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5. La Reencarnación Explica Muchas Cosas

 

 

Si el karma y la reencarnación son difíciles de comprender, especialmente para los Occidentales, para los que esta idea es bastante novedosa, con un mínimo de reflexión se encontrará que es la única explicación razonable para algunos de los más complicados problemas de la vida. Por ejemplo: ¿Por qué algunos viejos, ya inútiles, se van consumiendo lentamente durante años, siendo una carga para ellos mismos y para los demás, mientras que un hermoso niño, lleno de promesas y alegría, tiene que morir repentinamente? Solamente el karma y la reencarnación ofrecen una explicación satisfactoria. Recurrir a los inexcrutables designios de una deidad, interfiriendo arbitrariamente en los asuntos de la vida humana, provocan la desesperación y la incredulidad. La verdad es que los padres deben entender que, debido a su karma del pasado, se había asignado al niño, desde un principio, solamente un breve tiempo de vida y que deben estar agradecidos de que se les prestara ese niño por ese breve período de tiempo. Debido a su propio karma, se había determinado para el niño únicamente ese plazo de vida y no más. Al terminar ese plazo tenía que irse. Esa corta vida era solamente una escena, una breve aparición en el escenario de su carrera. Tenía que representarse este pequeño acto. Fue también un episodio en la vida de los padres. Tenía que pagarse esa cantidad de karma, de la vida del niño y de los padres. Una vez pagado, no había necesidad de que el niño se quedara ahí, lo mismo que un actor no se queda en el escenario una vez que ha terminado su actuación.

 

¿Por qué entran algunas personas en la vida con tan terribles inconvenientes, mientras que otras, que aparentemente lo merecen menos, nacen en el seno de la fortuna? ¿Por qué algunos niños nacen con superior inteligencia, mientras que otros son retrasados mentales sin remedio? ¿Por qué algunos nacen con tendencias criminales, mientras que otros llegan a la vida con un vivo sentimiento de pureza, justicia y amor? Éstas y cientos de otras preguntas nos presionan sin otra respuesta que el esquema del karma y de la reencarnación. No es ésta la primera vez que vive toda esa gente, así es que cada uno de ellos entra en esta vida trayendo consigo todas sus tendencias hereditarias: sanskaras las llama el Maestro.


Cada uno viene con un programa ya definido, delineado para él de acuerdo con su pasado. Éste es el karma de destino y ese programa es el que tiene que llevar a cabo. Cuando haya sido representado el último acto de ese programa cae el telón. Llega el final. Tiene que venir. Aún más: ese fin no puede llega hasta que haya sido representado el último acto de esa vida, determinada de antemano. Ahí se le asigna una vez más su futuro, sobre la base de sus propios méritos. De esta manera marca su tiempo cada individuo en el grandioso calendario de los siglos. Lo único que puede poner fin alguna vez a esta monótona rutina es el encuentro con un Maestro vivo. Cuando un hombre tiene tal oportunidad, ésta implica el karma de un buen destino y que ha llegado la crisis suprema de su larga carrera. Su liberación está cerca.


Si preguntara un estudiante por qué no todos los hombres tienen la oportunidad de encontrar al Maestro, la respuesta es, una vez más, su karma. No se han ganado ese privilegio. Ningún hombre puede encontrar al Maestro mientras no se haya ganado ese derecho y, una vez que lo ha ganado, no hay poder en el mundo que pueda tenerlo alejado del Maestro, ni siquiera las aguas tempestuosas de los siete mares. No hay injusticia en ello. No importa si piensas que algunos que nunca encuentran al Maestro son mucho mejores que otros que le conocen. No tenemos datos suficientes para juzgar quién es el que más lo merece.

