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Prefacio a la Primera Edición

 

 

Nadie es pobre, Oh Bhikha;

Todos tienen rubíes en su hatillo.

Pero no saben cómo desatar el nudo

Y, por lo tanto, ¡son pobres!

                                                           — BHIKHA (Santo Hindú)

 

 

EL HOMBRE NO SE ENFRENTA a problema más grande ni de mayor importancia que la posibilidad de darse cuenta de su propia conciencia, del profundo significado del lugar que ocupa en el mundo, como parte de un todo, ni del Propósito que debe descubrir primero y seguir después.

 

Esta conciencia del yo es la experiencia metafísica primordial que, al mismo tiempo que provoca que se adentre uno en lo más íntimo de su propio ser, también ocasiona que penetre en el universo. No podemos contemplar este universo como si fuera un espectáculo que se desarrollara ante nuestra vista, porque nosotros mismos formamos parte de el; ayudamos a su formación; somos, por así decirlo, coactores en una especie de drama, cuyas variaciones dependen de nuestra vida subjetiva, la cual se expresa con una gran variedad de incidentes. Nuestros estados afectivos no deben ser considerados como meros accidentes sin interés para nadie, como no sea para nosotros mismos, y frente a los cuales el universo se queda impasible, puesto que de este modo penetramos en su intimidad y participamos en las obras más íntimas de su vida, obteniendo la revelación de su misterio”.

                                          — LA VELLE

 

 La ciencia humana es periférica y esencialmente centrífuga. Estudia la parte visible del mundo sensible, la superficie sobre la que, por decirlo así, se refleja el pensamiento sobre sí mismo. La ciencia espiritual, por el contrario, es esencialmente centrípeta. Estudia el pensamiento interno desde los planos interiores y, desde ahí, hasta los más profundos, acercándonos cada vez más al Absoluto del que procede toda vida y que es la única y exclusiva Realidad.

 

Conviene que nos envolvamos, por así decirlo, en una especie de helada inmovilidad, no para hacernos a un lado de todas las vibraciones de nuestro ser individual, en un esfuerzo por percibir un mundo del que vamos a desaparecer, y al que es posible contemplar solo con una inteligencia impersonal. Por el contrario, es precisamente este esfuerzo de nuestra lucha diaria por adquirir la más aguda consciencia de este perpetuo debate personal, en el cual nuestro yo se constituye a sí mismo, lo que nos introduce en el corazón mismo de esta Realidad.

 

Nosotros, los modernos, estamos tan ocupados estudiando el mundo exterior que hemos olvidado, en gran parte, estudiar el mundo interior. Nos preocupamos por curar los dolores y padecimientos, el asma y el reumatismo, y no pensamos en curar nuestros febriles deseos y nuestras despreciables ambiciones.

 

Es extraño que, aunque todos debamos caminar por el sendero de la vida, sean tan pocos los que sepan dónde van.

 

“Que  poco sabemos lo que somos”

¡Y cuanto menos lo que podemos ser!

                                                                                       — BYRON

 

 

Vagamos de la cuna a la tumba y, sin embargo, no conocemos nuestro verdadero destino, que no es la tumba sino más bien el conocimiento de nuestro Súper Yo.

 

Durante largo tiempo hemos aceptado la tradición sobre la existencia de dos mundos; uno, el mundo de las apariencias y, el otro, el mundo de las existencias. Y hemos asumido que, como el conocimiento de las cosas siempre significa encadenarlas a nuestro ser, solamente las apariencias son accesibles para nosotros. Pero es una equivocación imaginar que tras esas apariencias hay cosas reales, perceptibles para una mirada más penetrante, pues el espectador puede observar el objeto que contempla solamente desde fuera. Por tanto, todas las cosas son, necesariamente, una apariencia. De hecho, la realidad puede alcanzarse solo desde dentro, no fuera de nosotros mismos. El hombre debe volver su mirada hacia dentro para poder comenzar la más maravillosa de todas las exploraciones, puesto que la felicidad viene únicamente desde el interior.

 

La “Divina Melodía” resuena suavemente alrededor nuestro y, sin embargo, ¡somos de una naturaleza tan densa que no la podemos oír! Solamente podemos captar la Melodía Celestial entrando en el divino silencio y cerrando los oídos al mundo ilusorio. De otro modo, no estamos sino cediendo a las ilusiones de nuestra imaginación y cosechando amarga miseria.

 

El descubrimiento del yo es, ante todo, un acto de retiro interior; es lo que se llama adentrarse en sí mismo. “Nosotros penetramos entonces, -dice Lavelle-, “dentro de un mundo invisible; pero este descubrimiento ocasiona angustia y es presuntuoso marchar hacia la conquista dé este mundo interior sin direcciones bien definidas, sin consejos muy precisos: de ahí la necesidad absoluta de un Maestro”. “Quienquiera que vaya de peregrinación necesita un guía para enseñarle el camino, ya sea hindú, turco o árabe”. (Maulana Rum). Entonces, el universo exterior se aleja y se desvanece, como ocurre con el más hermoso escenario cuando la representación se dramatiza en exceso. Pero pronto experimentamos el gozo de la revelación; el universo deja de ser un objeto fuera de nosotros mismos, un enigma a resolver; ya no lo contemplamos desde fuera, sino desde el interior. Su secreto es nuestro secreto. Este descubrimiento, lejos de causarnos una sensación de miseria, llega a ser una fuente de confianza y de luz y, cuando rehusamos aprovechar ese pozo, comenzamos a sufrir. Así es que, después de haber vivido en el mundo largo tiempo como un extraño, aquél que se refugia en la soledad percibe un nuevo mundo, que le da la bienvenida y, poco a poco, obtiene la percepción directa de los planos superiores.

 

En el misterio de la magna solitudo, el individuo y el Ser Supremo se contemplan uno al otro, cara a cara, porque el primero retorna a su Ser Original. “En el corazón mismo de mi propia subjetividad”, dice Hegel, “es donde descubrí la verdadera realidad y no en el abigarrado espectáculo que se desarrollaba ante mis ojos. Es contradictorio buscar la existencia fuera de mí mismo, puesto que fuera de este YO puedo encontrar únicamente una apariencia de mí. Debo buscarlo en lo más profundo de mi ser, puesto que yo, cuando menos, participo de la existencia”.

 

Conocer esta verdad no requiere violencia; se necesita solamente una reverencia interior y el deseo de “oír”. La verdad se revela por sí misma solo a quienes la buscan y la aman. El gran propósito del entrenamiento espiritual es la unión absoluta con el Ser Primordial.

 

Esta regeneración, este segundo nacimiento, es lo que los teólogos cristianos han llamado “la venida del Espíritu Santo”. La iluminación interior se une a un infinito amor por lo divino. Esta flama interior, este conocimiento y amor simultáneos, cuando nacen, se elevan y crecen, hasta que, finalmente, por medio de una especie de éxtasis impersonal, todo nuestro ser arde en un supremo deseo de unión. (Llamamos “impersonal” a ese estado de intuición en el cual nuestro pensamiento no está ya dividido entre el tema pensado y el mundo exterior, sino que, por contra, el mundo externo se anula al integrarse en nuestra conciencia personal. Nuestra conciencia personal no se anula de ningún modo. El Nirvana no es la abolición de la personalidad: por el contrario, es el complemento de ella).

 

“Solo dentro de sí mismo puede uno darse cuenta de la cúspide de la Realidad”, dice Buda. Un gran Maestro sufí añade que “El origen de la verdad está dentro y Él mismo es el objeto de su percepción” y, de acuerdo con Schopenhauer, “lo esencial para la felicidad en la vida reside en lo que uno tiene en sí mismo. Verdaderamente, la fuente principal de la dicha humana viene de dentro de lo más profundo de nuestro ser”.

 

No podemos esperar poseer otras riquezas sino aquéllas que ya llevamos dentro de nosotros y deberíamos usarlas, no descuidarlas, pero estamos tan familiarizados con ellas que ya no nos parece que tengan ningún valor y perseguimos el oropel de los pintarrajeados objetos cuya posesión se nos niega. Somos tan débiles que, muchas veces, el mundo se ve obligado a rechazarnos para hacer que nos desprendamos de él.

 

El “Reino de los Cielos” está en el corazón de aquéllos que se dan cuenta de Dios como realidad. Ciertamente, es más fácil encontrar un camino hacia el cielo que encontrar el camino de uno en la tierra (Inayat Khan). Y qué cierta es esta afirmación de la Biblia: “El Reino de los Cielos está dentro de ti mismo”.

