acciones la más dulce caridad y humildad.


Es un principio de la Naturaleza que cualquier cosa que deseamos o amamos comienza a viajar hacia nosotros, a menos que la aleje una fuerza opuesta más poderosa, que venga en dirección contraria. La atención y el amor son los medios para conectarnos con los objetos exteriores. Cuando estamos apegados a los objetos del deseo nos atan a ellos y al mundo. ¿Cómo podemos incorporarnos de nuevo? Por medio del vairagya, "desapego". Con el deseo nos apegamos a los objetos del deseo. Por eso es necesaria la separación completa de la mente de todos los objetos mundanos para entrar en el Sendero hacia arriba. Ese desapego impide que nos esclavicemos al mundo, a sus objetos deseados por los sentidos. Por eso no debemos amar nada con el deseo de poseerlo. En el momento en que lo hacemos, damos los primeros pasos hacia la esclavitud. Esto se aplica tanto a la esposa y a la familia como a todos los bienes terrenales. Pero, como se dijo antes, no excluye el amor a la familia.


Puede que no sea fácil una "devoción desapegada" hacia la familia, pero se puede adquirir. Creemos que un "amor desapegado" es mucho más elevado y noble que el que demanda posesión y que, después, esa posesión llega a ser una identificación con los objetos que uno ama. Cuando tiene lugar esa identificación, la persona, está completamente "perdida". Ya no es uno mismo y no puede siquiera servir a aquéllos a los que tiene afecto mientras sea esclavo de ellos.


No debemos ni desear obtener recompensa por nuestros servicios. Mientras el hombre ansíe una recompensa se verá ligado a ella y yin quo, o sea, el karma, será su amo. Éste es un sabio consejo del Tao. Aquél que busca la liberación debe cultivar por todos los medios un completo desligamiento de todos los objetos de los sentidos y no debe abrigar ningún deseo por ellos. No debe importarle en absoluto obtener recompensa por sus acciones. Debe llegar a ese estado mental que es como el sol, que brilla para todos sin pedir nada a cambio. Esto es lo que hace el Maestro en realidad y es nuestro ideal. El alma vive siempre para dar y no para recibir. Ésa es la gran paradoja. Consigues más dando más y, por el contrario, si recibes te empobreces. Al acumular egoístamente te vas a la quiebra. Por lo tanto, deslígate de cuanto es perecedero y de todos los pensamientos de amor hacia ellos. Dar y solamente dar, sin esperar nunca recompensa, es el principio de la inmortalidad.


Ningún hombre llegará a ser un Kakusha, un Buddha, un Tathagata o un Bodhisattva huyendo de las penas, buscando comodidades o placeres de los sentidos o mediante la compañía gratificante de personas mundanas; tampoco puede llegar a esos grados inmolándose a sí mismo. Un sereno desapego es el último paso en la separación de sí mismo de las ataduras mundanas, antes de entrar en el camino de la libertad. Pero, cuando un discípulo ha llegado a este grado sublime de desapego del mundo ilusorio y corrompido, todavía tiene que continuar considerando a su prójimo menos afortunado con amor y simpatía, sin asomo de vanidad o presunción. Todos los Maestros enseñan que


El hombre no debe vanagloriarse de su propia iluminación ni mirar por encima del hombro a los que van luchando en el dolor y la ignorancia, colocándose a sí mismo en el pináculo de la presunción o la vanagloria. El verdadero ser de cada uno incluye la totalidad de la vida y las equivocaciones de los demás son tu propia culpa. No culpes a los hombres porque yerren, sino purifica tu propio corazón. No te encolerices cuando el mundo olvida el Camino y deja de mantenerse dentro de la ley. Por el contrario, busca la falta en tí mismo. La raíz de  todo mal está dentro de tí.


Éste es sin duda un grado muy alto, pero es el verdadero vairagya. Es una preparación excelente para el Sendero de los Maestros.

 


 

 

 

 

 

6. La Destrucción Final del Deseo

 

 

El último paso para obtener un perfecto desapego es deshacerse del deseo mismo. Ahí es donde han fallado muchos hombres y mujeres nobles, incluso algunos de los más grandes yoguis. No pudieron liberarse del deseo en sí, aun después de que se habían separado de todas las conexiones del mundo. Pero el verdadero desapego no se obtiene hasta que se ha superado el mismo deseo. Probablemente sea esto lo más difícil de lograr. El deseo ha sido declarado por todos los pundits, yoguis y otros eruditos Hindúes como el más grande de los males que acechan al discípulo en el Sendero de los logros espirituales. Su veredicto universal es que tiene uno que deshacerse del deseo a cualquier precio. El yogui busca obtener la paz mental, el verdadero shanti o santosh, liberándose del deseo.


