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6. ¿Cómo Reconocemos A Un Maestro?

 

 

Habiendo dicho ya tanto acerca del Maestro, lo más apropiado es preguntar ahora: ¿cómo podremos reconocer a un Maestro verdadero, si lo encontráramos? ¿Cómo podremos distinguir a uno genuino de uno falso? O ¿por qué medios encontraremos a un Maestro? Éstas y muchas otras preguntas similares se manifiestan espontáneamente y demandan contestaciones razonables.


Como respuesta, el primer punto de importancia es lo que podemos llamar evidencia acumulativa. Yo nunca he visto la ciudad de París y, por lo tanto, no sé positivamente que exista, pero lo creo así, a juzgar por la evidencia acumulativa. De acuerdo con ello, examino toda la evidencia aportada por otros. Le concedo un análisis cuidadoso. Observo también la credibilidad de los testigos. Eso es importante. Considero su inteligencia y su carácter general y tomo nota especial de sus motivos. Si mucha gente de alto nivel y buena inteligencia cree que cierto hombre es un Maestro, puedes entonces, al menos, proceder a examinar el asunto más detenidamente.


Cuando lo veas, hazle un estudio riguroso. Yo viví durante todo un año, trabajé y viajé al lado de mi Maestro y tomé nota de todo cuanto hizo y dijo y aun observé la expresión de su rostro durante las crisis; por ejemplo, cuando fue atacado por sus oponentes con feroces argumentos y con insultos. Reparé en sus reacciones cuando la gente acudía a él a confesar sus pecados. Le observé cuando entraba en las cabañas de los pobres a ver a los enfermos y le estudié cuidadosamente cuando entraba a las casas de los ricos y en su trato con dos rajás que intentaron inclinarse a sus pies. Tomé nota detallada cuando largas hileras de personas venían a ofrecerle dinero para algún edificio público, como el salón del Satsang: también cuando la gente trataba de darle dinero y otras cosas. En todas las situaciones encontré que era un hombre perfecto, tal como se supone que debe ser un Maestro, puesto que un carácter perfecto, como hombre, es la base de la maestría espiritual. Si, para empezar, no tiene eso un hombre, más vale abandonarle.


Mira si un hombre reúne los requisitos que se han apuntado en las páginas anteriores acerca de un Maestro. Compara notas. Tómate mucho tiempo para averiguar los hechos. Mantente siempre en guardia contra conclusiones apresuradas en pro o en contra. Conserva tu mente abierta, aún mucho después de que te consideres convencido. El asunto es extremadamente importante. No puedes cometer errores. Es una calamidad ir con un Maestro falso, pero es todavía peor dejarse llevar por un juicio apresurado y dar la espalda a un Maestro verdadero. Eso, en realidad, es un auténtico desastre. Finalmente, no importa si te convences en contra de tu voluntad o de tus predilecciones. Deja que los hechos sean los que dirijan tus conclusiones.


En segundo lugar, escucha la voz de la intuición. Si no estás suficientemente convencido por medio de consideraciones previas, deja que dé testimonio tu propia intuición. Eso, como las impresiones y los sentimientos, no es concluyente, pero ayuda. Si estás listo para el Sendero de los Maestros, estarán bien desarrolladas tus facultades intuitivas. Úsalas. ¿Qué te parece el Maestro? ¿Qué impresión te da? ¿Qué efecto produce en tí cuando estás en su presencia? Cuando te alejas de él, ¿te parece que eres mejor hombre o te sientes deprimido? Naturalmente, los sentimientos no son nada concluyentes. Ya lo hemos subrayado bastante, pero pueden tomarse en consideración por su valor en el conjunto de las evidencias a sopesar. ¿Qué impresión te da al día siguiente? ¿Al mes siguiente? ¿Te parece que puedes amarle y honrarle o te sientes deprimido después de alejarte? ¿Tienes que darte razones para convencerte de que te agrada, o te agrada a pesar de tus predilecciones? Esto puede someterse a profunda reflexión.


