APEGO

abía  una  vez  un  seguidor  del  Gurú  Nanak  que sentía mucho

 apego por su familia. El Gurú Nanak solía ir a su casa y le decía:

- Amado, tienes que terminar el dar y recibir con tu familia, pero al mismo tiempo  debes  hacer  tu  Bhajan  y  Simran.   Haz  tu meditación y préstale atención  a  tu  propia  alma.

Aquel amado contestaba:

- Maestro,  como  tú sabes todavía tengo hijos pequeños.  Dejaré  que crezcan  un  poco  más  y  entonces  haré la devoción.

El  sentía  mucho  apego  por  su  familia,  y  también  por las vacas y demás   animales  que  había  en  la  casa.   Cuando   abandonó  el  cuerpo humano, no había hecho Bhajan ni Simran y debido a ese apego, regresó a la  misma  familia  en  el  cuerpo  de  un  buey.

El  Gurú  Nanak  Sahib   seguía  preocupado  por  él  y como deseaba liberarlo  fue  de nuevo  a  aquella casa. En esa ocasión, viajo acompañado de Mardana, uno de sus discípulos más fieles,  y  sabiendo que esa alma le pertenecía,  le  dijo  a  aquel  buey:

- Al menos ahora debes hacerme caso.  Dirige  tu atención hacia mí y de  esa  manera  te  liberarás.

Aquel amado contestó:

- Maestro, Tú sabes que si dejo el mundo ahora, que si Tú me liberas de este cuerpo,  eso  supondrá  una gran pérdida para mi familia.   El  otro buey que hala conmigo el arado no es muy fuerte, de manera que yo tengo que  hacer  el  doble  de  trabajo.   Si  escucho  tus  palabras  y  obtengo la liberación, de inmediato dejaré este cuerpo, entonces ellos me  perderán  y tendrán  que  gastar  mil  rupias  para  comprar  otro buey.   Yo  no  puedo causarle esta pérdida a mis hijos; por favor, déjame  seguir  aquí  haciendo mi  trabajo.

Pasado   cierto  tiempo,  el  discípulo  también  dejó  aquel  cuerpo  y regresó a la misma casa en el cuerpo de un perro.  No  dormía  en  toda  la noche,  vigilaba la casa y la mantenía  a  salvo  de  los  ladrones;   todo  lo  hacía  debido al apego que sentía por la familia y por la riqueza de aquella casa.

Cuando  el  Gurú Nanak Sahib  vio  el  estado  en  que se encontraba, nuevamente sintió misericordia por él y dijo:

- Tengo que  ir  a  hablar  con  él,  debo  prepararlo para que  deje  el cuerpo animal y haga la devoción, de modo que pueda liberarse y regresar al Verdadero Hogar.

El Gurú Nanak Sahib fue una vez más a aquella casa con  Mardana  y le dijo:

- Amado, ahora ya no tienes que preocuparte por el arado.

Has  venido  en  un  cuerpo  inferior,  en  el  cuerpo de este perro.  Al menos   ahora   deberías   hacer  algo  respecto  a  la  devoción  del  Señor, deberías hacerme caso para que puedas liberarte.

El contestó:

- Maestro,  Tú sabes que mis hijos, mis yernos y mis nueras duermen toda la noche y son muy descuidados, no saben cómo proteger su riqueza. Si  yo  no  estoy  aquí,  vendrán  los  ladrones  a  llevarse  toda  la riqueza acumulada, luego es mejor que me quede vigilando la casa.

Y  el  Gurú Nanak Sahib  lo  dejó  en  esa  condición,   ya  que  vivía contento en aquel cuerpo.

Al  cabo  del  tiempo  dejó  ese cuerpo y regresó al mismo lugar en el cuerpo de una serpiente.  Un  día  sucedió  que  todos salieron de la casa y dejaron solo a un bebé. Mientras estaban ausentes, el bebé empezó a llorar y el anciano discípulo, ahora en el cuerpo de la serpiente,  sintió deseos de acercarse al bebé para acariciarlo y cuidar de él.  Se olvidó del cuerpo que ahora ocupaba y  empezó  a  jugar  con el niño.   En  ese  momento  todos regresaron  a  casa  y  se  asustaron al ver una serpiente tan cerca del bebé. Pensaron  que  si  hubieran  llegado  un  poco más tarde habría matado  al  bebé y en seguida dieron muerte a la serpiente.

Pero,  debido  al  apego que aun sentía por ese hogar, aquel discípulo regresó en el cuerpo de un animalito,  una especie de insecto que nació en el agua sucia de la casa.  En  el  momento  que  ingresó  a aquel cuerpo, el Gurú Nanak Sahib  se  encontraba  en  Lahore,  sentado  con  otro  de  sus discípulos. De repente, sin motivo alguno, el Gurú Nanak Sahib empezó a reírse. Los amados que estaban con él le preguntaron:

- Maestro, cuál es el secreto de tu risa?

El contestó a sus discípulos Bala y Mardana:

- Amados,  recuerdan  a aquel amado que vivía en Sialkot? Ahora ha regresado en un cuerpo muy inferior,  y todavía  se niega a salir de la casa en la que alguna vez nació como ser humano.

Como el Gurú Nanak Sahib quería liberarlo, de inmediato partió con sus discípulos hacia Sialkot.  Le  pidió a Mardana que introdujera la mano en el agua sucia y sacara a aquella criatura.  Cuando  el insecto estuvo a la vista, el Gurú Nanak Sahib  lo  roció  con  un  poco  de agua y en seguida, hizo que abandonara ese cuerpo y liberó su alma.

            Fin.

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