Este es, con seguridad, el camino más corto hacia la abundancia. Si uno no quiere nada lo tiene todo. Cuando el gran príncipe Siddharta salió en busca de un modo de liberarse del sufrimiento, llegó a la conclusión de que el deseo era la causa de todo sufrimiento. Ésa es una de las "cuatro nobles verdades". Desde los tiempos de Buddha hasta la actualidad, las enseñanzas que prevalecen en Oriente han sido que el deseo es la causa de todos los sufrimientos y de otros males del hombre. Por lo tanto, lo que cura todos los males es la destrucción del deseo. Pero la interrogación más grande de los sabios es cómo llevar a cabo esa prodigiosa tarea. El deseo ha sido descrito como una bestia salvaje que ronda por el campo buscando algo que devorar. Es nuestro peor enemigo, el principal instrumento de la mente para esclavizarnos a este mundo material. El deseo nos atrae hacia los objetos de los sentidos. Los sentidos someten a la mente y ésta esclaviza al alma. Al ir tras el deseo, la mente sigue creando karma y liándose en la red.


El deseo no deja nunca de exigir; no da descanso al hombre ni de día ni de noche. Le sigue hasta su espacio interior y le atormenta en medio de sus plegarias. Nunca cede ni afloja sus cadenas, ni deja de azotarle con el látigo, aun cuando la pobre víctima esté débil y agotada en su lecho de muerte. Incluso entonces aprisiona todavía a su víctima el deseo de vivir, ese abrumador trishna. Cuando se han apagado los demás deseos, el mismo último deseo que queda, el de continuar viviendo en este mundo, es una cadena para el espíritu. Eso puede superarse también y, en su lugar, debe tomar posesión de la totalidad de la conciencia una alegre entrega al Maestro, para que pueda hacer lo que estime conveniente.


El alma o la mente, envueltas en sus deseos, se olvidan de anitya, la impermanencia de todas las cosas terrenales. Se imagina que lo pasajero es la realidad fundamental. Olvida los valores reales y trata de asirse a las sombras. Se cierne sobre nosotros esa nube negra y amenazante, ese archienemigo de la raza humana, avidya, "ignorancia". Cuando la ignorancia oscurece la inteligencia se introduce a hurtadillas el deseo y comienza a exigir. Raga o kama, "deseo", va siempre seguido de su carnada de malas pasiones: dosha (o Krodh), moh, lobh y ahankar (ira, apego, codicia y vanidad). Todos ellos se ayudan entre sí para esclavizar al hombre.


Ahora la interrogación culminante es: ¿Cómo puede deshacerse el estudiante del deseo? Todo el mundo está lleno de discursos sobre los males del deseo, pero nadie da una receta clara o segura para liberarse del mismo. Solamente los Maestros conocen el remedio. En pocas palabras, los Maestros se liberan del deseo poniendo ante la mente algo de mayor atractivo. Si el estudiante objeta que eso no es deshacerse del deseo, sino simplemente sustituirlo por otro, le daremos cordialmente la razón, puesto que es muy cierto. Sin embargo, la palabra deseo, como la usamos en esta discusión, se refiere a esa atracción con que se aferra la mente a las cosas y a las sensaciones de orden mundano, a las que pertenecen al plano animal, lo cual nos detiene en dicho plano y monopoliza ahí nuestra atención. En eso consiste lo malo del deseo. Lo que nos interesa es elevarnos por encima del mundo de los sentidos, del mundo de los deseos inferiores. Si queremos entrar en el Sendero de los Maestros es absolutamente esencial que nos desapeguemos de los objetos de los sentidos y de todo deseo hacia ellos. Podemos retirarnos de las cosas, pero eso no hace que nos desprendamos de ellas. Si no nos liberamos del deseo mismo, no estaremos mejor que al principio.


Si podemos afianzar nuestra atención sobre algo que no sea el mundo de los sentidos, que sea imperecedero, que, en lugar de atarnos, nos libere de esas ligaduras, que nos atraiga hacia la dirección opuesta y nos eleve hasta la libertad y la inmortalidad, eso se convierte en nuestra principal riqueza. Desearlo no es un mal: es nuestra salvación. Lo malo no está en el deseo per se, sino en la naturaleza de lo que se desea. A menudo los estudiantes Orientales y los Occidentales pasan por alto esta distinción. ¿Cómo puede concebir la mente que el deseo por algo bueno pueda ser malo en sí mismo? Lo bueno o lo malo radica en la dirección a la que nos lleve el deseo.