Y, sin embargo, todo ello no son pruebas concluyentes. Hay solamente una manera de SABER, más allá de toda posibilidad de error, que ese hombre es un Maestro, y consiste en verle en un plano superior, en el que todo engaño es imposible. Verle donde las cualidades espirituales se manifiestan a todos. Si ves al maestro allí, en su forma radiante, ya no tienes por qué preocuparte. Has encontrado a tu Maestro y lo sabes con tanta certeza como sabes que existes tú mismo. Si vas a ese plano superior, sin embargo, y no encuentras allí a tu Maestro, debes seguir buscando.


En relación con esto, hay una verdad más que es muy alentadora y que no debe pasarse por alto. Si buscas al Maestro, es indicio de que se te está acercando y tienes que encontrarle. Es sólo cuestión de prepararte para ese gran acontecimiento. Uno de los más antiguos dichos de la Sabiduría Oriental es:


Cuando el discípulo está listo, el Maestro aparece


Últimamente, el escritor de este libro ha tenido suficiente prueba de que esta antigua máxima es cierta. Sabemos que lo es del mismo modo que sabemos que son ciertos los otros puntos de esta enseñanza. Que no se descorazone ningún alma hambrienta. Si ya estás listo, simplemente tienes que encontrar al Maestro; y estar ansioso por encontrarle es buena evidencia de que ya estás preparado para él. No hay nada dentro o fuera de los siete mares que pueda impedirlo. Pero ten cuidado con tu preparación. Recuerda que el recipiente tiene que estar limpio antes de que el agua de la vida pueda vaciarse en él por el Maestro.


Habiendo encontrado ya al Maestro, ¿qué es lo que viene a continuación? Seguirle con fe y determinación invariables. En otras palabras, después de que hayas aceptado a un hombre como Maestro, acepta también su fórmula y trabaja con ella con absoluta fidelidad. Si te enfrentas a muchos problemas que parecen querer hacer que zozobre tu barco, sostén los remos del autocontrol con mano firme y espera mientras actúas. Al principio, habrá preguntas desconcertantes. Algunas veces te verás inclinado a decir: "No puedo creerlo". Mantén todas esas cosas en reserva y espera. No tomes conclusiones apresuradas. Deja que ellas lleguen a tí. Espera y trabaja. Poco a poco se responderán tus preguntas a sí mismas y te sorprenderá con cuanta facilidad. Cuando aumenta la luz, se desvanece la oscuridad.


Recuerda que tiene que reorganizarse ahora el modo de pensar de tu vida entera. No cometas la equivocación de querer acomodar las enseñanzas del Maestro a tu modo de pensar. No funcionará. Tampoco quieras compaginar tus antiguas opiniones con el nuevo sistema. Déjalas todas y comienza de nuevo. Más tarde puedes recogerlas otra vez si no te gustan las nuevas. Suspende tus juicios hasta disponer de toda la evidencia. Actúa de acuerdo con el principio de que a la verdad no puede dañarla la luz. Haz tuyo el método científico y sigue luego recogiendo evidencias, sosteniendo abierta tu mente todo el tiempo. Cuídate bien de la vanidad en la opinión. Ésta solamente obstruye el camino de la sabiduría. La opinión no es de gran valor. En este Sendero sólo cuentan los hechos. No permitas que una antigua opinión obstruya tu camino hacia los hechos. Recuerda que éste es el Sendero de la demostración científica y no un sistema de creencias.

 

 

 

 

 

7. índices Objetivos de Maestría

 

 

Por índices objetivos queremos significar esa clase de evidencia que toda la gente, cualquier persona, puede ver y entender. Además de todo cuanto se ha dicho acerca de los Maestros, hay unos cuantos índices infalibles que sirven para distinguir a los Maestros verdaderos de todos los demás que puedan hacerse pasar por Maestros. Algunos de ellos son:


1. El primero y más notable es el importante hecho de que los Maestros auténticos nunca cobran por sus servicios ni aceptan ninguna forma de pago ni ninguna clase de beneficio material por sus instrucciones. Ésta es una ley universal entre los Maestros y, sin embargo, existe el hecho asombroso de que miles de anhelantes buscadores de América y otros lugares siguen pagando grandes sumas de dinero por "instrucción espiritual". Los maestros siempre se sostienen a si mismos. Nunca los mantienen sus estudiantes ni la caridad pública.