 

Si algunas personas en la India se ven favorecidas, cuando hay tanta otra buena gente en Europa y América que no tiene esa oportunidad, es porque éstas de la India se han ganado ese derecho. Sólo Dios sabe cuánto tiempo, cuántos fatigosos siglos hayan estado esperando, sufriendo y trabajando, solamente para poder nacer ahí, con escasos bienes de este mundo y aún con un equipo mental muy pobre, pero con el corazón lleno de amor, prestos a seguir al Maestro sin que les pese dejarlo todo y sin que la mente les empuje hacia atrás. Muchos de ellos no tienen nada más: Puede que sean pobres e ignorantes, pero tienen mucho buen karma y por eso se encuentran a los pies del Maestro. Por otra parte, un hombre de Europa o América puede tener gran inteligencia, riqueza y posición social y, sin embargo, quizá su karma de vidas pasadas no le haya proporcionado el privilegio de encontrar a un Maestro durante esta vida. Por eso no lo encuentran. No es porque vivan tan lejos.


Puede decirse, sin temor a equivocarse, que si mil hombres y mujeres, o sólo una persona, estuvieran bien preparadas en América para encontrar al Maestro, le hallarían aunque éste tuviera que cruzar los mares hasta ellos para verlo. Cuando un hombre o mujer se ha ganado el derecho de llegar ante el Maestro no hay poder en el universo que pueda apartarle de él. Tienen que encontrarse. Pero en todos los casos es el buen karma el que trae el alma hasta el Maestro. Es bien sabido por los estudiantes avanzados de ocultismo que:


Cuando el discípulo está listo, el Maestro aparece.


Puede que se nos pregunte cuál es la meta final del buen karma. La contestación es que atraerá al individuo hacia el Maestro. Esa es la fortuna más grande, la más alta recompensa del buen karma. A partir de ese instante está asegurada su liberación inminente de la rueda.


Sin embargo, por mucho que razonemos, la última y única prueba concluyente de la doctrina del karma y la reencarnación se tiene cuando entra uno en los mundos interiores y contempla allí su funcionamiento. Entonces ya no es una cuestión a ser aclarada por disquisiciones académicas, por la lógica o por las creencias. Como todas las demás enseñanzas de los Maestros, ésta se basa en observaciones y experiencias personales, en la vista y el oído y en un conocimiento positivo. Estas cosas son tan perfectamente conocidas de los Maestros como los fenómenos comunes de que crezca el trigo o se construyan las casas. Contemplan cómo funcionan y, por lo tanto, no tienen que adivinar.


Quienquiera que entre en los campos superiores del conocimiento puede observar el funcionamiento del karma y la reencarnación. Puede ver con clara visión cómo se aplica a otros y a él mismo. Todos pueden ver claramente en ese nivel sus propias vidas pasadas. Las recuerdan perfectamente. Entonces sabe uno que ha vivido antes y exactamente dónde y cuándo vivió. También conoce sus ganancias y pérdidas kármicas. Puede ver con precisión cómo trabaja la ley del karma y de la reencarnación durante su larga sucesión de vidas: cómo iba y venía incontables veces, llevando siempre consigo sus propias cuentas sin saldar. Recuerda cómo sufrió y gozó, de acuerdo con sus deudas y sus ganancias. Sabe que siempre tuvo que pagar y pagar hasta el final. La gran ley no es entonces una teoría.

 

 

 

 

 

6. Lo Que Sucede Después De La Muerte

 

 

Después de que una persona muere, los mensajeros de la muerte la llevan a las regiones sutiles donde Dharam Rai, "el juez equitativo", se sienta en su trono para juzgar a cada individuo de acuerdo con sus merecimientos.


En los países cristianos se les llama muy apropiadamente a estos mensajeros de la muerte los Angeles de la Muerte o los Angeles de las Sombras, porque ciertamente son sombríos, pero en la India se les llama Yama Dutas, o los mensajeros de Yama, el Rey de los muertos. Este juez está siempre en el juzgado para atender a todo el que llega. No hay que esperar largo tiempo en una celda de la cárcel.


Nadie pone en duda el fallo. Nadie hace comentarios, no hay alegatos de florida oratoria por parte de la defensa ni una pretendida rectitud en la condena por parte del fiscal. El prisionero mismo no se queja. Sabe que el juicio es justo y acepta el fallo. Se le lleva entonces a la región o condición que se ha ganado como lugar de residencia, ya sea buena o mala. Se queda allí un período de tiempo determinado, de acuerdo con el juicio que se le hizo y lo que se falló en el mismo. Al expirar ese período se le haría volver a este mundo o cualquier otro para comenzar una vida nueva. Éste es el procedimiento de rutina. Puede gozar de un descanso en alguno de los cielos o paraísos, en una agradable región, tal vez muchísimo más bella y placentera que cualquier parte de este mundo. Allí puede permanecer un año, mil años o un millón de años; todo depende de su karma. Mientras más alto vaya, más largo será el tiempo de residencia.