Demos un ejemplo: Coloca sobre una mesa unas limaduras de hierro y un pequeño imán cerca de ellas. Las limaduras se moverán hacia el imán, pero, si se coloca un imán más grande en el lado opuesto, las limaduras ignorarán el imán pequeño y se dirigirán al más grande. Éste es un viejo problema de física: entre dos fuerzas, la que prevalece es la más potente. Si volvemos ahora a nuestro problema del deseo, veremos que la misma ley opera con igual precisión en el campo de la mente. Prevalecerá siempre la atracción mayor. No puede haber excepciones a esta ley. Es universal, o no sería una ley de la Naturaleza. ¿Qué es entonces lo que debe hacer el estudiante del sendero espiritual para liberarse de los deseos que no quiera abrigar? Solo hay una manera de desecharlos: evidentemente, colocar ante la mente algo que pueda arrojar los deseos inferiores. Tienen que ser superados por una fuerza más potente que actúe en dirección contraria. No hay otra manera.


La tarea no puede llevarse nunca a cabo por medio de la negación. Supongamos que una de esas limaduras tenga inteligencia suficiente para decir "No cederé a la atracción del imán". Supongamos que le dijera a esa atracción "Déjame sola". ¿Crees que se detendrá la atracción? Jamás, ya que actúa de acuerdo con una ley universal. Solo puede ser neutralizada por una fuerza más poderosa de dirección opuesta. Un avión sube al cielo, ¿cesa de actuar sobre él la fuerza de la gravedad? De ninguna manera: la atracción de la fuerza de gravedad se neutraliza por la atracción más fuerte de la máquina que lleva al avión en dirección adversa. El caso es exactamente el mismo en el mundo mental. El único modo de aniquilar una atracción maligna es estableciendo una más deseable en dirección opuesta.


Si el público en general se aferrara a esta ley en sicología y ética y aplicara estos principios a sus problemas individuales y sociales, revolucionaría la sociedad. Son las enseñanzas de los grandes Maestros. Ellos no pierden tiempo ni esfuerzo en dar discursos a sus discípulos sobre los males que acarrean los deseos inconvenientes, sino que colocan inmediatamente ante el discípulo algo que ocupe el lugar de los deseos inferiores, algo que empuje a la mente y al alma hacia arriba, en vez de atraerla hacia abajo. Y ésa es la clave de toda la cuestión. En ello sobresale la Sabiduría de los Maestros. Tiene la única curación efectiva para todos los males humanos procedentes de los deseos inferiores. Coloca ante el individuo tentado algo que le atraerá con mayor fuerza en dirección contraria.

 



 

 

 

 

7. Lo Que Aniquila el Deseo

 

 

La experiencia humana solo conoce una cosa que destruya todos los deseos inferiores. Es la Corriente Audible de la vida. Éste es el instrumento supremo de liberación de la esclavitud. Es el único medio de desligarnos de los perecederos objetos humanos y de elevarnos hacia la libertad y la luz. El Maestro ha colocado esta Corriente de la vida ante nosotros y nos invita a que la usemos. Ha sido el único remedio en todas las épocas del mundo para curar los deseos mundanos. Solo llegaremos a un perfecto desapego cuando entremos conscientemente en esa Corriente divina.


Al principio tendremos que contentarnos únicamente con controlar los deseos; pero controlar y destruir son dos cosas diferentes. Puede que rehusemos ceder a la atracción del deseo y seguir haciendo lo que consideramos lo mejor. Este es un dominio temporal. Aunque no podamos destruirlo al principio, podemos someterlo, mantenerlo a raya y rechazar sus demandas. Esto podrá llevarse a cabo siempre y cuando los malos hábitos no hayan destruido ni debilitado demasiado seriamente la fuerza de voluntad. Concentrando entonces nuestra atención sobre aquello que está dentro de nosotros, siguiendo al Maestro hasta esos superiores y más atractivos mundos, nos pondremos en contacto con esa Corriente de la Vida en toda su plenitud y máximo poder. Cuando se entra en ella conscientemente, cuando oímos su música celestial y sentimos su irresistible atracción, olvidamos automáticamente todo lo demás. Cesan las atracciones inferiores. No deseamos ninguna otra cosa. Esa Corriente absorbe por completo nuestro ser. Nos vamos con ella esperando no separarnos nunca ni un solo instante.


Para ayudarnos en este punto tenemos al Maestro mismo. Le vemos, aprendemos a amarle, llegamos a estar encantados de seguirle, porque sabemos que nos está llevando hacia la Fuente de la Vida. Al crecer el amor por el Maestro, disminuye la atracción hacia lo mundano hasta que, poco a poco, no es ya difícil renunciar a los deseos inferiores. Se entra allí en contacto con la Corriente de la Vida, el alma se funde en ella y ya no hay dificultades con los deseos: sencillamente desaparecen, absorbidos por la gran Corriente. La liberación es entonces un hecho. Tan pronto como una persona se une a esa Realidad luminosa están resueltos todos sus problemas. Es un hombre libre.