 

Pero ¿cómo descubrir este reino? ¿No es éste el objetivo principal, tanto de la filosofía como de la religión? La primera, a pesar de las numerosas cátedras donde se enseña y de los muchos escritos de los grandes filósofos, no ha probado ser la fuente en la que pueda apagar su sed el buscador. En primer lugar, la filosofía es la herencia de una “élite” y atrae principalmente al intelecto y a la mente. Es una materia árida. Aun más, se ha estado filosofando durante siglos; se han extraído miles y miles de teorías y argumentos, pero son solamente palabras pronunciadas con los labios, -como dicen los santos hindúes-, puesto que no tienen vida y nuestro conocimiento de Dios no ha avanzado ni una pulgada. También tenemos la religión. No obstante, con respecto a esta última, estamos totalmente de acuerdo con la opinión de Kerneiz: “Para las masas, la religión significa el más formidable instrumento de servidumbre de la mente humana y la fundación de una nueva religión, no importa lo excelente que pueda ser, no es sino la base de una nueva prisión en la cual confinar al espíritu”.

 

Los consuelos que las religiones pueden ofrecer son de lo más platónico y constantemente aumenta el número de aquéllos que, hoy en día, ya no pueden creer o encontrar ninguna satisfacción en la religión, por falta de pruebas manifiestas y a causa de la flagrante hipocresía de tantos falsos profetas o de sus seguidores militantes.

 

Con todo ello, la existencia de esta ciencia de lo desconocido, -la ciencia del alma, podríamos decir-, es un hecho y, tarde o temprano, todos la anhelarán ardientemente. Algunos individuos más avanzados pretenden conocerla, pero aquéllos que se aproximan a este descubrimiento se dan cuenta de que es la herencia de un número extremadamente limitado de individuos.

 

Hasta ahora* (1.939, primera edición, Francia), occidente nunca había recibido el privilegio de acceder a las revelaciones de los Sabios de este mundo en lenguaje común. Hasta el presente, estaban veladas las enseñanzas filosóficas y espirituales y, por eso, tales enseñanzas fueron clasificadas como esotéricas, pudiendo ser conocidas solamente por un número limitado de iniciados. Esta iniciación se alcanzaba a través de revelaciones secretas, de escritos alegóricos y simbólicos, cuya interpretación era posible únicamente para aquéllos que poseían la clave y la enseñanza directa de Maestro a discípulo. Los mortales no iniciados eran incapaces de penetrar el “arcanum”, de modo que las almas espiritualmente avanzadas eran las únicas que podían comprender las imágenes del lenguaje, la divulgación de las cuales estaba prohibida y cuyo significado, sin la clave, era imposible interpretar.

 

Raros, en verdad, eran los Occidentales que poseían el “conocimiento”, y así era adecuado, puesto que los Sabios de este mundo consideraban inútil arrojar “perlas a los cerdos” y entregar elucubraciones de estéril discusión de este “enfant terrible” llamado “mente” a Egos no preparados: direcciones, consejos, preceptos, verdades y líneas de conducta para la ascensión espiritual.

 

Hasta ahora, penetrar en los secretos espirituales era privilegio de una clase especial de la sociedad. Sin embargo, tal conocimiento tiene grados y comienza por los más simples consejos, para lograr las más profundas verdades, capacitando al futuro discípulo para comprender la Verdad a través de su propia experiencia personal. Es cierto, sin embargo, que los primeros pasos y determinados niveles más avanzados, ya conocidos por los sacerdotes, fueron salvaguardados en forma velada en los libros secretos de las diversas religiones del mundo.

 

La vida rehúsa rendir o mostrar su más sublime secreto a los negligentes. Si se desea descubrir lo profundo de su significado, debe abrirse el barbecho y prepararse para buscarlo; y el lugar donde debe buscarse está dentro de uno mismo, porque sus tesoros ni se encuentran fuera de nuestro propio ser, ni pueden atraparlos los cinco sentidos. ¿Están entonces ocultos los métodos de los yoguis?

 

 

¿Esparce un rajá sus joyas por el camino para mostrarlas en público?

No. Las esconde en las profundas cámaras del tesoro, en las cajas

fuertes de su palacio. El conocimiento de la ciencia del YO es uno

de los más grandes tesoros que el hombre puede descubrir y poseer.

¿Debería ofrecerlo sin demora en bazares y géneros diversos?

Dejemos primero que todo aquél que desee obtener y guardar este

tesoro lo desee ardientemente y luego lo busque. Ésa es la única

manera y el modo adecuado. La sabiduría se oculta con objeto de

esconderla del investigador curioso y superficial, de los que

no están preparados mentalmente y quizás también de los

mentalmente indignos.

 

 

 

En este libro se explican, en un lenguaje moderno, simple y claro, las siguientes preguntas y tópicos:

¿Qué es la religión? ¿Cuáles son sus promesas y que ofrece? Monoteísmo, Politeísmo, Monismo, Panteísmo. La situación de los principales movimientos religiosos de Oriente y de Occidente. El valor de las ceremonias, ritos y libros sagrados. ¿Qué es Dios? ¿Cuáles son Sus nombres? Las grandes jerarquías espirituales. Los planos superiores y las altas religiones. Los guías espirituales de los tiempos pasados y del presente. El papel que desempeñan los maestros. Los verdaderos y los falsos Gurus. Cómo reconocerlos. El modo de realizar la unión con el Ser Supremo. Las diversas etapas que deben atravesar aquéllos que deseen caminar por el Sendero del Maestro. Cómo llegar a ser un discípulo. Ascetismo. La constitución esotérica del ser humano. Los Chakras. El Kundalini. El problema del deseo. Las cinco perversiones o pasiones y sus antídotos, los diversos karmas. Reencarnación y metempsicosis. La muerte y después de la muerte. Los diversos Yogas. La importancia de la Corriente del Sonido. En pocas palabras, todo lo que concierne a la Ciencia de los Maestros.

 

El autor se ha unido a la regla de Aristóteles, de la manera más satisfactoria: “Escribe bien. Exprésate en el lenguaje del pueblo, pero piensa como un sabio”. Ésta es una colección de riquezas espirituales de Oriente, que se revelan ante la mirada deslumbrada de Occidente. No estamos haciendo aquí vanas promesas, como las que se formulan en la mayoría de las sociedades filosóficas y en tantos otros libros, que no conducen a nada ni llevan a ninguna parte, ni como las que se oyen cuando finalmente se acerca uno a la meta tan largamente buscada: “Oh, esto no es para ti. No has avanzado lo suficiente, es un secreto”. Ante ello, el Alma vuela y se aleja justamente en el momento en que parecía que habíamos alcanzado ese brillante esplendor con las manos y “todo lo que nos queda es otra mariposa muerta que añadir a nuestra enmohecida colección”. (Sri Krishna Prem). No, desde el principio hasta el fin se expone plenamente el Sendero que debe seguirse para alcanzar la más alta meta: “La Suprema Unión”.

 

Antiguamente, de acuerdo con los yoguis, se consideraba una violación divulgar el secreto del camino anterior. Este secreto se revelaba después de haber pasado por las más rígidas pruebas y contrapruebas. Es muy natural, tratándose del sistema Patanjali, debido al peligro a que se sometían los chelas al hacer las pruebas. En esta exposición del Sant Mat, contrariamente a los otros muchos yogas, los peligros y dificultades no acechan al discípulo a cada paso durante el curso de sus prácticas espirituales.

 

“Una de las razones por las cuales se escribe este libro ahora —dice el autor— bajo el mandato expreso de un Gran maestro, es la de darles a todos aquellos que puedan reconocer su valor, algo de comprensión acerca de la inapreciable verdad de los Maestros de todas las épocas. Ahora se descorre el antiguo velo de profundo secreto. Ya no hay necesidad de guardar ese sigilo. No hace muchos siglos que ningún Santo podía hablar abiertamente sin poner en peligro su vida: El método de los Santos, aquí expuesto, está tan salvaguardado por sí mismo que no puede producirse ningún daño por ofrecerlo a todo el mundo, siempre y cuando sea preservado del abuso y mala utilización”.

 

Hoy en día hay escrito un increíble número de libros para levantar un puente entre oriente y occidente; hay innumerables libros sobre yoga publicados en distintas lenguas, ya sea por orientales que vinieron a occidente a familiarizarse por sí mismos con su manera de pensar o por occidentales que trataron de penetrar en el espíritu oriental.

 

La presente publicación no es una adaptación de los pensamientos de otros, sino una auténtica revelación para todos aquéllos a quienes les interese. Tampoco es cuestión de razas o de corrientes religiosas para adaptarse a la conveniencia de unos y otros, ni para buscar puntos de entendimiento mutuo. No. Es, sin duda alguna, la base misma de la religión, la revelación de un gran misterio. El conocimiento de nuestro origen y de cómo, una vez más, encontrar la casa del Padre, como lo hizo en otro tiempo el hijo pródigo, y hacerlo por medio de un proceso científico experimentado por uno mismo y que cada una de las almas sinceras puede verificar por sí misma.