2. Los Maestros nunca presumen de su maestría ni de sus poderes o logros espirituales. Si algún hombre proclama haber obtenido el más alto desarrollo espiritual, puede tomarse como prueba concluyente de que no ha logrado tanto. Los Maestros demuestran siempre la más grande humildad, pero nunca hacen que su humildad sea inoportuna. Nunca hacen nada para que se advierta o para exhibirla ante la mirada del público.


3. Los Maestros no se quejan nunca del modo como los traten los demás. Aún que abusaras de alguno de ellos, jamás te contestaría con enojo ni lo comentaría después. Nunca hablan de su mala suerte ni de la ingratitud de sus beneficiados.


4. Los Maestros no encuentran nunca faltas en los demás, ni les culpan o echan en cara sus defectos, ni frente a frente ni a sus espaldas, no importa cuál haya sido la provocación. Jamás hablan mal de nadie y nunca reprenden a los demás por sus errores. Ensalzan las virtudes positivas guardando silencio respecto a lo malo, excepto para contestar preguntas o dar advertencias necesarias.


5. Los Maestros nunca castigan a nadie, ni aún a sus peores enemigos o a los que les han tratado mal. Dejan el castigo del malhechor al Poder Negativo, cuya misión es administrar justicia. Sus vidas están gobernadas por completo por LA LEY DEL AMOR. Dan su amor y su luz como el sol da luz y calor y no piden nada en recompensa.


6. Los Maestros nunca son dados a practicar el ascetismo ni a las austeridades poco razonables. Ésta es una cualidad que les diferencia de cierto tipo de Yoguis. Los Maestros insisten en que debe cuidarse la salud del cuerpo tanto como la de la mente y la del alma. Siempre enseñan que es un deber conservar el cuerpo limpio, sano y bien alimentado. Por supuesto, enseñan que es malo comer demasiado y nunca debe introducirse en el cuerpo nada que no sea comida y bebida sanas. También enseñan que el cuerpo no debe usarse nunca como instrumento de gozos pasionales solamente por sentir la sensación de placer. Si ves a alguien que se tortura, puedes estar inmediatamente seguro de que no es un Maestro. Algunos yoguis buscan el control de la mente torturando su cuerpo, pero es un esfuerzo vano. La mente nunca puede someterse de esa manera.

 

7.  Los Maestros nunca piden limosna para vivir. Siempre se mantienen a sí mismos. El Maestro es siempre el dador, nunca el mendigo. Tampoco permite a sus discípulos que pidan limosna y vivir sentados sin hacer nada. Así es que si ves a alguien pidiendo limosna para vivir o cobrando por su instrucción espiritual, puedes estar seguro de que ni es un Maestro, ni discípulo de un Maestro. Guru Nanak dice: "Aquél que se gana la vida honradamente y practica la caridad con parte de lo que gana, conoce el Sendero".


8. Un verdadero Maestro no hace nunca milagros para exhibirse en público. Puede hacerlos en ocasiones especiales y por razones particulares, pero en todos los casos se guarda en secreto y no se hace público. Es una ley fija con los santos Verdaderos que nunca hagan milagros para ganar discípulos. Los yoguis hacen milagros a menudo, curando enfermos y otras acciones, pero los verdaderos Maestros nunca los hacen, excepto en circunstancias singulares y por razones urgentes.


