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Tres historias del misticismo
Iraní
El turbante de Nasrudin.
Nasrudin
apareció en la corte con un magnífico turbante, pidiendo dinero para
caridad.
-Has venido a pedirme dinero y, sin embargo, estás usando un adorno
muy caro en tu cabeza. ¿Cuánto te costó esta pieza extraordinaria?
-preguntó el soberano.
-Quinientas monedas de oro -respondió el sabio sufí.
El ministro susurró: "Es mentira. Ningún turbante cuesta esa
fortuna".
Nasrudin insistió:
-No vine aquí sólo para pedir, vine también para hacer negocio.
Pagué tanto dinero por el turbante porque sabía que en el mundo
entero sólo un soberano sería capaz de comprarlo por seiscientas
monedas, para que yo pudiese dar esa ganancia a los pobres.
El sultán, lisonjeado, pagó lo que Nasrudin le pedía. Al salir, el
sabio comentó al ministro:
-Tú puedes conocer muy bien el valor de un turbante, pero soy yo
quien conoce hasta dónde la vanidad puede llevar a un hombre.
Igual al casamiento.
Nasrudin
pasó el otoño entero sembrando y preparando su jardín. Las flores se
abrieron en primavera y Nasrudin reparó en algunos dientes de león,
que él no había plantado.
Nasrudin los arrancó, pero el polen ya se había esparcido y otros
volvieron a crecer. Trató entonces de encontrar un veneno que
afectara solamente a los dientes de león. Un técnico le dijo que
cualquier veneno terminaría matando a las otras flores. Desesperado,
pidió ayuda a un jardinero.
-Es igual que el casamiento -comentó el jardinero. Junto con las
cosas buenas, terminan siempre viniendo algunos pocos
inconvenientes.
- ¿Qué hago? -insistió Nasrudin.
-Nada. Aunque sean flores que tú no pensabas tener, ya forman parte
de tu jardín.
Aceptando la compasión.
-¿Cómo
purificamos al mundo? -preguntó un discípulo.
Ibn al-Husayn respondió:
-Había un sheik en Damasco llamado Abu Musa al-Qumasi. Todos lo
honraban por causa de su sabiduría, pero nadie sabía si era un
hombre bueno. Cierta tarde, un defecto de construcción hizo que se
derrumbase la casa donde el sheik vivía con su mujer. Los vecinos,
desesperados, empezaron a cavar las ruinas, hasta que en cierto
momento consiguieron localizar a la esposa del sheik.
Ella dijo: "Dejadme. Salvad primero a mi marido, que estaba sentado
más o menos allí".
Los vecinos removieron los destrozos en el lugar indicado, y
encontraron al sheik. Este dijo: "Dejadme. Salvad primero a mi
mujer, que estaba acostada más o menos allí".
Cuando alguien actúa como lo hizo esta pareja, está purificando el
mundo entero.
Reflexión.
Del libro El Camino de la Nobleza Sufí:
"Recibe a aquel que te busca, y no corras tras quien te rechaza: así
estarás creando un lazo de armonía con tu semejante".
"Un novicio no debe ser expulsado por causa de sus faltas: él está
haciendo un esfuerzo por mejorar, y esto debe ser apreciado y
honrado por todos".
"Un extraño no debe ser aceptado por causa de sus cualidades. Cuando
vemos a alguien muy ansioso por mostrar cuán bueno y comprensivo es,
necesitamos ponerlo a prueba severamente, porque puede ser que él
haya perdido su humildad. Confía en tu primera impresión, por más
absurda que parezca".
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