 

Aquí está trazado el sendero por dónde caminar y podemos repetir las palabras del Maestro Sufí:

 

 “El propósito supremo de la vida es hacer que Dios sea para nosotros una realidad. Con este fin, dadnos todo lo que vosotros tenéis y os daremos cuanto poseemos”.

 

¿No enseñan los Maestros que cada dádiva que ofrecemos, sin pensar en la recompensa, nos ha sido ya devuelta?

 

Este libro no fue escrito con miras a satisfacer la curiosidad o gratificar a la mente o la imaginación, sino para saciar la sed del auténtico, sincero y humilde investigador. No se requieren acrobacias mentales, ni tortuosas y complicadas gimnasias filosóficas, ni hay necesidad de emplear horas enteras leyendo una página o un pasaje a fin de acertar con el significado que le dio el autor.

 

La verdad plena es demasiado simple para el investigador de lo complejo en busca de cosas que no puede entender. El intelecto crea sus propios problemas y luego se vuelve desdichado tratando de resolverlos. La verdad siempre se manifiesta a sí misma con la mayor sencillez. ¡Simplex veri sigillum!

 

Este libro se escribió y publicó con la aprobación y conforme a deseo expreso del Gran Maestro, cuya vida y enseñanzas han inspirado estas páginas. Sin embargo, como escribió el Dr. Johnson, “no debe considerarse responsable al Maestro de ninguna inexactitud ni imperfección que aparezca en este volumen. Solamente el autor es responsable de ellas. No reclama nada para sí ni se adjudica crédito alguno”.

 

“Practicar el yoga por curiosidad, en busca de sensaciones nuevas o para obtener poder síquico, es un error que se castiga con la futilidad, la neurosis o algo peor aún. Nadie debe buscar la Iniciación a los misterios por motivos indignos, porque, con toda seguridad, el resultado concluiría en desastre”.

                                                                                                —BRUNTON

 

¿Debemos creer sin pruebas? ¿Es indispensable la fe ciega? En teoría, aquél que percibe en sí mismo la llamada del Absoluto se supone que debería dejarlo todo, -posición, familia, amigos-, con objeto de atender esa llamada, como en el “venid y seguidme” de la Biblia. Pero en occidente no hay lugar donde acudir para abrazar una disciplina filosófica en particular. No hay un lugar en nuestra sociedad para el Sanyasi.

 

El método expuesto en estas páginas no requiere de ninguna manera que el buscador lo deje todo y se disponga a partir como peregrino, con sandalias y mochila, para someterse a interminables torturas y pruebas. No. El papel del verdadero adepto consiste en quedarse en su medio ambiente acostumbrado y, ahí, ganarse el sustento en una posición que le permita llevar una vida sencilla, decente y honesta.

 

Por lo tanto, el camino debe abrirse entre el humo de la vida diaria.

 

Debe ganarse la batalla de la vida y no huir de ella.

 

“Castrarse a sí mismo, como hizo Orígenes, no le capacitó para obtener ese alto estado que en la tradición hindú recibe el nombre de Brahmacharya, y un rígido aislamiento en una cueva de la montaña no producirá ese desapego interior hacia el espectáculo de las cosas que pasan, que es el único terreno en el cual la flor de la verdadera sabiduría puede crecer”.

                                                                              — SRI KRISHNA PREM

 

¿Es posible adherirse a una disciplina espiritual en medio de la agitación de la vida? La respuesta del autor es categóricamente afirmativa. “La única manera de escapar del medio ambiente es a través del aislamiento y la exaltación. Algunas personas se refugian en sí mismas. De esa manera, encuentran soledad en medio de la multitud”. (Dr. Alexis Carrel).

 “Uno puede”, dice Marco Aurelio, “retirarse dentro de sí mismo” en cualquier instante que lo desee. No hay retiro más quieto, más pacífico ni menos agitado para un hombre que el que se encuentra dentro de su propia alma”.

 

El perfeccionamiento que requiere el discípulo debe ganarlo allí donde su karma le ha colocado. Pero tiene que aprender progresivamente el valor de la renunciación a las cosas perecederas y encontrar, aún en el éxito y la felicidad terrestre, ese sabor amargo por el cual reconoce que es un exiliado en este mundo y experimentar, aun en los más dulces momentos, la aguda añoranza por su perdida tierra natal. Entonces es cuando se da cuenta del hecho de que uno puede empezar a oír solo cuando los oídos físicos están cerrados y que, cuando cierra los ojos físicos, puede ver por fin, porque “aquél que depende de sus ojos para ver, de sus oídos para oír y de su boca para hablar esta todavía muerto”. (Hazrat lnayat Khan).

 

El autor expresa claramente, sin ningún rodeo, lo que necesita cada uno de los seres que buscan la verdad. Primero, desearla ardientemente, después buscar un Maestro vivo.

 

“Ahora bien, la verdad no es algo que uno encuentre, sino que siempre nos la enseña alguien. Pero lo esencial es que esta enseñanza no nos oprima, sino que, por el contrario, debe restaurar nuestro Yo, debe revelamos nuestra liberación, así como el significado mismo de nuestra existencia”.

                                                                                             —LA VELLE

 

Y lo percibimos por medio del Surat Shabd Yoga. Este yoga se denomina también Ananda Yoga, el yoga de la felicidad y de la dicha y también el yoga del Maestro. Se basa en la cardinal y primordial noción del Sonido, el Verbo. Recordad la escena mágica que Goethe colocó al principio de su Fausto. Su héroe tomó como texto: “En el principio era el Verbo”. La luz revela el mundo. Fue creada por el Verbo. Ver es descubrir la obra de la creación. Oír es tener una sensación de complicidad con el Creador.

 

Esta divina melodía, este Bani Celestial, es el guión que conecta al discípulo con el Ser Supremo a través del Maestro. Este es el primero y uno de los más importantes pilares de este yoga que, dice el Dr. Johnson, “lleva al estudiante etapa tras etapa, desde sus primeros pasos en el sendero de lo oculto, hasta lo más alto, hasta la meta suprema; y, en virtud de este proceso, pasa del estado de hombre ordinario al sublime grado de Hombre-Maestro”.

 

El segundo pilar de este yoga es el Maestro vivo. El Dr. Johnson continúa: “Antes de llegar a los pies del Maestro tenemos generalmente que abrirnos camino a través de bibliotecas enteras de libros sobre toda clase de temas. Cuando ya los hemos revisado todos y nos damos cuenta finalmente de que no nos ofrecen la solución definitiva a nuestros problemas, venidos al Maestro vivo. Solo entonces encuentra la paloma descanso para sus fatigadas alas”.

 

El tercer pilar es el Satsang, es decir la presencia o la compañía del Maestro vivo, que es consciente de Dios.

 

“Solamente está vivo, Oh Nanak,

Aquél que está sintonizado con Dios.

Todos los demás están muertos.”

 

Es un Hombre-Dios. Una palabra suya es palabra de Dios. No tiene necesidad de enseñar. Hasta su simple presencia eleva, inspira, conmueve y da vida. Su misma compañía ilumina nuestro Yo. Vivir a su lado es educación espiritual. Su tierna sonrisa irradia luz, dicha, gozo, felicidad y paz. Es una bendición para la humanidad que sufre. Todas las agonías, miserias, tribulaciones, las enfermedades del mundo, etc., parecen desvanecerse con su sola presencia y desaparecen nuestras dudas. Nos puede despertar con la vista, con el tacto, con el habla y con el pensamiento. Puede transmitir la espiritualidad al discípulo tan fácilmente como ofrecer una fruta. Es una fuente eterna del agua de la vida. El sediento bebe solo agua. Un aspirante sediento, que tiene fe implícita en su Maestro y que está ansioso de impregnarse de sus enseñanzas, solo puede beber el néctar del Maestro. El estudiante absorbe de su Maestro en proporción a la intensidad y al grado de su fe en Él y conforme a su ferviente y receptiva actitud.

 

La espiritualidad no puede enseñarse, sino captarse. Una vez que uno haya aprendido los secretos de la espiritualidad a los pies del Maestro y se haya vivificado con los impulsos de vida que de Él recibe, ya no requerirá de Su constante relación física. Podrá tener relación interior con Él en todas partes. Sin embargo, puede ocurrir que le rinda visita con la frecuencia posible, y le haga llegar información sobre su progreso interno.