No obstante, si ha vivido una vida menos elevada, quizá se dirija a algún purgatorio o reformatorio, a menudo llamado infierno, para recibir el castigo que se mereciera. Si su vida se ha llenado de graves faltas, de crueldad y avaricia, de asesinatos y robos, de infamia y libertinaje, no puede escapar a los resultados de esas acciones y tiene que soportar los castigos correspondientes. Pero hay una característica en todos esos castigos que debe entenderse bien: son correctivos y no venganza. Se aplican por su bien, para producir una reforma de carácter, y no son eternos. Sin embargo, la ley es inexorable. Cada uno debe recibir exactamente lo que haya ganado y justamente lo que necesite para grabar en lo más íntimo de su conciencia que "el crimen no compensa".


El Infierno de Dante no es todo imaginación. En las regiones sutiles inferiores hay muchas secciones adaptadas para servir de reformatorios y de escuelas de entrenamiento para los individuos de mente perversa que han muerto después de haber llevado una vida de maldad. En esas regiones todas las almas tienen que encontrar la justa recompensa de sus actos. No hay escape posible. Estos purgatorios pueden ser estrictos o indulgentes, de acuerdo con lo que se hayan merecido los individuos que van allá.


El infierno al estilo de Jonathan Edwards es horriblemente decisivo. Felizmente, esa doctrina es ya algo casi pasado de moda. Ya no se lleva amedrentar y asustar a los niños sensibles para hacer que obedezcan. Se dice que había veces que los feligreses de la iglesia de Edwards se aferraban a las bancas involuntariamente para no hundirse en el infierno que tan vívidamente les describía aquél en sus sermones. Naturalmente que no podemos culpar a Edwards, puesto que esas enseñanzas están apoyadas en la Biblia. Era un hombre recto: yo mismo solía predicarlo, pero notaba que no había muchas personas que lo tomaran en serio. Ahora la gente devota se inclina a eliminar toda clase de infiernos de las religiones. Eso es irse al otro extremo.


Debe encararse el problema y resolverse razonablemente. Los hechos son los hechos y no importa que sean o no agradables. Tenemos que hacerles frente. Los Maestros conocen la solución apropiada. Saben que todas las almas se encuentran en la otra vida exactamente con lo que se han ganado y que tienen que enfrentarse allí con sus deudas kármicas y pagarlas. Si han llenado sus mentes de maldad, esa maldad debe erradicarse de alguna manera. El amor infinito está todavía de parte del pecador y toma medidas para reformarle, para purificar su mente y atraerle hasta un plano superior. ¿De qué otro modo se puede hacer si no es mediante un curso de castigo y entrenamiento curativo y disciplinario? Pero, una vez que haya terminado su tiempo de entrenamiento y de disciplina, queda en libertad para proseguir su camino hacia planos superiores y condiciones más favorables. Habiéndose disciplinado debidamente la naturaleza perversa de su conducta anterior, no vuelve fácilmente a ella.


Cuando inicia el hombre la siguiente vida, entra en ella depurado y sumiso, más inclinado a la bondad y a las buenas acciones. Entonces tendrá oportunidad de hacer buen karma. No hay nada desesperante o eternamente irremediable en ir a tales regiones correctivas. Aún en esos castigos hay bondad y amor infinitos. El castigo es por el bien de aquél que lo sobrelleva. Si no lo hubiera merecido, no se le hubiera impuesto. El Padre Supremo nunca abandona a un alma pecadora, ni siquiera en su hora más negra.