9. Todos los Maestros genuínos enseñan y practican la Corriente Audible de la Vida o Corriente del Sonido, llamado en Hindi Shabad. Ése es el tema central de todos sus discursos, el centro mismo de todas sus meditaciones. Así como esta Corriente es la vida del mundo mismo, también es la vida de cada uno de los Maestros en todas sus prácticas diarias. Es tema supremo de todas sus charlas en todo tiempo. Si un hombre predica y practica la Corriente de la Vida, puede suponerse evidencia de que es un Maestro, aunque esto no sea concluyente. Pero si un hombre no la practica, ni la predica, ni la menciona en sus discursos, eso sólo es la evidencia más concluyente de que no es un Maestro. Es la enseñanza universal de todos los Maestros, lo más conspicuo en todas sus prácticas y enseñanzas. Que ésta sea entonces la prueba principal a que se someta a todos aquéllos que proclamen ser Maestros y a todos los sistemas que te ofrezcan llevarte a los mundos superiores. Si no tienen la Corriente de la Vida como la esencia misma de su sistema, no tienen nada.


10. Si algún yogui o cualquier otro hombre que pretenda ser un Maestro enseña que Brahm Lok o la región de Brahm es el más alto de todos los cielos y que Brahm es el Dios Supremo, puedes estar seguro de que no es un Maestro, puesto que Brahm Lok es solamente le segunda de las regiones o planos superiores, habiendo otros seis planos por encima de éste en escala ascendente, cada uno de ellos superior y más grande que el que está debajo. En la Gran jerarquía del Universo, Brahm, que gobierna Trikuti y los tres mundos, es simplemente un subordinado del Supremo.


Las anteriores son sólo algunas de las más destacadas indicaciones de Maestría. Hay muchas otras. No obstante, será suficiente garantía contra los falsos simuladores un cuidadoso estudio de éstas. El falso Maestro aunque se vista de oro, siempre se le verá el cobre si se le observa atentamente durante poco tiempo.

 

 

 

 

 

8. Es Muy Difícil Encontrar Un Maestro

 

 

Ya hemos dicho que, si alguien está listo, no puede dejar de encontrar al Maestro. Y sin embargo tenemos que añadir que es extremadamente difícil encontrarle. ¿Cómo podemos conciliar esas dos afirmaciones? Es, en efecto, la más difícil de las empresas para el que no está preparado y, sin embargo, es la cosa más fácil del mundo para el que ya tiene la preparación necesaria. De hecho, el que está listo para el Maestro no puede dejar de encontrarle. Para algunos de nosotros, desde aquí, en el pequeño lugar de retiro del Maestro, nos parece bastante simple. Quienquiera que sea, desde cualquier rincón del mundo, puede venir hasta él. No hay secreto ni misterio acerca del Maestro. Es absolutamente tangible y visible. Vive abiertamente ante el mundo. Viaja en coche y en tren como cualquier otro. Se sienta frente a sus discípulos y habla ante grupos grandes o pequeños. Y sin embargo ¡pocos son los que le encuentran! ¡Qué difícil es descubrirle! Pienso que, en verdad, puede decirse que, a menos que el mismo maestro desee que se le encuentre, nadie le encontraría nunca. Y sólo desea que le hallen aquéllos que están preparados. Es cierto que la gente puede oir su nombre, puede que les digan que es un Maestro. Pero nunca le descubrirán como Maestro. Hay decenas de miles que vienen y van durante todo el año y escuchan sus discursos, pero muchos de ellos no hacen jamás el gran descubrimiento. Los habitantes de los pueblos cercanos, en un radio de dos millas, que se lo han encontrado cientos de veces, no han descubierto nunca su maestría. Nosotros escribimos acerca de él a nuestros amigos en tierras diferentes y distantes pero, aunque llenamos páginas enteras, nunca comprenden que aquí hay un Maestro vivo. Simplemente, no pueden verlo. Vienen hasta aquí hombres y mujeres instruidos y pensadores, asisten a los Satsangs y escuchan las palabras del Maestro; hacen preguntas para investigar y luego se van sin haber descubierto al Maestro. Simplemente no pueden verlo si no están preparados para ese punto crítico de su larga evolución.