 

Sat significa “verdadero e inmutable” y Sang significa “unión”. Por lo tanto, la unión con lo que es puro e imperecedero es Satsang. En el plano material, significará entrar en contacto con el hombre. En ausencia de este contacto con el Maestro, el estudio de la literatura del Sant Mat puede llamarse también Satsang, porque también induce a entrar dentro de uno mismo. De ahí que el estudio de los escritos de los Santos sea Satsang. La compañía de un Santo es Satsang; escuchar sus discursos es Satsang. Entrar en el interior de uno mismo y ponerse en contacto con la Corriente del Sonido es Satsang y la unión del alma con Sat Nam es Satsang, todo lo cual se expone claramente en este libro.

 

A esta trinidad en Sant Mat se llama técnicamente:

 

                         Sat guru — Maestro que vive actualmente.

                         Satsang — Su compañía y

                         Sat nam — El verdadero Nombre (Shabd o Bani Celeste)

 

 

Siempre que aparezca el deseo de desarrollar un despertar espiritual para lograr una meta, debemos rendirnos al mismo.

 

El hecho más importante que diferencia a esta disciplina, a este yoga, de todos los demás que se conocen, es darse cuenta de la realidad de Dios mientras vivimos en este mundo.

 

El Dr. Johnson dice: “Todos los esfuerzos y las esperanzas se concentran en estas tres cosas: a) El conocimiento de sí mismo; b) El conocimiento de Dios; c) Entrar al Reino de los Cielos, en esta vida o en la siguiente”.

 

“Solamente en este libro se muestra cómo hacerlo, en esta vida, aquí y ahora”, y “es la primera tentativa en toda la historia por ofrecer esta ciencia a occidente, a través de una mente occidental”, continúa el Dr. Johnson.

 

Al escribir estas líneas nos sentimos hondamente afligidos al pensar en el autor, fallecido recientemente mientras preparaba esta publicación y dejándonos la ardua responsabilidad de corregir las pruebas de este libro, en el cual había trabajado con tanto amor y entusiasmo.

 

Pero nuestra promesa de modesta colaboración no había sido hecha en vano. Esta tarea no fue aceptada ciegamente, sino como consecuencia de un compromiso espontáneo para satisfacer el “raciocinio de nuestra razón”. Primero leímos con deleite e interés su trabajo en el que describe su encuentro con el Maestro vivo. Luego, su autobiografía y, finalmente, después de abundante correspondencia mutua, pudimos conocerle personalmente y discutir cada una de las posibles cuestiones concernientes a la sustancia misma de este trabajo.

 

Lo que más nos interesa es que el autor era occidental. Aún más, norteamericano. No un soñador, sino un hombre práctico que había sido ordenado ministro Bautista y había predicado el Evangelio durante muchos años. Después fue a la India como misionero. ¡Oh, qué ironía! ¡Traer a los hindúes la revelación espiritual de occidente! Él, que había ido a enseñar, aprendió con asombro cuánta era su ignorancia y pronto quedó abrumado, al constatar lo limitado de las enseñanzas que había recibido, en relación con las incomparables riquezas de la India con respecto a las materias espirituales y filosóficas.

 

El Dr. Johnson no pudo soportar ya enseñar y predicar a aquéllos para con quienes él se sentía cada vez más alumno que profesor, así es que decidió regresar a América. Pero pronto la estrechez mental de sus correligionarios le obligó a alejarse de esa atmósfera limitada e intolerante. Después, siguió un curso de postgrado en teología en la universidad de Chicago y quedó hondamente impresionado con la amplitud de miras y el espíritu de sus profesores. Sin embargo, su mente se ocupaba cada más de las cosas de que carecía y su sensación de vacío espiritual llegó a ser tan penetrante que dejó su carrera teológica para comenzar a estudiar medicina, logrando un brillante éxito. Se estableció entonces como cirujano y llegó a ser tan hábil que pronto contó con una numerosa clientela y un hospital, donde operaba continuamente. Tenía automóviles y hasta aeroplanos de su propiedad. Fue uno de los primeros pilotos aficionados Americanos.

 

Cuanto antecede tiene por objeto satisfacer a los críticos y mostrar cuán plenamente estaba capacitado en diversos terrenos prácticos, poseyendo además una amplia cultura general.

 

A pesar de ello, su trabajo no le satisfacía, porque sentía la inutilidad de su vida súper activa que, sin embargo, estaba desprovista de un propósito. Su preocupación constante era descubrir, a cualquier precio, una dirección espiritual definida y, sobre todo, a un Maestro vivo que pudiera conducirle a ella.

 

Un día descubrió al Maestro que podía revelarle lo que ahora expone en estas memorables páginas. Dejó todo lo que poseía, -aeroplanos, automóviles, su casa, el hospital, propiedades, pacientes, todas las comodidades materiales adquiridas con tanto trabajo-, y volvió una vez más a la India, pero esta vez como un humilde discípulo.

 

Escribir un libro es contarse a uno mismo sus propios secretos, pero, a través del mismo, el lector debe sentir que está descubriendo los suyos. Éste es el deseo del autor.

 

En un primer volumen (“Con un Gran Maestro en la India”, J. Johnson, Delhi 1934.”), el Dr. Johnson describió sus impresiones, después de pasar dieciséis meses “a los pies del Maestro”. A continuación se instaló en la India, esta vez no para enseñar, sino para aprender.

 

El Dr. Johnson, el ministro que predicaba, el médico en jefe de un hospital y de todo el personal al que daba órdenes, se convirtió en un humilde adepto, liberado de toda la carga del pasado, para poder adquirir “la sabiduría”. Allí sus hermanos hindúes, enfermos o lisiados, se beneficiaron de sus acertados cuidados profesionales. Operaba y daba tratamiento sin recibir ninguna remuneración y allí, en la rivera del río Beas, a los pies del Maestro, escribió este trabajo que, hoy en día, constituye su legado espiritual, el primero en su clase que se revela a occidente.

 

Durante nuestra estancia en la India tuvimos el privilegio de discutir con él, personalmente, todos los asuntos de que trata este volumen y rendimos homenaje de honda gratitud a sus desinteresados esfuerzos, desprovistos de egoísmo, a su perfecta integridad, rectitud y probidad, a su tolerancia e incansable bondad. El Dr. Johnson fue un erudito, tanto en filosofía como en literatura; también era un hombre entrenado en las disciplinas científicas, don éste tan apreciado por todas las mentalidades occidentales.

 

Nos acogió con los brazos abiertos, no para recibir, sino para dar. Su cálida, benevolente y generosísima hospitalidad y el trato con el Maestro que descubrió en el Norte de la India, a orillas de este río sagrado, -desde donde se contempla el impresionante perfil de los Himalayas al salir el sol-, todo ello quedará en lo más profundo de nuestro corazón como la experiencia más conmovedora, feliz y dichosa.

 

“Dios habla al oído a todos los corazones, pero no todos los corazones le escuchan”. Sin embargo, el que busca encuentra, -tarde o temprano-, y a cada uno le es dado encontrar lo que se merece. El destino de todos los seres es germinar en la oscuridad, -como el germen de trigo- y morir en la luz; pero esa muerte, lejos de ser una aniquilación, es en realidad un “renacimiento”.

 

 

                           El Profeta expresó: Dios me dijo

                           Yo no vivo en las alturas ni en lo profundo.

                           Yo vivo en el corazón del devoto;

                           Si me deseas

                           Búscame en su corazón...

                           La mezquita está dentro de los Santos

                           Y ahí reside Dios, para homenaje de todos”.

                                                                                       — Maulana Rum

 

Aquel que Le ha encontrado ya no busca más. La incógnita está resuelta, el deseo desaparece. Está en paz. Habiéndose aproximado desde todas partes a lo que está absolutamente en todas partes, se integra en el todo.

                                                 —Brunton

 

Peregrino que caminas por el Sendero Místico, si buscas humilde y sinceramente, encontrarás en Sant Mat, -esa Voz del Silencio-, la solución al gran Enigma y la unión perfecta con el Ser Supremo de quien surgiste.

                                                Dr. Pierre Schmidt

 

Ginebra, Suiza

Octubre, 1939

 

 

 

Presentación breve del autor, la obra

y el contexto personal en el que fue escrita *

* (por: Hari Saran Dalam)

 

El Dr. Julian Johnson escribió El Sendero de los Maestros bajo instrucción y guía específicas de su Maestro, Maharaj Baba Sawan Singh Ji (1.848-1.958) Universalmente conocido como “Él Emperador Espiritual”, "El Santo mas Grande de este Siglo", para hacer llegar al mundo occidental (primera edición 1.939, Francia) las Sagradas Enseñanzas Eternamente Vigentes de los Maestros.