Después de terminar su período de corrección en los planos sutiles puede que se le obligue a volver a entrar en la vida del mundo, bajo una forma inferior, para concluir su entrenamiento kármico. Si ha vivido en la tierra en un plano muy bajo, degradante y vergonzoso, puede verse obligado a volver en forma de algún animal, amargamente humillado y depurado. Pero, en todo caso, ese alma, esa minúscula chispa de la Luz Infinita, nunca se extingue. Sencillamente se oscurece y se rebaja. La mente se circunscribe y se limita para amoldarse a los confines del cerebro animal. Cuando regresa de nuevo al plano humano, la mente se expande naturalmente, hasta acoplarse al nuevo cerebro. Podemos decir que, en el cerebro animal, la mente se halla tan sólo oscurecida, aprisionada y nublada su luz.


Cada minúsculo pedacito de sustancia mental que sale de la mente universal es exactamente lo que necesita ese individuo para la normal expresión de su vida en el cuerpo que tiene. Es la misma mente la que va con cada uno durante todo su trayecto kármico, pero en cada cuerpo se ve obligada a ajustarse al instrumento que posee. En el cerebro de un perro, por ejemplo, la mente se circunscribe y limita. Está encogida en confines tan estrechos que no puede ejecutar su total capacidad. Sin embargo, tan pronto como toma de nuevo la forma humana, se ensancha automáticamente hasta su completa expresión como humano. Cuando se libera la mente de un tipo superior de hombre de los estrechos límites del cerebro humano es cuando ensancha sus poderes a su plena capacidad de expresión en un plano superior.


Los estudiantes preguntan a menudo: ¿Cuál es la explicación de que una persona inocente sufra una injusticia a manos de otra? La respuesta es que no existe esa inocencia en la persona que sufre la injusticia. Expliquémoslo. Aparentemente es así porque no podemos ver el drama completo de una sola ojeada. Vemos solamente unos cuantos actos aislados, episodios sin relación. Debe recordarse que esta ley del karma es universal. El alma consigue en cada caso lo que se ha ganado, ni más ni menos. No existe tal cosa como la inocencia sufriendo a manos de la tiranía y la crueldad. No acuses al Creador de manejar incorrectamente sus asuntos. Lo que parece una injusticia en tantos casos es solamente eso, una apariencia. ¿Cómo lo sabemos? Porque en los planos interiores todos aquellos que ya están aptos pueden observar la acción de la ley.


Si no es en esta vida fue en una anterior, pero esa persona "inocente" había hecho algo para merecer exactamente eso que está pasando ahora. Si no lo hubiera merecido no lo obtendría. Es imposible que nadie sufra una injusticia, aunque parezca a menudo lo contrario. Como ya se dijo anteriormente, vemos sólo un acto aislado del drama completo. Lo que uno obtenga lo ha merecido con seguridad en algún período de su larga carrera.


Cuando alguien impone a otro lo que aparentemente es una injusticia y, mirado el asunto desde todos los puntos de vista, continúa pareciéndolo, sabemos que el que la recibe se la ha merecido alguna vez, en alguna parte; sin embargo, eso no es una excusa para el que la inflinge. Puede ser igual de culpable. Aún cuando esté administrando un justo castigo a otro, no es ninguna excusa para su acción. Debe elevarse hasta una ley superior y ofrecer bondad y amor en lugar de ojo por ojo: si así lo hiciera, entonces él mismo ganaría buen karma. Si es al contrario incurrirá en más deudas, que deberá pagar en el futuro.


Es una injusticia desde el punto de vista del que hace el daño. No obstante, puede que esté devolviendo algún acto injusto o algún daño que hubiera sufrido en una vida anterior. En realidad, sucede en muchos casos. Estas transacciones son con frecuencia extremadamente complicadas para nuestra perspectiva. Pero si el ejecutor ha devuelto bien por mal, en vez de administrar una justicia inflexible, a la larga le irá mucho mejor. Nadie está justificado en ningún caso para devolver mal por mal pero, en cualquier supuesto, el que comete una mala acción debe sufrir por su mala conducta, aunque ese sufrimiento tenga que provenir de lo que se ha dado en llamar la voluntad de Dios, como una tormenta o un accidente ferroviario, donde no es responsable ningún individuo. (Puede venir una tormenta, arrasar su casa y romperle los huesos. Las deudas kármicas se pagan así con mucha frecuencia).


