LA MAYOR COMPASIÓN

  abía una vez un mercader que concurría regularmente al Satsang. El atendía a sus devociones con tanta regularidad que en una ocasión, que por razones ineludibles no pudo asistir al Satsang, envió un hijo suyo en su lugar.
El hijo nunca había asistido al Satsang, ni sabía nada sobre eso; pero una vez allí escuchó estas palabras:
“Siempre debemos tener compasión por los pobres y por las vacas -por que éstos se consideran animales sagrados- y aún más debemos darle buen trato a los Santos.
Al día siguiente, mientras se encontraba sentado en su almacén, el joven notó que una vaca se comía el grano. Pero no la detuvo, sino que pensó:

Cuando llegó el padre y notó que su hijo miraba a la vaca sin sacarla de allí se enfureció y le dijo:  

-Estas ciego? No ves que esa vaca se está comiendo nuestros víveres y tú allí sin hacer nada?- El hijo replicó:  
-Padre, ayer en el Satsang escuché que siempre deberíamos sentir compasión por las vacas y por la gente pobre. Si ella se come algo de lo nuestro en qué nos puede afectar esto? Tenemos mucho dinero y si le damos de comer algo a esta vaca no nos vamos a volver pobres-. El padre se enfureció aún más con su hijo y dijo:
-Si yo hubiera puesto en práctica todo lo que he oído en los Satsang estaría en la miseria-! Y en medio de la ira añadió:
-Vete de mi casa! Tú no eres un buen hijo-.Y entonces el hijo se marchó.

Cuando se alejaba de la aldea, el joven alcanzó a ver una culebra que estaba tratando de comerse una rana mientras la rana se esforzaba por escapar de la culebra puesto que no deseaba morir.

Al ver la rana en peligro el hijo del mercader la ayudó a escapar.

Pero la culebra llevaba muchos días sin comer y cuando el joven se dio cuenta de esto y de que no había nada más excepto la rana, que para entonces ya se había marchado, el joven cortó una rebanada de carne de su propio cuerpo y se la dio a la culebra para que esta calmara el hambre.

Sentía un dolor intenso pero continuó su camino y después de un tiempo, vio acercarse a una anciana que venía con un niño pequeño, llevando una pesada carga sobre su cabeza. Cuando se encontraron, ella se dirigió al hijo del mercader:
-Querido hijo, por favor ayúdame a llevar esta carga por que me siento muy vieja y cansada. Yo te agradecería mucho que me la llevaras.
El joven aquel era muy amoroso y bondadoso con todo el mundo, primero con la vaca, luego con la rana, y luego a expensas de su propio cuerpo, con la culebra. Entonces, en aquel momento también demostró su bondad y a pesar de sentir tanto dolor, tomó la carga de la anciana.
  Después de caminar juntos por un tiempo, vieron aproximarse a un hombre que traía consigo un caballo. La anciana le dijo:

-Querido hijo, yo tengo algún dinero que podrás utilizar para comprar ese caballo y así todos podremos irnos montados hasta el lugar de nuestro destino.

El joven compró ese caballo con el dinero de la anciana y todos se montaron en él. Al cabo del tiempo llegaron a una ciudad, pasaron una noche allí y la anciana dijo:

-Yo todavía tengo dinero que puedes utilizar en comprar alimento para abrir un negocio.

Con aquel dinero, el joven abrió su negocio. Tiempo después obtuvo un buen puesto en la corte del rey.

Aquel rey poseía un anillo mágico, que alguien le había regalado y con el cual él podía gozar de la compañía de las hadas en el cielo.
En una ocasión, sucedió que mientras se bañaba en una piscina, perdió el anillo e hizo saber que si alguien le ayudaba a recuperarlo, él le daría todo lo que pidiese.

Entonces el niño aquel que estaba con la anciana dijo:

-Bien, ahora yo haré algo por ti-. Se sumergió en la piscina e inmediatamente encontró el anillo y cuando se lo entregó al rey, éste dijo:

-Bueno, ahora puedes pedir lo que desees-. Entonces el muchacho contestó:

-Yo no deseo nada para mí, pero solicito que tu hija se case con éste, quien es mi hermano mayor y que lo hagas tu heredero.

-El rey aceptó y casó a su hija con el hijo del mercader.

Para entonces el hijo del mercader quedó muy bien organizado y al cabo del tiempo llegó a ser rey.
Algún tiempo después la anciana, el caballo y el niño se dispusieron a regresar todos a su lugar de origen.
Así pues, el joven convertido en rey, salió a acompañarlos y después de caminar un rato, el niño quiso marcharse. Pero antes de alejarse le preguntó al hijo del mercader:

-No me reconoces-? Este contesto:  

-No, no te reconozco-. Entonces el niño dijo:  
-Yo soy la rana que tu salvaste de la culebra y como aquella vez salvaste mi vida, regresé como un niño a ayudarte para saldar así ese buen karma-. Dicho esto desapareció.

El hijo del mercader siguió su camino con la anciana y el caballo; poco después el caballo deseaba partir y entonces dijo:

-Creo que tú tampoco me has reconocido-. El joven estuvo de acuerdo:  
-No, no te reconozco-. El caballo añadió:  
Yo soy la culebra aquella a quien diste de comer de tu carne; y ya que esa vez saciaste mi hambre, me convertí en caballo para saldar esa deuda y sólo con mi ayuda pudiste llegar a la ciudad; tan sólo por haber llegado a la ciudad te convertiste en rey. Te he pagado todo lo que hiciste en mi favor, y ahora también me marcho-Dicho esto desapareció.

Ahora el joven caminaba con la anciana y un poco más adelante ella dijo:

-Bien querido hijo, yo también me voy. Pero estoy muy sorprendida que a pesar de vivir contigo por tanto tiempo, tú aún no me has reconocido. Pero te lo diré: Yo soy la vaca, aquella que no quisiste ahuyentar de tu tienda cuando se comía tus víveres y debido a tu bondad, nací para recompensarte. Tenía que pagarte. Por eso vine en la forma de una anciana y te facilité el dinero con el cual, como resultado te convertiste en rey. Antes de marcharse volvió a decir:  
“Tú fuiste muy bondadoso conmigo debido a que actuaste conforme a lo que escuchaste en el Satsang. Ya que obedeciste una frase del Satsang te has convertido en un rey después de haber sido sencillamente el hijo de un mercader.

Pues bien, si asistes al Satsang con regularidad y moldeas tu vida según lo que allí se enseña podrás progresar aún más, y lograr la verdadera felicidad junto con el nombre y la fama.

Mantén la compañía de los santos y esfuérzate por meditar en el Shabda Naam, así podrás lograr la liberación de este mundo. Habiéndole dado este consejo, ella también desapareció.  
El significado de esta historia es el siguiente:  
“En este mundo hay muchas maneras de rendir culto, hay muchas formas de ser bondadosos y amorosos con todas las criaturas y siempre se recibirá el beneficio de ello.

Pero la mayor de todas las bondades que se puede ofrecer, la mayor compasión que se puede tener, es la compasión por el propio ser, por la propia alma; es hacer la meditación en el Shabda Naam”.

  Fin

 

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