 

Sus declaraciones personales pueden parecer un tanto “fuertes” o “rudas” al lector, al buscador actual, al llamado “hombre moderno”, quizás mas "sensibilizado" ante las formas y el formalismo de las presentaciones y los hechos pero mas "aislado" de la sustancia, de lo real detrás de lo aparente, pero estas declaraciones, precisamente, nos servirán para evaluar, a la distancia, el “contexto personalísimo” en que él escribió este libro. Como sucede con todo autor honesto, su visión personal colorea la obra y si se desea ampliar mas en el porqué de su forma de decir las cosas, de expresar sus sentimientos, sus anteriores frustraciones (las que no fueron mas que un trampolín puesto por la Divina Providencia para permitirle el salto definitivo que le permitiese atisbar el verdadero camino en medio de la espesura de su terrible bosque personal e interno del momento), se debe profundizar en su vida intima, personal y profesional, religiosa, en su lucha por el conocimiento, por el Ascenso Espiritual, en sus creencias del “antes y después” y en esa, su Fe Firme, Consciente, bien Sedimentada, Inamovible, lograda en el lapso en que convivió y recibió de su Maestro Espiritual el Apoyo e Impulso Internos que el Maestro Sawan consideró conveniente y adecuado darle.

 

Pero no hay que extenderse o ahondar en su ámbito personal porque él mismo nos lo revela en esta obra.

 

Como era su costumbre, el Dr. Johnson se dedicó con corazón sincero, veraz, a su práctica espiritual durante algunos años bajo la guía y atención del Maestro Sawan.

 

ÉL mismo Maestro favoreció Internamente el que el deseara documentar lo visto y aprendido en ese periodo de permanencia a sus Santos Pies, facilitando por medio de la palabra impresa la transmisión de las Sagradas Enseñanzas del Sendero de los Maestros del Oriente al mundo Occidental, a la humanidad en general, de una forma dinámica, sencilla y moderna, al menos en lo que a la transmisión de la teoría se refiere. Este libro que ahora la Humanidad tiene la invaluable oportunidad de leer, “Él Sendero De Los Maestros”, es la consecuencia Interna/externa de esa convivencia pero lo mas Interno de ella solo lo entreverán, lo imaginarán, si acaso, pues es asunto Netamente Espiritual, privado, entre Maestro y Discípulo, entre la Divinidad y su Devoto.

 

Si Uds. encuentran algunos capítulos de este libro muy “fuerte” o "sin tacto", no debe olvidar las circunstancias personales de la vida del Dr. Johnson, el contexto en que fue escrito el libro y que aparte de esto, el decía de sí mismo:  “no tengo tacto, no soy ortodoxo… ni nunca lo fui”.

 

No tuvo miedo el Dr. Johnson para plasmar sus palabras, pensamientos y sentimientos personales por escrito, aunque en ellos se notase cierta molestia o reclamos hacia grupos o personas, aún sabiendo que esto le generaría ciertas criticas a sí mismo y a la obra, pero se cuidó Espiritualmente al diferenciar claramente Las Sagradas Enseñanzas de su Maestro de sus opiniones personales, cosa que se nota también fácilmente en el Libro. Por eso se dice “Toda Gloria, todo Crédito para el Maestro. La Critica sea solo para el imperfecto Discípulo”.

 

Muchos Discípulos, temerosos de que esas opiniones “sin tacto” puedan ensombrecer  la Gloria sin par del Maestro Sawan, han escrito interesantes y muy esclarecedores prólogos a lo largo de los años a las sucesivas y exitosas ediciones (mismas que llegan a un publico sediento de Espiritualidad Verdadera) pero no es este mi objetivo aquí, sino mas bien no perder esta Dorada Oportunidad de RENDIR TRIBUTO al Maestro SAWAN y a todas las Grandes Almas, los Grandes y Elevados y Verdaderos Santos Maestros, a quienes ÉL mismo haya decidido iluminar, aún sin hacérnoslo saber, sin que les conozcamos, sin que sus vidas sean publicas y notorias, para alivio de la Sed de esta Humanidad Sufriente y así mismo, rindo Honor y Homenaje a su Sucesor Maharaj Sant Kirpal Singh Ji (1.894-1.974) y a su Discípulo Gurumut y Sucesor Espiritual Sant Ajaib Singh Ji,  “El León Maravilloso” (1.926-1.997) quien se ha reintegrado al Padre, y “se halla dando una vuelta por el Jardín del Universo, disfrutando su creación, permeándola toda”.

 

Así mismo, rindo aquí agradecimiento y reconocimiento al Dr. Johnson y a este “su libro” (escrito solo por la Gracia del Muy Bendito y Misericordioso Sawan),  pues fueron agua calmante de mi sed de siglos y sustancia nutricia (que detuvo mi agonía y muerte lenta) y fue única compañía en las largas noches de soledad y llanto y dolor hondo Esperando a ese Kirpal que me visitaba Internamente desde niño,  pero que aún no llegando físicamente siempre me protegió (y me protege) y me llevó a los Santos Pies de Fragante y Níveo Loto de Sant Ajaib Singh Ji, Su Discípulo Gurumut, quien siendo muy firme pero Amoroso y Compasivo con este pecador le rebautizó Internamente como “Hari” y derramó Misericordia, aceptándome en su Familia Espiritual, dándome cobijo y protección bajo su Manto de Luz….

 

De Uds.,

En su Santo Nombre: Hari Saran Dalam

Isla de Margarita, Venezuela, América del Sur. 10/2003.

 

 

Nota: Esta “Presentación Breve” NO forma parte del texto original ni del autor ni del editor del libro y por este motivo se destaca claramente este hecho y… Ha sido escrita por Hari Saran Dalam, a petición de algunos Discípulos, teniéndose quizás la sana intención de sintetizar otras presentaciones anteriores mucho mas abultadas y por lo tanto, “mas pesadas” para subir también a la Web. Esa es la razón y motivo principal por el que también se “suban” a la Web solo algunos capítulos considerados de "prioritario interés” para el buscador novato, aunque TODOS son importantes y forman parte de un sistema de Enseñanza Espiritual bien integrado y Armónico en su conjunto general pero que como sucede siempre con los Libros escritos y/o aprobados por los Grandes y Verdaderos Santos Maestros, cualquiera de sus capítulos es ya un Bálsamo que calma la mente y tranquiliza al desesperado, al extraviado y ya desalentado buscador, quien ve, ahora sí, "un camino claro entre la espesura de su Bosque personal" en esta vida. Hari.

 
 

 

 

 

 

ACTUALIZACIÓN DE DATOS AL 10/2003

 

 

Sant Ajaib Singh a dejado la vestidura corporal, reincorporándose al Padre en el mes de Julio del año 1997.

Actualmente la Labor de Iniciar a las Almas en esta Antigua Ciencia de la Espiritualidad , conocida como “Sant Mat”, “Sendero de los Maestros”, “Surat Shabda Yoga”, o “Yoga de la Corriente del Sonido” es llevada a cabo por Hari Saran Dalam  desde la Isla de Margarita, en Venezuela, cumpliendo así con el Mandato Interno del Maestro Sant Ajaib Singh, quien cuando le hicieron la siguiente pregunta:

“Maestro, ya has de tener preparado a alguien … Dinos donde está ese “Alguien”….. 

Sant Ajaib Singh simplemente sonrió y RESPONDIÓ

 

“MIRA A AMÉRICA…. MIRA A AMÉRICA”.

  NOTA: Esta pág. de “actualización de datos al 10/2003” no forma parte del texto original del editor ha sido subida a la Web con autorización de Hari Saran Dalam, como una forma de mantener informado al Sangat de los acontecimientos más recientes para que c/u, en uso de su Libre Albedrío y con pleno conocimiento de causa lleve sus peticiones Internamente ante el Altar, ante los Sagrados Pies de Loto de SanJí, quien Indicará Internamente hacia donde c/u debe dirigir sus pasos.

Todo esto, esta actitud, esta en concordancia con las palabras de Hari Saran Dalam, “El Maestro solicita al Dios Supremo y Misericordiosos que su Amor se encarne en otros Corazones Devotos, Humildes y Sinceros para que así como el mal arrecia en esta era del Kaly Yuga (edad del hierro), así mismo el Amor y Misericordia del Padre sean llevados oportunamente y en Abundancia a las almas Sedientas”

 

"Instrucciones del Maestro que nadie quiere tomar en cuenta o consideración"

 

 

 

La cuestión de que trata este libro es tan importante, de tanta trascendencia y tan revolucionaria, que la tarea de presentarla adecuadamente parece ser empresa superior a la capacidad de un hombre ordinario. El escritor es consciente de su absoluta falta de competencia, pero el mensaje de los Maestros tenía que ofrecerse al mundo en estos tiempos en nuestro idioma y no apareció nadie mejor calificado. Haber evadido la responsabilidad hubiera sido esquivar un deber evidente. Tras un cuidadoso estudio en íntima relación con el Maestro, además del largo tiempo compartido con sus avanzados y sabios discípulos, me fue asignado este deber por mutuo acuerdo.