La responsabilidad moral de una mala acción no disminuye, de ninguna manera, porque se haya merecido la víctima esa mala fortuna mucho antes, en un pasado desconocido. Tened presente que siempre existe la ejecución automática de las deudas kármicas. Tiene que venir, y generalmente llega sin la participación consciente de las personas interesadas. Solamente el que tiene visión interna puede ver cómo se mueven.

 

 

 

 

 

7. Cómo Actuar Sin Incurrir En Karma

 

 

Hay otra fase extremadamente interesante del karma que no debe escapar a nuestra atención. Ya hemos visto cómo nos ata y nos interesará saber si es posible dejar de crear karma de alguna manera, incluso en el caso de los discípulos del Maestro.


Una vez que se haya creado, no hay escape del karma. Cuando se ha incurrido en la deuda debe pagarse. Pero hay una manera de vivir sin crear ningún karma. Ya hemos dicho que todos los seres vivientes crean karma con cada uno de los actos de sus vidas. El Gita dice que la misma inactividad crea karma y nadie puede escapar de él. Pero hay un modo: ¿cuál es? actuar siempre en nombre del Maestro. El Maestro, de por sí, está exento de karma. Se ha enfrentado y satisfecho su propio karma con ayuda de su Guru. Después de ello, se eleva por encima de la acción de la ley del karma. Ya no está sujeto a esa ley porque se halla por encima del plano donde ésta actúa. Está libre de las leyes de las regiones donde rige el karma. Nunca más puede estar atado a esa ley. Todo lo que hace lo lleva a cabo en nombre del Sat Guru a quien sirve, tratando únicamente de agradarle. No tiene deseos propios. No hace nada sin la aprobación plena del Supremo y cuanto realiza es constructivo. Si produjera karma, si fuera posible, sería karma bueno, y el karma bueno lo eleva a uno. Pero el Maestro ya ha alcanzado el estado supremo. ¿Cómo puede ir más alto? De ahí que no le afecte el karma.


Ahora bien, si el discípulo desea escapar de crear karma de cualquier clase, que haga lo que haga, en el nombre del Maestro, actuando como su agente. Mientras lo haga así no creará nuevo karma, porque estará actuando como si fuera un agente y siempre es responsable el jefe de los actos de su subordinado. Pero debe hacerlo no solamente como una ceremonia, sino poniendo todo su pensamiento y su alma en ello. Que lo haga todo, cada detalle de su vida, con la más profunda sinceridad, en nombre de su Maestro. Esto le obligará necesariamente a hacer lo que piense que aprobará su Maestro. Cuando se proponga hacer una tarea o algún acto recordará que debe hacerse en nombre del Maestro. Fijará su nombre en éste y luego, con amor y dedicación, hará el trabajo como un servicio genuino al Maestro y en su nombre. Recordará que nada es suyo. Todo pertenece al Maestro, porque todo se lo ha dedicado a él, tanto su mente y su cuerpo como sus bienes. De modo que debe usarlo todo como si fueran propiedades de otro y hacerlo exactamente como crea que le gustaría al dueño que las usara.


Todo se empleará entonces en servicio del Maestro. Hasta tomar alimento debe hacerse como un acto de servicio hacia el Maestro. Tu vida entera le pertenece al Maestro y debe ser empleada en su servicio. Comerás para conservar tu cuerpo en buenas condiciones, con objeto de que pueda seguir dando un buen servicio. Hay una frase muy significativa escrita por Guru Nanak que dice:


Cuerpo, mente y riqueza, dadlo todo al Guru; obedeced

sus mandatos y recoged la recompensa.


Si los que critican objetan que esto es ir demasiado lejos y que suena como un ardid para hacer que el discípulo se deshaga de sus propiedades en favor del Maestro, que sepa que el Maestro nunca, bajo ninguna circunstancia, toma las propiedades de un discípulo. Ningún Santo o Maestro Verdadero acepta jamás ni un céntimo de sus discípulos. El Maestro acepta el dinero de éstos en la misma forma que sus mentes y sus cuerpos, como un regalo de amor y confianza. El Maestro tiene ahora un título moral sobre ellos y el estudiante sigue usándolos como antes, pero en nombre del Maestro, que es ahora el verdadero dueño. Se usan para un servicio noble y no pueden destinarse a ningún propósito egoísta o indigno. Si está a punto de cometer un acto indigno, el estudiante recordará que su mente y su cuerpo son propiedad del Maestro y que no puede darles un uso inapropiado. De modo que es una protección para el discípulo.