Recuerdo a un hombre que vino desde Europa hace algunos años y se quedó durante un mes. No encontró ninguna falta y hasta pidió su Iniciación. Pero, según mostraron los hechos subsiguientes, nunca tuvo ni siquiera un destello consciente de que aquí había un Maestro verdadero. Para este hombre, el Maestro era sólo un interesante instructor de filosofía espiritual, uno de tantos que había visto. Este sujeto me escribió largas cartas más adelante, diciéndome, en arrobadas hipérboles, cómo Dios le hablaba en las flores y le cantaba por medio de los pájaros. Pero no tenía ni la menor idea de la música divina, que era dinámica en el Maestro vivo. Nunca había descubierto al Maestro. ¿Por qué? Porque estaba demasiado lleno de sí mismo. Se creía una reencarnación del poeta Woodsworth. Podía oir a Dios llamándole en la Naturaleza, según decía, pero sus oídos estaban sordos a la voz del Supremo que le hablaba del Maestro vivo. Estaba obsesionado por ciertas ideas que daban vueltas a su alrededor, y esa obsesión le cegaba.


En cierta ocasión, un hombre construyó su cabaña en los campos de oro de California. Vivió y crió allí a su familia. Iba a buscar minas de oro por todos los cerros de alrededor y por fin murió en la pobreza. Pero su hijo, al cavar un pozo para hacer los cimientos de una nueva casa, encontró una rica veta y se hizo millonario. Había una gran cantidad de oro bajo el pórtico de su vieja casa, pero murió en la pobreza. Esto es lo que ocurre en cuestiones espirituales. Aquéllos que no pueden ver al Maestro porque están ciegos, mueren en pobreza espiritual mientras existen vastas riquezas espirituales más cerca de ellos que la misma casa donde viven.


Muchos leerán este libro, cuyo tema principal es el Maestro vivo, y, sin embargo, lo abandonarán sin haber tenido siquiera un destello de la realidad. Nunca descubrirán al Maestro. ¿Por qué? Llenos de sus propias ideas, cegados por conceptos previos, cogerán el libro y no verán nada en él. Nadie puede descubrir al maestro sino hasta que se hayan realizado ciertas preparaciones internas. Ése es el secreto de todo el misterio. Debes estar preparado "en tu corazón". Cuando y dondequiera que un hombre esté preparado así, "mayor de edad y bien recomendado", desee quitarse los harapos de su propia estimación y venga luego humildemente ante el Maestro como un "pobre candidato ciego", conociendo su propia ceguera y llamando para que se le admita en las masiones de la luz, entonces, y solamente entonces, ordenará el Maestro que se le abra la puerta: Entonces, y solamente entonces, descubrirá al Maestro que "viene de Oriente" a darle la iluminación.

 

 

 

 

 

 9. Conocimiento Positivo Vs. creencias

 

 

Antes de concluir nuestra relación acerca de los Maestros, y para ir por orden, diremos que, siendo lo que son y sabiendo lo que saben, nunca adivinan ni hacen especulaciones en lo concerniente a las grandes verdades que se han confiado a su cuidado. Su ciencia se basa en conocimiento positivo, no teoría. No les interesan las simples creencias ni las opiniones. Su sistema es una ciencia definida y exacta. Por lo tanto, hablan con la autoridad de un conocimiento experimental incontrovertible. En consecuencia, si se exponen atrevidamente en este libro un conjunto de grandes verdades, de hechos, con una aparente presunción de finalidad dogmática, que no se atribuya esto al egocentrismo de un principiante. Si un hombre va a Alaska y más tarde escribe a sus amigos que ha descubierto una mina de oro y ya tiene en su poder pepitas de oro de gran valor, no puede acusársele de egocéntrico porque lo publique. Le considerarán simplemente afortunado. Si este escritor Americano ha descubierto y pone ahora por escrito ciertas verdades revolucionarias, que valen más que millones de pepitas de oro, no tiene por qué acusársele de presunción poco razonable. Tómese tiempo el lector en investigar estas afirmaciones. Que las compruebe por sí mismo. Que les haga la prueba del ácido.