 

Quiero dejar constancia de mi reconocimiento y gratitud a todas esas nobles almas que tanto me han ayudado y que han sido para mí, personalmente, una gran inspiración. Todas ellas reflejan la luz de los Maestros. Todas ellas van a formar esa gran galaxia de luminarias espirituales, que señala la senda estelar hacia los más altos mundos, más allá de todas las estrellas. Estos hombres no solamente son eruditos en la ciencia de este sendero, sino que están bien familiarizados con los diversos sistemas de religión y filosofía hindú; por lo tanto, están capacitados para hacer una inteligente discriminación entre todas ellas y ese Sendero de los Maestros. Ellos mismos han escogido este Sendero no ciegamente, sino bajo la plena luz del conocimiento. Este trabajo se ha llevado adelante con su colaboración, hasta terminarlo.

 

Debe decirse, tanto aquí como en el corazón del libro, que ésta no es otra faceta de la "filosofía hindú". Tampoco es Vedantismo. No es ninguna de las escuelas y cultos de la India. No es un culto. Ni siquiera una religión, en el sentido histórico de este término. ¿Qué es? Es un método científico de entrar en el Reino de los Cielos y percibirlo como real, mientras se vive aquí, dentro del cuerpo humano. Ése es el resumen y la sustancia de este libro. ¿Es pedir demasiado? No. Puede hacerse y este libro señala el camino. Es la Gran Labor de todos los Maestros y Santos de toda época. Por primera vez en la historia, en este libro se ofrece al mundo, en nuestro idioma, una completa exposición del Sendero científico de los maestros, relatada por un autor educado en una lengua de occidente. Por tanto, está escrito desde el punto de vista occidental. El Maestro desea ahora satisfacer la demanda de un número creciente de estudiantes, a quienes no satisface la religión formal y ceremonial. En esta era de logros científicos, el Maestro desea ofrecer el sistema espiritual del “conocimiento de sí mismo” y del “conocimiento de Dios”, que satisface cada una de las demandas de la ciencia. Por primera vez se da al mundo occidental un método o ciencia definido, mostrando al alma que aspira y anhela conocerlo, cómo entrar y poseer ese Reino de los Cielos del que hablan todos los profetas y todas las religiones. Muchos libros hacen alusiones veladas, pero no describen ningún método definido por el cual pueda uno elevarse hasta los cielos superiores durante esta vida. La mayoría de ellos no puede hacerlo, puesto que no poseen ni el conocimiento ni el método. Solamente los Maestros lo tienen y ésta es la primera vez que sentían que el tiempo ya había madurado para una distribución generalizada de esta parte tan amplia de su ciencia.

 

Durante siglos se les ha dicho a los hombres que son templos de Dios, pero no se les ha enseñado exactamente cómo entrar en esos templos y encontrar a Dios en ellos. Este sistema ofrece el método. Da la llave de ese templo. Invita al estudioso a abrir la puerta y a entrar. Desde que los hombres empezaron a especular sobre lo que había más allá de la muerte, la humanidad se ha detenido silenciosa ante las tumbas de sus seres queridos, estremeciéndose ante la “oscura incógnita”. Pero para los Maestros y sus discípulos no hay “oscura incógnita”. Saben lo que viene después de la muerte, como conocen cualquier otro hecho ordinario de esta vida. ¿Cómo? Debido a que el Maestro y sus discípulos avanzados pueden pasar a voluntad por las puertas de la muerte, para ver lo que allí hay, y luego volver a la vida normal, en cualquier momento y tan a menudo como lo deseen. De esta manera, han conquistado al último enemigo mientras viven en el cuerpo.

 

Desde que los hombres comenzaron a pensar y reflexionar sobre la condición humana, se han dejado llevar por la corriente, víctimas impotentes de miles de males, guiados por fuerzas aparentemente ciegas, obstruidos y hostigados a cada paso, heridos y sangrando, con el corazón enfermo y fatigado. Y era muy poco lo que podían hacer para cambiar la situación. ¿Quién no se ha dado cuenta de su incapacidad para enfrentarse a los miles de enemigos que le acechan constantemente en su camino? Pero los Maestros y sus discípulos no están tan desvalidos. No son paja arrastrada por el viento. Un Maestro es auténticamente un Maestro. Controla la vida y la muerte y sostiene las fuerzas de la naturaleza y las dirige con su mano, como un mecánico maneja su máquina. Para los Maestros la vida no tiene problemas sin solución. La muerte no les aterroriza. Para ellos el futuro es un libro abierto. El júbilo está con ellos durante todo el día, como un dulce repicar de campanas. Puesto que todo el mundo anda en busca de la felicidad, aquí está el Camino Real hacia ella. Es el Camino Real de los Maestros.

 

Este libro no es una enciclopedia de "filosofía Oriental". Por consiguiente, se ofrecen solo unas cuantas citas de libros sagrados o de las llamadas "autoridades". Si el lector siente alguna obligación de aceptar a esas “autoridades”, no necesitará de este libro. Se da un corto resumen de las diferentes religiones, en sentido comparativo. Se expresan las mejores características de cada religión o sistema y además se ha hecho un esfuerzo para mostrar exactamente dónde y cómo la ciencia de los Maestros las trasciende a todas y logra algo que ningún otro sistema consigue. A cada filosofía o religión se le reconoce el mérito de llenar un vacío en el día y en el país en donde y cómo evolucionó. Cada religión sigue su curso y luego se torna obsoleta. La dificultad ha estado siempre en que ninguna religión reconoce voluntariamente el hecho de su propia obsolencía. Solamente los preceptos morales de todas las religiones, (que son esencialmente los mismos en todas ellas), permanecen como verdad universal. Aun éstos están sujetos a cambios considerables, conforme pasa el tiempo. Pero, más allá de todas ellas, la ciencia de los Maestros resalta como el majestuoso pico del Everest, desafiando las tormentas de los siglos. Y es así porque la ciencia de los Maestros es una ciencia universal. No está limitada a ningún país ni tiempo. Tampoco se circunscribe a una cierta clase de personas, sino a toda la humanidad.

 

Estos son algunos de los hechos que trata de dilucidar este libro. No creemos que se requiera ninguna justificación por la manera de exponer esta ciencia. Los hechos demostrados de cualquier ciencia pueden ser expuestos en lenguaje positivo. Aun cuando la afirmación puede parecer dogmática, en realidad no es así. Dogma es la declaración de una opinión que el escritor presupone como un hecho, pero respecto del cual no tiene conocimiento definitivo.

Pero si un hombre asegura, con Pitágoras, que “en un triángulo rectángulo, el ángulo opuesto a la hipotenusa es igual a la suma de los ángulos complementarios”, no está exponiendo un dogma, sino afirmando una verdad que cualquier matemático puede demostrar por sí mismo. El caso es similar a las verdades facilitadas por los Maestros. Lo dicen porque lo saben y porque ellos mismos han demostrado cuanto enseñan. Si entregamos al mundo en este libro algunos de los descubrimientos de los Maestros, no estamos ofreciendo una opinión, ni dogmas ni teorías, y por ello debemos formular algunas afirmaciones que, superficialmente, pueden parecer dogmáticas. En ningún caso se expone solo la opinión del autor, salvo cuando está claramente indicado que es así. El conjunto de esta enseñanza se da a conocer como descubrimientos de los grandes Maestros, encareciéndole al lector que se remita a los escritos de éstos para la verificación de cuanto aquí se publica. Dichos escritos están en su mayoría en hindi y en sánscrito, pero  pueden  consultarse. Asimismo,  hay  al menos un Maestro vivo en la actualidad  (*Actualización: Maestro Sawan Singh 1.858-1948), de carne y hueso, a cuyos pies ha tenido este escritor el privilegio inestimable de sentarse como humilde discípulo en el pasado, durante muchos años. Algunos de nosotros creemos que es el más grande de todos los Maestros conocidos en la historia y, para dar esta opinión, disponemos de lo que nos parece buena y suficiente evidencia. Sin embargo, es una simple opinión, puesto que no hemos visto personalmente a todos los grandes Maestros de la historia. Sea como fuere, es un ejemplo vivo de cuanto se enseña en este libro. Habla revestido de autoridad con respecto a todo ello, y no como los pundits. No se trata tan solo de que haya leído libros, sino que lo ha experimentado en su propia vida y conoce su realidad.