No obstante, el punto principal que se considera aquí es que, si el discípulo usa su mente, su cuerpo y toda su riqueza en nombre del Maestro, no está creando ningún karma. Esencialmente es el Maestro quien actúa y no el discípulo. Éste es sólo agente del Maestro. Mientras esté obrando sinceramente y de todo corazón como agente y discípulo del Maestro, en realidad es este último quien está actuando. Cuando nuestras vidas están dedicadas sinceramente al Sendero, lo entregamos todo al Guru y pensamos solamente en obedecer sus mandatos.


Jesús dijo:


Si me amáis y guardáis mis mandamientos, en Verdad sois discípulos míos.


Y lo mismo ocurre con respeto a los discípulos de cualquier Maestro. Inayat Khan, un notable Sufí, dice:


Dadnos todo lo que tenéis y os daremos cuanto poseemos.


Y en estas palabras hay mucha sabiduría y una gran promesa. Significa que, si el discípulo lo entrega todo, -cuerpo y alma, mente y riqueza-, al Maestro, éste le dará al discípulo a cambio tanta riqueza como ningún rey haya poseído nunca. Le proporcionará riquezas que sobrepasan todo lo demás del mundo y, a cambio de la entrega de sí mismo al Maestro, ganará la libertad que le hará dueño y señor de un imperio ilimitado. No es que el Maestro quiera la mente o el cuerpo o las propiedades del discípulo. Le pide que se lo dedique todo solamente en beneficio del discípulo. Ese regalo por parte del discípulo genera más amor en él y permite al Maestro atenderlo mejor. Al mismo tiempo le protege de cometer errores.


Todo esto significa que el gran "yo" tiene que eliminarse del más profundo pensamiento interior. La humildad y el amor tienen que ocupar su sitio. La perfecta devoción al Guru conduce hasta el interior de la Luz. La enorme ventaja de seguir al Guru es que nunca cometes errores, puesto que él sabe qué es lo mejor y lo más indicado en toda emergencia posible. La libertad personal del discípulo no se circunscribe o limita en ningún sentido por entregarse al Guru. Es más libre que nunca antes. Y no le teme a nada. Va donde quiere y hace lo que le agrada con la más perfecta seguridad.


He aquí una divina paradoja: entregándolo todo al Guru lo ganas todo. El único hombre que es libre es el que camina tras el Guru. El único hombre libre es el que hace la voluntad del Maestro, ya que la voluntad del Guru es la del Padre Supremo. Y ése es en realidad el secreto de toda esta cuestión. El Maestro es el Representante del Supremo. Siguiéndole seguimos a Dios.


Sería apropiado hacer notar aquí que hay dos distintas administraciones de karma: la de Kal, el poder negativo y la de Dayal, el misericordioso. Guru y Dayal son lo mismo y ambos se refieren al Ser Supremo, al Señor del universo infinito. Kal es el Señor del Karma en este mundo y en todas las regiones hasta la segunda división, Trikuti. Administra el karma a la gran masa de la humanidad. De hecho, en el caso de los que carecen de Guru, éstos siguen la rutina que ya delineamos antes y el karma gobierna su vida de siglo en siglo. No hay escape de la rueda del destino kármico hasta que se encuentra un Maestro vivo; pero en el mismo momento en que una persona es iniciada por un Guru, es decir, se convierte en su discípulo, se transfieren automáticamente todas sus cuentas kármicas, de manos del Poder Negativo, a la custodia del Guru. A continuación éste, trabajando bajo la dirección del Poder Positivo Supremo, administra el karma de su discípulo. De ahí en adelante Kal, o sea, el Poder Negativo, no tiene nada que ver con sus cuentas y no tiene poder ni control sobre él. Los enviados de la muerte no pueden aproximársele, ni puede ser nunca llamado a juicio ante el tribunal de Dharam Rai. Su destino en esta vida y en la siguiente queda por entero en manos de su Guru. El Maestro administra entonces ese karma conforme cree que es mejor para el discípulo.