Las aventuras de un mendigo...
Historias de Nasrudín
( adaptación de un anónimo persa )
 

   Había   conseguido   un   mendrugo  de  pan, en  el mercado, cuando

llegó a  mis  narices  un aroma a guiso. Me acerqué a la taberna de donde procedía semejante exquisitez.  Me asomé husmeando, y allí, en el centro del comedor se hallaba el objeto de mi deseo. El  fuego  de  unos leños acariciaba con  sus llamas una  gran cacerola, de  la cual emanaban unos suculentos vapores.  En la  sala  sólo  había  un anciano dormitando reclinado en una banqueta y en la cocinilla se encontraba el posadero enfrascado en sus tareas. Me acerqué a la marmita y puse el mendrugo encima de los vapores para que se impregnaran  de tan maravillosos sabores, y sin tardar mucho, me los devoré con tal ansia que casi me atraganto.

Una vez terminado el festín y cuando me disponía a salir el posadero se interpuso entre la puerta y yo y cruzándose de brazos me pidió que le pagara una moneda de plata por haber disfrutado de su comida. Claro yo me puse a protestar, primero por que no tenía con que pagar y segundo que el vapor se iba a perder y no iba yo a desaprovechar la ocasión. Pero mi estimado tabernero se iba irritando cada vez más y levantando la voz despertó al anciano. Este al ver el cariz que iba tomando el asunto le preguntó al posadero que cual era la causa de tanto alboroto. Ambos le expusimos las razones por las que discutíamos. A lo que él, acariciándose la barba, dijo al posadero que no se preocupara que él se iba hacer cargo de mi deuda. Le preguntó cuanto le debía y el otro aprovechándose de la bondad del anciano le pidió mas del doble de lo que valía un plato. El anciano extrajo tres monedas de plata y subiéndose a una mesa las lanzó con fuerza al suelo haciendo que sonaran estrepitosamente. Antes que el posadero intentara agacharse a recoger las monedas, el anciano dando un salto impropio de su edad recogió las monedas del piso y enseñándole las monedas con gesto desafiante, le dijo al posadero:
¿Has escuchado las monedas al caer? ¡Pues si lo has hecho, ya cobraste, por que si querías cobrar por el olor ahora confórmate con el sonido del metal!