 

Podemos referirnos a los grandes Maestros del pasado como Shams-i-Tabriz y Maulana Rum de Persia y, en tiempos más recientes, Kabir Sahib, Tulsi Das, Guru Nanak y sus nueve sucesores y, más recientes aún, Soami Ji, Baba Jaimal Singh  y *Sawan Singh Maharaj, de Beas, que es el Maestro actualmente vivo (*para el momento de escribir este libro, en 1.938).

 

Pueden mencionarse muchos otros esparcidos a lo largo de la historia, pero sus nombres no serían conocidos por muchos de los lectores de este libro, así es que no conllevarían carga de autoridad. Por supuesto que muchos estudiosos preguntarán: “(¿Y Buda y Mahoma? ¿Y Zaratustra y Jesucristo? ¿Fueron Maestros de la más alta jerarquía?” Felizmente, no nos corresponde emitir un juicio sobre su grado de maestría. Sin embargo, aceptémoslos como Maestros y démosles amor y honor. Hubiera sido una dicha conocerles. No es poca suerte conocer a cualquier persona espiritual, aun en el grado de yogui.

 

Personalmente, agradezco tanto el privilegio de relacionarme hasta con un discípulo del Gran Maestro, que estaría deseoso de ser sirviente suyo si se presentara la ocasión. Y es así porque tengo una ligera idea de lo que es un Maestro auténtico. Se cuenta una historia de Shiva, que ilustra muy bien este punto. Caminando a través de la jungla, se detuvo de pronto y, mientras contemplaba una gran piedra, comenzaron a rodar las lágrimas por sus mejillas. Cuando le preguntaron por qué lloraba, replicó: “Hace diez mil años se sentó sobre esta roca un verdadero Santo ¡y yo no estuve aquí para verlo!” Solamente aquéllos que hayan conocido a un Maestro pueden apreciar lo que es un Maestro. No hablemos nunca ligeramente de ningún Maestro Espiritual. Reverenciemos a toda alma avanzada del pasado o del presente. Démosles pleno honor, amor y alabanza. Son la sal de la tierra. Sus vidas irradian el dulce perfume que baja flotando a través de los siglos, para purificar el aire de la historia.

 

No obstante, hay un punto de vital importancia que jamás debe pasarse por alto cuando se hace referencia a los Maestros del pasado: el hecho de que el trabajo real del Maestro en este plano terrestre dura solamente el tiempo de su vida individual y termina al final de aquélla. El Maestro toma forma humana con objeto de realizar un trabajo especial, que no podría hacer sin ella. Siendo así, ¿cómo podría continuar ese mismo trabajo después de abandonar esa forma humana? Es de elemental sentido común. Ni siquiera el mismo Ser Supremo podría hacer el trabajo de un maestro en este plano, a menos que adoptara la forma humana. Y no se trata de que el Ser Supremo sea limitado, sino de que nosotros somos limitados. No podemos recibir lo que quiere ofrecemos, si no es a través del cuerpo humano.

 

Éste es una de los trágicos errores de la historia. Millones de personas se imaginan hoy en día qué son seguidores de algún Maestro muerto. Pero eso es completamente imposible. ¿Puede casarse y vivir una mujer con un hombre muerto? ¿Puede recetar medicamentos un médico muerto? ¿Puede un juez muerto decidir un caso legal? La relación entre Maestro y discípulo es personal. Incluye muchísimo más que unas cuantas instrucciones de un libro. Los hombres no necesitan instrucciones bajo una regla moral, sino la ayuda personal de un Maestro vivo.

 

Si alguien imagina que es discípulo de un Maestro ya muerto, simplemente se está engañando. Puede reverenciar la memoria de un Maestro o leer sus escritos. Puede sentir en su corazón amor y veneración hacia él. Puede estar dispuesto a dar su vida por el honor de su nombre. Pero nunca puede ser Iniciado de ese Maestro. Debe buscar un Maestro vivo si desea entrar en el Sendero de los Maestros, sin un Maestro Vivo nadie puede ir más allá de la influencia incierta de una religión ceremonial. Los beneficios de una religión así son problemáticos.

 

Son muchos los que insisten en que una religión es tan buena como cualquier otra y que un camino al cielo es tan bueno como otro. Hasta cierto punto tienen razón. Entre todas las religiones del mundo hay muy poco de lo que cualquiera de ellas pueda vanagloriarse que sea superior a las demás. Generalmente, cada uno se imagina que tiene razón y que todos los demás están en un error. Supongamos que todos los caminos llevaran al cielo, tan ciertamente como todos los caminos llevaban a Roma. Había solamente una Roma y, en cambio, hay muchos cielos. Enormes cantidades de ellos, uno sobre el otro, el superior más hermoso y más extenso que el que se halla debajo. Ahora bien, suponiendo que todos los caminos conduzcan al cielo más bajo, (todos los caminos que parten de este plano físico), eso no implica que todos los caminos conduzcan a las regiones más altas. Esos vastos cielos se extienden en la lejanía a inimaginables distancias. Los cielos superiores son conocidos únicamente por Maestros superiores. Los inferiores son conocidos por yoguis y maestros de grado inferior. En consecuencia, si el discípulo desea ir al más alto de ellos, debe buscar un Maestro verdadero para que le enseñe ese camino y para que le ayude a ir por ese Sendero.

 

Y ése es el punto esencial de la diferencia entre el Sendero de los Maestros y el de las restantes religiones y el de los llamados Maestros de grados inferiores. “El discípulo debe escoger a quién seguirá: al Maestro verdadero que va a las regiones más altas, o al yogui que va a las más bajas”. Porque es un hecho bien entendido por los ocultistas que nadie puede ir más arriba que su Maestro. Con la mayor satisfacción, podemos ofrecer en este libro algunos vislumbres del Sendero que conduce a los más altos logros.

 

Si se me pregunta cómo sabemos que este Sendero conduce a regiones más altas que las de cualquier otro sistema, contestaré que la evidencia está basada en la experiencia. No es una teoría o una creencia. Si esos diversos sistemas formulan sus pretensiones y un discípulo de los Maestros entra y atraviesa todas las regiones mencionadas por aquéllos y luego continúa hacia alguna otra región más alta, más allá de lo que nunca soñaron, ¿no es, suficiente evidencia? Por supuesto que no es posible presentar esta evidencia a los sentidos externos. Pero para aquel que se ha elevado, la evidencia es concluyente. El discípulo del Sendero Superior conoce, mientras los adeptos de otras escuelas, nunca habiéndose elevado, sólo adivinan.

 

Una dama preguntó una vez al Gran Maestro cómo sabía que no existía alguna religión o algún Sendero conducente a una región superior a las que él conocía, y le contestó: “Si alguien puede mostrarme un camino hacia algo superior a lo que conocen los Santos, le acompañaré con mucho gusto”.

 

Debo llamar aquí la atención sobre un punto que, más que ningún otro, distingue este sistema de los demás. Es tema básico y contenido vital de este libro: La Corriente Audible del Sonido. Es el hecho más importante de todo el universo y, sin embargo, no es bien conocido por ninguna de las religiones o los sistemas de pensamiento del mundo, con excepción del de los Maestros. No es fácil de explicar cómo ha aparecido en la historia este hecho asombroso. Sin este factor en religión y filosofía, el resto es comparativamente estéril e inútil. Plantear este hecho trascendente a la atención de los pensadores del mundo es el anuncio más importante y revolucionario que se ha hecho en la tierra en cien siglos. El hecho de que el Creador mismo pueda, en efecto, oírse a través del espacio, con vibraciones musicales de la más encantadora sonoridad, es un hecho de suprema importancia, muy especialmente cuando se sabe que, siguiendo esa cautivadora música, se puede ascender a extremas alturas de alcance espiritual. ¿Hay algo comparable con ello?

 

Esperamos que el lector conserve en su mente este asombroso hecho al estudiar este libro. Se trata de algo de supremo valor en su contenido, escrito para dar a conocer ese gran acontecimiento. Debe entenderse siempre y en todo lugar que sin esto, que es de suprema importancia, no hay filosofía o religión que tengan valor auténtico. Al propio tiempo, nadie debe alegar que se trata simplemente de una afirmación dogmática. No es así. Es un hecho que ha sido ampliamente comprobado por los Maestros. La tesis total de este libro intenta dilucidar esta gran verdad.