Algunos de esos hechos de la Ciencia del Gran Maestro no habían sido dados a conocer nunca antes a los Occidentales por un hombre de Occidente y son tan extraordinarios que, al principio, pueden provocar incredulidad. Son asombrosos y en extremo significativos; mucho más de lo que parezcan en un principio. Lo que se expone aquí, sin estar calificado, se debe al simple hecho de que el escritor está actuando con la humilde capacidad de un amanuense (asistente literario) para escribir exactamente lo que enseña el Gran Maestro en el lenguaje de su pueblo. Y ha hecho el estudio más crítico del Maestro y de sus enseñanzas, después de seis años de residir cerca de él y ayudado en estos estudios por un grupo de caballeros Hindúes letrados que habían sido discípulos del Maestro durante largo tiempo.


Se ha hecho un gran esfuerzo para formular correctamente una exposición de estas enseñanzas y presentarlas de manera que sean fácilmente comprensibles. Por lo tanto, téngase presenta que lo que se ha escrito aquí no es un conjunto de opiniones ni un esquema metafísico extraído de los vuelos de la fantasía. Es exactamente lo que han visto, experimentado y, por lo tanto, conocido los Maestros por sí mismos. Ni más ni menos. Este relato no es de oídas ni se deriva de libros. Se ofrecen pocas citas en este trabajo, porque no se intenta hacer un compendio de conocimientos literarios. La esencia de este libro fue facilitada directamente a este escritor por un Maestro vivo muy grande. Esta esencia es, al mismo tiempo, idéntica a lo que ha sido enseñado por todos los Santos verdaderos de todas las épocas. Esto último ha sido comprobado, comparando la palabra del Maestro vivo con los escritos de todos los Santos, hasta donde fue posible obtenerlos en Sánscrito, Árabe, Persa, Hindú, Urdi y Punjabi.
 

Este libro se escribió y publicó por deseo expreso y después de obtener la aprobación del Gran Maestro, cuya vida y enseñanzas inspiraron estas páginas. El escritor no reclama nada para sí ni acepta ningún mérito en absoluto. Simplemente hizo cuanto pudo para preparar el material para su publicación. Al hacerlo, desea dejar constancia aquí de su gratitud hacia el Maestro y de su eterno agradecimiento por el privilegio de vivir en su compañía diariamente durante todos estos maravillosos años. Durante todo este tiempo, el Maestro no se cansó nunca de dar instrucción, escuchó pacientemente muchas preguntas, -interminable número de ellas-, y dilucidó cuidadosamente todos los problemas con ilimitada paciencia e incansable dedicación. Hora tras hora, día tras día, nos hemos sentado un pequeño grupo alrededor del Gran Maestro, haciéndole preguntas y escuchando sus palabras de sabiduría.


Han venido aquí hombres y mujeres de mentes despiertas y de celo infatigable, de todas partes del mundo, acosando al Maestro con toda clase de preguntas, abarcando todos los problemas de la filosofía y la religión. Hemos escuchado todas esas discusiones y hemos tomado nota de las respuestas del Maestro. Nunca le hemos visto dejar de dar una respuesta pronta, lógica y convincente. Su ciencia es clara y razonable. Habla con igual claridad y convincente fuerza con un campesino ignorante que cuando lo hace con un pundit Sánscrito. Nos hemos asombrado a menudo de que se marchen todos convencidos y completamente satisfechos, regresando más tarde muchos de ellos a pedir la Iniciación. No pocas veces hemos visto a críticos sagaces venir con el propósito de encontrar fisuras y que luego se han quedado, llenos de veneración.


No debemos dejar de expresar aquí unas palabras más con respecto a la esencia de este libro y del Gran Maestro que ha sido su inspiración. Se trata de que no debe hacerse responsable al Maestro de ninguna inexactitud u otras imperfecciones de este libro. Solamente el escritor es responsable de ellas.