Entendamos bien esta cuestión crucial. ¿Cómo destruir los malos deseos? Nunca puede conseguirse con la negación y, sin embargo, es el método empleado por el noventa y nueve por ciento de la raza humana, por los padres, los maestros, los reformadores y los jueces. Todos prohíben cosas. Le dicen a la gente lo que no debe hacerse. Escriben leyes diciendo "Se prohíbe". Unos cuantos, más comprensivos, ofrecen algo mejor para atraer las mentes de los desobedientes. Pero no puede alcanzarse la meta por medio de la negación. Debemos colocar siempre ante la mente algo que tenga mayor poder de atracción. Si los hombres se dieran cuenta de lo vacías y descabelladas que son las sensaciones mundanas, estarían preparados para el Maestro y la gran Realidad, el Sagrado Shabd. Cuando se hace más dominante en nuestra vida la atracción hacia esa gran Realidad, cesan las restantes atracciones inferiores y es el fin del deseo. Es el principio de la inmortalidad.


El mundo va siempre corriendo locamente, conducida la mayoría de la humanidad por el látigo de una o más pasiones, empujada por el deseo, hambrienta y sedienta de cosas de los sentidos. Éste es con seguridad un espectáculo para hacer llorar a los dioses. Es la fatal enfermedad de karma bandhana, la esclavitud del trabajo, de los placeres, de miles de cosas de los sentidos. El sometimiento habitual a kam, a los objetos de los deseos de los sentidos, crea una servidumbre más pesada y, al mismo tiempo, inflama más los deseos. El individuo se hunde más y más profundamente en el cieno de la sensualidad. ¿Cómo podrá escapar alguna vez? Adhiriéndose a una fuerza que es más poderosa que todos los deseos de los sentidos: a la divina Melodía, la Corriente dadora de vida. El estudiante puede hacerlo solamente con ayuda del Maestro.


El hombre es comparable, en ese estado, a un automóvil atascado en el barro. No puede salir por sí solo pero, cuando se le ata a un potente tractor que esté sobre terreno firme, puede ser sacado inmediatamente del lodo. De la misma manera, el alma puede adherirse al Maestro, que está libre de toda atadura y dotado de un poder ilimitado. El Maestro une al alma con la Corriente Audible de la vida y se invierte el proceso. En vez de hundirse más en el lodo, comienza a subir al terreno más elevado de la luz y la libertad. Ahora ya tiene fuerza para elevarse, porque la Corriente de la Vida tiene poder en abundancia.


Éste es el Sahbd Marga, el Camino de la emancipación. La situación completa de la mente y los sentidos está muy bien ilustrada en una analogía tomada de los Upanishads, que dice:


Considera al alma como el pasajero, el cuerpo como el carruaje, a buddhi (el intelecto), como el cochero, y a manas (la mente), como las riendas. Los órganos de los sentidos son los caballos y los objetos sensuales los caminos por los que va el carruaje. El alma, unida a todos ellos, es el experimentador.


Esta situación de esclavitud con los sentidos fue muy bien desarrollada por uno de los mejores escritores de la India, Sri Aurobindo Ghose, quien dice:


Hay dos posibilidades de acción para la voluntad inteligente. Puede orientarse hacia abajo, hacia una acción discursiva de las percepciones y de la voluntad, en el triple juego de prakriti (Naturaleza material), o puede orientarse hacia arriba y hacia dentro, hacia una paz y una igualdad estables, en la calmada e inmutable pureza del alma silenciosa y consciente, que no está ya sujeta a las distracciones de la Naturaleza. En la primera alternativa, el ser subjetivo está a merced de los objetos de los sentidos; vive en contacto exterior con las cosas. Esa vida es la vida del deseo. Los sentidos, excitados por su objeto, crean una perturbación inquieta o incluso violenta; un fuerte y hasta temerario movimiento centrípeto para conseguir esos objetos y gozarlos, y arrastran a la mente sensible como los vientos empujan a un barco en el mar. La mente, sujeta a las emociones, pasiones, anhelos e impulsos, despertada por este movimiento de los sentidos hacia lo externo, arrastra del mismo modo a la voluntad inteligente, que pierde con ello su serena discriminación y dominio. La sujeción del alma al juego confuso de los tres gunas de prakriti, en su eterno enredo, anudamiento y lucha, la ignorancia, un falso objetivo sensual para la vida del alma, la esclavitud al sufrímiento, la indignación, el apego y la pasión, son los resultados de la inclinación descendente del buddhi: ésa es la vida atribulada del hombre común, sin iluminación ni disciplina. Aquéllos que, como los Vedevadines, hacen de los goces sensuales el objeto de sus actos y llegar a obtenerlos la más alta meta de su alma, son guías corruptores.


El curso de acción opuesto es, como se dijo anteriormente, unir nuestro entero ser al Poder activo que en sí mismo lo abarca todo, bajo la dirección de un Maestro Viviente. Nada puede liberar al alma de esta esclavitud del trabajo y de la servidumbre de las pasiones, excepto el Maestro vivo y la Corriente de la Vida.