 

Queremos llamar la atención sobre el Capítulo Dos, en el cual se da una breve ojeada a las religiones del mundo. Dicho capítulo se hizo con la intención de atender las peticiones de ciertos estudiantes. Si estudiantes de distinto signo lo consideran innecesario o carente de importancia para sus estudios, pueden ignorarlo y pasar directamente a la sección que trata del puro Sant Mat, las Enseñanzas de los Maestros. Al menos pueden hacerlo así en una primera lectura y luego volver, si lo desean, a esta sección, que constituye un estudio comparativo. Sin embargo, es factible que esta sección sea de valor para todos los estudiantes que quieran realizar un estudio completo del sistema de los Maestros.

 

Se ha hecho un completo esfuerzo para que este libro sea lo más exacto posible, histórica y científicamente. Si el crítico encuentra demasiadas afirmaciones que enfaticen esta propuesta, espero que nos perdone. Se trata de un punto extremadamente importante. H.P. Blavatsky dijo una vez, hablando de sus Maestros orientales: “Nos enseñan que, combinando la ciencia con la realidad, la existencia de Dios y la inmortalidad del espíritu del hombre pueden demostrarse como se demuestra un problema de Euclides”. Y esto es literalmente cierto. Todos los seres humanos pueden aceptar la importancia de esta demostración, siempre y cuando ésta pueda hacerse y esto es exactamente lo que están haciendo de manera permanente, todo el tiempo, los Maestros y sus discípulos. Los Grandes Maestros del Oriente han estado revelando el sendero espiritual en términos científicos por miles de años y aun hoy los Maestros Vivientes demuestran su ciencia en India. El hecho de que la mayoría de la población de la India está en la actualidad en un estado de regresión no tiene nada que ver con el hecho histórico que se acaba de mencionar.

 

En este volumen han sido omitidas muchas cuestiones íntimas, destinadas únicamente a los discípulos y que solamente los iniciados encontrarían de valor, y no porque los Maestros rehúsen entregar algo valioso a un estudiante sincero, sino porque algunas de ellas carecerían de utilidad para los no iniciados y podrían dar lugar a confusiones y malentendidos. Por eso se omiten. Hasta convertirse en iniciado y comenzar a caminar por el Sendero, hay muchas cosas que parecerían tan asombrosas y revolucionarias, tan distintas a lo que se ha acostumbrado la gente occidental a considerar como verdades establecidas en sicología y religión, que se dejarían de lado como increíbles. Pero, una vez que se ha caminado un cierto trecho por el Sendero de los Maestros, se aceptan con gran alegría, porque se tiene prueba positiva de ellas y puede apreciarse su razón de ser y su gran belleza. Un niño no puede recibir los fuertes alimentos que come un labrador adulto; tampoco puede subirse a un avión un hombre que jamás haya despegado del suelo y conducirlo por el cielo con seguridad y precisión. Filosofía y religión deben llegar al receptor en dosis pequeñas, en las dosis que pueda asimilar.

 

Si los científicos modernos objetan que intentamos extender el campo de la ciencia más allá de donde le corresponde legítimamente, deben recordar que la ciencia ha ido ampliando sus límites durante siglos, ensanchando sus campos de acción. ¿Por qué tendríamos que tratar de limitarla nunca? Tendríamos que negar la posibilidad de obtener conocimiento exacto con respecto al alma y la vida después de la muerte. ¿Por qué habríamos de obstaculizar así nuestras investigaciones? Hacerlo no forma parte de la sabiduría. Hay que dejar en libertad a la ciencia. Ya ha tenido que luchar contra el clero durante siglos para ganar la libertad de que goza actualmente. ¿Será ahora la misma ciencia quien se ponga en contra e intente circunscribir sus propias actividades? ¿Tratará de desviar sus propias investigaciones? No puede ser así.

 

Sir Arthur Eddington dijo: “No estoy seguro de que el matemático entienda este mundo nuestro mejor que el poeta o el místico”. La ciencia no debe jamás volverse presuntuosa. ¿Por qué no se puede tratar del cielo y del infierno en términos matemáticos? Sir James Jeans admite, en su “Universo Misterioso”, que la ciencia no está aún en contacto con la realidad última. Y el profesor Max MuIler dijo: “Quiénes son los ciegos? ¡Aquéllos que no ven los mundos interiores!”. Algunos van más lejos y afirman que la realidad última está más allá de las posibilidades del hombre, pero es una suposición atrevida e impropia de un científico, en estos días de logros extraordinarios. Por consiguiente, es meta y propósito de este libro coger de la mano a la ciencia y adentrarla en la realidad última. ¿Suena a presunción? No lo es. Hoy en día existen, no solo uno, sino muchos hombres que están en contacto con la Realidad Última.

 

Un místico vivo dice: “La verdadera religión consiste en desarrollar esa actitud mental que da por resultado final la visión de una existencia infinita, prevaleciendo a través del universo, con el encuentro de la divinidad misma, tanto en el arte como en la ciencia”. Éste es el ideal supremo de la ciencia. ¿Por qué limitar a la ciencia a una probeta y un microscopio? La verdadera ciencia encuentra su dominio fundamental en esos mundos más hermosos y amplios, donde solo pueden acceder la mente y el alma tras haber sido purificados de la escoria de lo material.

 

Ouspenski ha escrito un libro en el que intenta colocar, junto a los descubrimientos científicos, muchas realidades espirituales, proponiéndose mostrar así su relación mutua. Que hay una definida correspondencia entre lo espiritual y lo material, que debe comprenderse, como premisa fundamental de toda investigación. Es cuestionable el éxito que haya acompañado a Ouspenski, pero la idea es noble. Podría haber hecho mucho más si hubiera tenido en cuenta los conocimientos de los Maestros con respecto a las realidades espirituales. Era un noble científico, pero tuvo que reconocer que, tras sus más diligentes exploraciones en los diversos campos de la ciencia, se encontraba con una pared en blanco. Su “Un Nuevo Modelo del Universo” es simplemente otro intento de explicar lo que ignoran por completo los mismos que lo suscriben. Algunos son adivinos más perspicaces que otros.

 

El hombre empieza a saber solo cuando comienza a elevarse por encima del mundo de los sentidos. El “Tertium Organum” de Ouspenski presume de ser una “Llave de los Enigmas del Universo”, pero el que esté en posesión de la sabiduría de los Maestros tiene, de hecho, esa llave. No dudéis que exista esa llave. Cada uno de los Maestros la tiene y la ofrece sin dinero y sin precio a cualquier estudiante sincero. La ciencia de los Maestros es el único sistema en el mundo que ofrece una definida y científica antroposofía. Rudolf Steiner hizo un noble esfuerzo por descubrir dicha ciencia. Tenía algo de luz, pero es una lástima que careciera de la visión clara de un maestro auténtico. Agradezcamos y bendigamos su memoria, no obstante, por la buena labor que llevó a cabo al llamar la atención del mundo hacia algunas de las más altas verdades. Indudablemente, hizo mucho al preparar el camino para una ciencia más noble.

 

Cualquier doctrina que pretenda alcanzar un firme sostén en el pensamiento de la humanidad o mover sus vidas hasta cierto punto, no debe limitarse a apelar a las emociones, sino también llevar consigo una elevación espiritual que cambie la vida de sus defensores. Ésta es la gran debilidad de las religiones predominantes. Sus mentores no muestran en sus vidas ninguna superioridad sobre su prójimo, sobre aquéllos que no aceptan esa religión. Aún más, la doctrina que pretenda asentarse en la vida interior de las personas debe tener también un atractivo definitivo para el intelecto. Ya pasaron los días en que los pensadores aceptaban cualquier cosa bajo la autoridad de un sacerdote o de un libro. Debe satisfacerse la inteligencia racional. Y ésta es la más fuerte atracción que presenta la Ciencia de los Maestros a toda la humanidad en general. Es racional y científica.

 

Por último, permítasenos decir que, si los impulsos del lector son suficientemente altruistas y desea, sobre todo, servir a la humanidad, especialmente a aquéllos a los que ama, no puede seguir un curso más sabio que graduarse como maestro-científico en este Sendero. No importa que le cueste cinco, diez o veinte años. Valdrá la pena. Realmente ahorrará tiempo, porque el que está bien preparado en esta ciencia maestra puede hacer más por la humanidad, en un día, que lo que de otro modo podría realizar en veinte años como hombre ordinario. Por tanto, con gran esperanza y certidumbre, lanzamos este volumen a su misión de amor.

 

El Maestro, la Corriente Audible del Sonido y la Liberación Espiritual en esta vida: he aquí los tres puntos que constituyen la esencia de este libro.

 

Este libro es una exposición precisa de Sant Mat, las enseñanzas de los grandes Maestros espirituales. Tras vivir con un Maestro así durante casi siete años, el autor ofrece una semblanza del Surat Shabd Yoga, el Yoga de la Corriente Audible de la Vida, que es el sistema científico a través del que alcanzan los Maestros el mas alto grado de desarrollo espiritual.